
El proceso creciente de la estatificación y nacionalización de la enseñanza plantea varios problemas: En primer lugar, el de los Estados federales, que deben conservar la dirección y régimen de la enseñanza primaria y secundaria, con autonomía económica y pedagógica, pero con el apoyo del Estado nacional y el control correspondiente a este apoyo. En segundo lugar, la educación estatal provincial tiene que dejar un margen de libertad y autonomía a los organismos locales, como se ha dicho, para acomodarse a las necesidades inmediatas.
En tercer lugar, la enseñanza provincial y lo-cal ha de tener un sentido nacional, respondiendo al espíritu histórico de la nacionalidad. Finalmente, sobre este espíritu nacional hay que desarrollar una orientación de colaboración y comprensión internacional, como miembros de la humanidad. Esto requiere la revisión de los programas y obras escolares, de manera que se impida el nacionalismo agresivo con respecto a los demás países y una labor de entendimiento y relación con ellos, por medio de viajes, instituciones internacionales, etc. Una solución posible sería la fundación de sociedades internacionales de alumnos y maestros, al modo de los boy scouts, sin carácter premilitar ni profesional. Como, asimismo, la difusión y estudio de los problemas internacionales en las escuelas, en sus diversos aspectos económicos, sociales, políticos, etcétera.
Magisterio y Profesorado
Lo decisivo en la educación no son los reglamentos, los programas, el material didáctico, las instalaciones, etcétera. Lo decisivo es el personal docente, el educador.
Durante siglos, la preparación del magisterio ha estado confiada a los maestros mismos, mediante trabajando aquéllos en las escuelas de éstos.
Un progreso sobre este sistema supuso, durante el siglo último, la formación en escuelas especiales las escuelas normales- que respondieron a las condiciones culturales y pedagógicas de la época de su creación, v han cumplido su función adecuadamente, y en ocasiones hasta espléndidamente. Pero las escuelas normales resultan hoy insuficientes por el nivel elemental de su enseñanza, por su obligado enciclopedismo al dar a un mismo tiempo la cultura general y la formación profesional, y por su carácter cerrado de callejón sin salida.
En la actualidad, la tendencia general en todas partes es llevar la formación de los maestros a los centros de mayor altura científica y cultural, a las universidades o instituciones de carácter universitario. Esta tendencia tiene una doble justificación: de una parte, las crecientes exigencias hechas a la acción educativa, que supone un conocimiento cada vez más profundo de las materias que le sirven de base; de otra, las aspiraciones de los maestros mismos a que sus estudios y su función tengan igual consideración social que las de otras profesiones liberales. Además, existe ya un anticipo de esta formación universitaria en la que reciben en casi todas partes los profesores de la enseñanza secundaria, que no tiene mayor justificación que las de los profesores de la enseñanza primaria, a no ser la puramente histórica, pero no la que nace de la función misma, que en todo caso es más delicada y difícil en la educación primaria.
En suma, en nuestra época se aspira a una formación que supone una cultura general en la escuela secundaria completa y una especial pedagógica, adaptada a las diversas modalidades educativas, desde el jardín de infantes a la universidad. Tanto como la cantidad de escuelas, y aun más que ellas, en todo sistema de educación pública es necesaria su calidad, su rendimiento de trabajo. Y para ello es necesario contar con educadores adecuados. Ahora bien, en el educador lo esencial es su preparación profesional. Su trabajo depende sobre todo de su preparación pedagógica. Pero tan importante como su preparación es su labor en la escuela, una vez terminada aquélla. Por su aislamiento, el educador está expuesto a que su preparación y su técnica profesional se estacionen y anquilosen.
Para evitar este peligro es necesario que el educador reciba periódicamente influencias o estímulos culturales y pedagógicos de orden superior, que se ponga en contacto con profesionales destacados, que asista a los trabajos y clases prácticas de las mejores escuelas y que viva durante cierto tiempo en un medio cultural más elevado. Por ello se han organizado cursos periódicos de perfeccionamiento para los educadores, en los que, al mismo tiempo que se aumenta su preparación, se identifican con las nuevas condiciones culturales.
Los educadores deben seleccionarse sobre la base de sus aptitudes y su vocación. De ahí la necesidad de un período de prácticas y de nombramientos provisionales, antes de hacer los nombramientos definitivos. Conveniencia de empezar por escuelas rurales. Conveniencia, asimismo, de que los profesores secundarios practiquen antes en escuelas primarias.
La retribución del personal docente ha de equipararse con las demás profesiones liberales: médicos, abogados, ingenieros, funcionarios, etc., ya que se tendría una preparación equivalente y un trabajo no menor en calidad y cantidad que el de aquéllos. Asimismo, equiparación de la retribución de los diversos miembros del personal docente: primarios, secundarios y universitarios. Difiriendo únicamente por la calidad del trabajo. Finalmente, equiparación en el status social, lo que se obtendría, automáticamente, por la preparación universitaria recibida.



