
Otro elemento que aparece es la tendencia a integrar un sistema. Las técnicas no viven aisladas; la interacción entre unas y otras es constante e indispensable. Cada nueva elaboración técnica es consecuencia de elaboraciones anteriores más un nuevo pensamiento conceptual, que a su vez parte de pensamientos anteriores, que son fruto de situaciones problemáticas. Esa es la fuerza de la vida: la interrelación e interacción de todo lo que existe. Esa es la fuerza también de la técnica, cuya trama sostiene las finas elaboraciones que conocemos por civilizaciones y culturas. Sin esa trama, sin esa fuerte posibilidad de ensamble, sólo habría manifestaciones o características incoherentes e indefinidas; no habría, por lo tanto, ni civilización ni cultura, pues éstas son resultado de integraciones de sistemas. Un sistema cualquiera que pueda ser expresado siempre en forma matemática, es más flexible, universal y con más esperanzas de vida y de evolución que otro sistema donde predomine el azar. La vida es siempre una estructura. La unidad mayor en la que el hombre vive -el universo- se asemeja cada vez más a una gran “construcción técnica”; es decir, a un sistema o sucesión de sistemas que pueden ser explicados y previstos mediante el cálculo. El organismo humano es de naturaleza biológica, pero de comportamiento técnico. El cálculo, la previsión y la integración en un sistema son tres elementos que llamaremos formales. Falta un cuarto elemento, en el que convergen los tres anteriores y que sintetiza el por qué y el para qué de la técnica. Este cuarto elemento es la función de creación. La técnica es por naturaleza eminentemente crea dora. No hay técnica sin creación; y recíprocamente. El hombre crea la técnica; a su vez, ella recrea al hombre. El sueño último del hombre es comprender la estructura total del Universo, predecir sus cambios, in-fluir en ellos, gobernarlo.
La técnica que el hombre inventa difiere de la “pre-técnica” que encuentra cuando comienza su vida de pos primate. Fruto él de una mutación biológica, su técnica es también fruto de otra mutación, que consiste en convertir a todo en instrumento, y en componer un sistema indefinidamente renovable para el do minio, control y transformación del ambiente, y en consecuencia de la vida. El uso de objetos por parte del animal está muy lejos de poseer estas características, aunque en muchos casos es sorprendentemente ingeniosa. Si por primera vez viéramos un panal, seguramente quedaríamos estupefactos; pero la avispa y la abeja han seguido fabricándolos igual desde mucho antes que los egipcios construyeran sus pirámides, los griegos el Partenón y los romanos sus carreteras y acueductos; han seguido fabricándolos igual mientras la vivienda del hombre iba pasando del techo de ramas al rascacielos, y su ropa, del cuero crudo al nylon. Pero, aunque la inteligencia animal está lejos de ser como la del hombre, no deja de ser inteligencia. De otro modo no se explicaría la del hombre, cuya ascendencia animal es notoria y cada vez más demostrable.
Kenneth P. Oakley, del Museo Británico de Historia Natural, cita al caso notable de una avispa solitaria de los Estados Unidos. Cuando la hembra va a desovar, excava un túnel oblicuo en el suelo; caza a un gusano; lo paraliza; lo coloca en su cueva; pone sus huevos sobre él y cierra provisionalmente el nido con piedras. Tan pronto como encuentra otro gusano re-abre el nido y repite el proceso. Cuando el nido está repleto borra toda señal de remoción de la tierra. La manera de proceder en cuanto a este camuflaje varía algo de avispa a avispa. Se ha observado a una de estas avispas, después de haber llenado el cuello del túnel con tierra, traer una cierta cantidad de granos de arena hasta el lugar; tomar un guijarro entre sus mandíbulas, usarlo a modo de martillo y machacar, a fin de dejar la superficie del lugar tan dura y firme como la de los alrededores; repitiendo este proceso hasta hacer desaparecer todo rastro de nido. En tanto que el lugar del nido mostraba señales de haber sido tocado, la avispa a que aludimos, instintivamente, procuraba borrar esa señal. Se sabe de algún individuo de otras especies del mismo género, que usan el guijarro para fines idénticos. Pero su uso como martillo es sólo ocasional, y requiere un contorno particular; lo que prueba la influencia de las condiciones ambientales. Otro caso del uso de la herramienta entre los animales es el de la nutria marina, que para comer moluscos quiebra la concha dura de éstos contra un yunque de piedra. Edna Fisher estudió en las costas de California a una camada de nutrias que gustan como bocado exquisito de un marisco pequeño, pero de cascarón muy duro. Lo traen a la superficie junto con una laja de roca de 15 ó 20 centímetros de diámetro. Volviéndose sobre su lomo, panza arriba, la nutria coloca sobre su pecho y sosteniendo la concha del marisco con sus garras delanteras, la golpea repetidamente contra la piedra, mientras nada con rapidez al impulso de sus patas traseras.
¿Podría llamarse tareas “pre-técnicas” a las descriptas? Podría llamársele; como puede llamarse inteligencia animal a la función de su sistema nervioso que lo habilita para el aprendizaje y la experiencia. De otra manera sería incomprensible la evolución de los instintos. No todo es instintivo en los animales, aunque sí lo es mucho más que en el hombre. En los animales el instinto es su fuerza principal; y no parece que esto varíe con el tiempo, pues casi no ha variado desde hace millones y hasta billones de años. En el hombre en cambio, ocurre lo contrario; su mundo instintivo está. a ojos vista, disminuyendo; se está haciendo más débil. Pero aun suponiendo que considerado en sí mismo ese mundo instintivo no hubiera disminuido en importancia, sí ha disminuido grandemente comparándolo con el de su inteligencia; y corre el riesgo de significar muy poco.



