
La escuela es, asimismo, el lugar donde el niño aprende a vivir con autonomía. Allí se produce su primer contacto con el mundo exterior, es decir, con un ambiente que no es el del hogar. Allí empiezan sus relaciones ajenas a la familia y surgen sus primeras preocupaciones. La escuela le despierta inquietudes propias, que él solo puede y debe resolver. Su vida individual comienza a desarrollarse en el ambiente escolar.
De ahí que la enseñanza moderna se preocupe de orientar al niño, desde el mismo instante en que empieza su vida personal de relación, en aquellos aspectos que pueden decidir la conducta del estudiante con respecto a sus compañeros y amigos escolares. Para ello fomenta la cooperación, la ayuda mutua y el intercambio de ideas entre los educandos. La práctica de juegos deportivos, así como el trabajo de instrucción en equipo, contribuye a ese fin, lo mismo que la formación de agrupaciones escolares, como los clubes de deportes, de excursionismo, de representaciones artísticas, de entretenimientos coleccionistas, etc. Algunas escuelas practican otros muchos sistemas de relación estudiantil, como el cine escolar, audiciones de radio de carácter educativo, periódico e imprenta escolares, bibliotecas, concursos, teatros de títeres, etcétera.
En estas asociaciones el elemento esencial y decisivo es el alumno. El maestro limita su acción a una discreta supervisión, para evitar errores o abusos; pero deja a los estudiantes que se organicen, elijan sus autoridades entre ellos mismos, redacten sus reglamentos, etc. De esta manera los niños adquieren conciencia de sus deberes y derechos sociales, y de su responsabilidad individual.
También se suele prolongar la acción social de la escuela con la formación de sociedades de ex alumnos, cuya relación con los nuevos estudiantes es un paso más en beneficio de la educación juvenil.
Los Contenidos de la Educación Intelectual
Frente a la cantidad de contenidos educativos se afirma, en la actualidad, la necesidad de depurarlos y de seleccionarlos basándose en un estricto criterio pedagógico. Según Arno Schmieder, pedagogo alemán contemporáneo, la selección debe responder a tres principios: “principio material’, que obliga a considerar su valor propio, que determinará que merezcan o no ser asimilados; “principio de la personalidad”, que obliga a elegirlos de acuerdo con la influencia que tengan en el fomento de la personalidad, y “principio del trabajo”, que incita a preferir aquellas materias que conduzcan al educando a crear o trabajar para la comunidad. Otros pedagogos opinan que la selección de los contenidos de la educación intelectual debe hacerse atendiendo principalmente al educando y, por eso, como signo revelador del valor del contenido, señalan el interés que despierte en el mismo.



