
Las instituciones escolares ordinarias no agotan toda la acción educativa. Más allá de ellas y junto a ellas está la educación social y cultural de los adultos que no han recibido ni reciben una educación regular, pero que quieren y deben recibirla. Esto plantea el problema de la educación de adultos, que no hay que confundir con la meramente destinada a desterrar el analfabetismo.
Esa educación de adultos comprende varios problemas:
- La educación superior de aquellos que, sin haber seguido una enseñanza secundaria, tienen aspiraciones y condiciones para recibir la enseñanza universitaria y técnica superior. Es decir, el acceso a estas enseñanzas de obreros y empleados capacitados. Esto supone ciertas medidas para realizar una selección acertada de los aspirantes que reúnan las condiciones necesarias para ella.
- La educación de adultos mediante la organización de cursos monográficos de carácter cultural y técnico, a cargo de profesores universitarios y con la colaboración de las organizaciones profesionales y sindicales, a cuyos miembros se dirige. Estos cursos son realmente de carácter universitario y de ampliación e investigación y pueden comprender dos o tres años de estudio sobre temas concretos de la realidad social, técnica, económica, etcétera.
- La educación social popular, llamada ex-tensión universitaria, tal como se viene practicando hace años en todos los países, y que se dirige a la divulgación y popularización de la cultura. En esta labor, intervienen los estudiantes y los demás miembros del personal docente que no son universitarios.
- La educación social propiamente dicha, que comprende organizaciones del tipo de la llamada educación fundamental, las misiones pedagógicas y culturales, los settlements o fundaciones sociales, todas las cuales se dirigen a elevar el nivel de vida y de cultura de los grupos humanos, urbanos y rurales, y que por tanto se refieren a la vida económica, sanitaria, técnica, agrícola, etc., incluyendo también las manifestaciones culturales: música, teatro, bibliotecas, radio, cine, etc.
Todo con cierto carácter misional, de entrega a un trabajo duro y penoso, como un deber hacia la sociedad.5. Las comunidades de vida y educación centradas en torno de las instituciones escolares, haciendo de ellas auténticas unidades de cultura, con la participación de las familias y profesionales próximos, con reuniones, conferencias, asistencia médica, etc.; todo ello en forma espontánea y dirigida por los miembros del personal docente respectivo.
Esto nos lleva al problema de la relación de la escuela con la sociedad, con los organismos locales y provinciales, y al problema de su relación con las autoridades estatales. La escuela en todos sus grados debe ser, en efecto, un órgano autónomo, con vida propia, y eludir que sea sólo una pieza de la máquina administrativa. Para ello se necesitan ciertas condiciones, a fin de evitar la intromisión de la política en sus diversas manifestaciones. Pero no debe impedirse la libertad de acción de elementos sociales y profesionales para organizar la asistencia a la enseñanza. La escuela, todas las escuelas, han de tener autonomía, por medio de asociaciones de padres y maestros, de clubes sociales, etc., dentro del régimen general escolar.



