Educación Social y Local

Las instituciones escolares ordinarias no agotan toda la acción educativa. Más allá de ellas y junto a ellas está la educación social y cultural de los adultos que no han recibido ni reciben una educación regular, pero que quieren y deben recibirla. Esto plantea el problema de la educación de adultos, que no hay que confundir con la meramente destinada a desterrar el analfabetismo.

Esa educación de adultos comprende varios problemas:

  1. La educación superior de aquellos que, sin haber seguido una enseñanza secundaria, tienen aspiraciones y condiciones para recibir la enseñanza universitaria y técnica superior. Es decir, el acceso a estas enseñanzas de obreros y empleados capacitados. Esto supone ciertas medidas para realizar una selección acertada de los aspirantes que reúnan las condiciones necesarias para ella. 
  2. La educación de adultos mediante la organización de cursos monográficos de carácter cultural y técnico, a cargo de profesores universitarios y con la colaboración de las organizaciones profesionales y sindicales, a cuyos miembros se dirige. Estos cursos son realmente de carácter universitario y de ampliación e investigación y pueden comprender dos o tres años de estudio sobre temas concretos de la realidad social, técnica, económica, etcétera.
  3. La educación social popular, llamada ex-tensión universitaria, tal como se viene practicando hace años en todos los países, y que se dirige a la divulgación y popularización de la cultura. En esta labor, intervienen los estudiantes y los demás miembros del personal docente que no son universitarios.
  4. La educación social propiamente dicha, que comprende organizaciones del tipo de la llamada educación fundamental, las misiones pedagógicas y culturales, los settlements o fundaciones sociales, todas las cuales se dirigen a elevar el nivel de vida y de cultura de los grupos humanos, urbanos y rurales, y que por tanto se refieren a la vida económica, sanitaria, técnica, agrícola, etc., incluyendo también las manifestaciones culturales: música, teatro, bibliotecas, radio, cine, etc. 

Todo con cierto carácter misional, de entrega a un trabajo duro y penoso, como un deber hacia la sociedad.5. Las comunidades de vida y educación centradas en torno de las instituciones escolares, haciendo de ellas auténticas unidades de cultura, con la participación de las familias y profesionales próximos, con reuniones, conferencias, asistencia médica, etc.; todo ello en forma espontánea y dirigida por los miembros del personal docente respectivo.

Esto nos lleva al problema de la relación de la escuela con la sociedad, con los organismos locales y provinciales, y al problema de su relación con las autoridades estatales. La escuela en todos sus grados debe ser, en efecto, un órgano autónomo, con vida propia, y eludir que sea sólo una pieza de la máquina administrativa. Para ello se necesitan ciertas condiciones, a fin de evitar la intromisión de la política en sus diversas manifestaciones. Pero no debe impedirse la libertad de acción de elementos sociales y profesionales para organizar la asistencia a la enseñanza. La escuela, todas las escuelas, han de tener autonomía, por medio de asociaciones de padres y maestros, de clubes sociales, etc., dentro del régimen general escolar.

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