NUEVOS CONCEPTOS PSICOLÓGICOS Y PEDAGÓGICOS

  1. a) Las nuevas orientaciones en psicología provocaron ese sacudimiento íntimo de los cimientos tradicionales: La psicología general en oposición a la psicología asociacionista de antaño y apoyada en los conocimientos de la psicología de los impulsos y de la voluntad, concibe el alma humana como principio actico, como un centro de energías individual de un dinamismo particular. La nueva psicología evolutiva e infantil nos muestra al niño como un ser activo y vital que, dentro de su ámbito de vida, participa y se interesa con mil preguntas por el mundo circundante. El niño natural, no distorsionado, no es un ser meramente receptivo, quieto; haciendo e investigando trata de construirse su mundo.
  2. b) Ese sacudimiento de la psicología tradicional debía ocasionar necesariamente una nueva actitud pedagógica y didáctica: la formación ya no puede consistir en que el alma y el espíritu “sufran” una modulación por la enseñanza; formar significa despertar energías movilizar facultades, darles lugar para que puedan ejercitarse. La formación ya no se le puede imprimir al individuo “como el sello a la cera”, pues toda formación auténtica es autoformación. Sólo en una activa participación del niño en los contenidos formativos se funda el auténtico éxito de la formación. Por eso debe darse lugar a la actividad y espontaneidad del niño en la enseñanza. “La escuela del futuro será escuela activa”, era el lema del famoso discurso de Georg Kerschensteiner pronunciado en 1908, en Zurich, en oportunidad de un homenaje a Pestalozzi, y que dio impulso al movimiento de la escuela activa. Por cierto, este llamado no habría encontrado tanto eco en el mundo pedagógico si las ideas de Kerschensteiner no hubiesen expresado en aquel entonces los deseos y aspiraciones secretas de muchos maestros.

PUNTOS DE PARTIDA PRÁCTICOS PARA UNA PEDAGOGÍA ACTIVA

Por falta de espacio tenemos que prescindir de exponer aquí la pedagogía de la escuela activa en toda su envergadura que debería señalarse sobre todo en las distintas orientaciones del movimiento:

  1. a) la escuela de actividad manual y creación de obra de Georg Kerschensteiner,
  2. b) la escuela del libre trabajo espiritual de Hugo Gaudig y su círculo de Leipzig (Scheibner, L. Müller y otros),
  3. c) la escuela de educación ética para la acción (F. W. Förster,M.Weigl),
  4. d) la escuela de producción económica (Liga de reformadores decididos de la escuela: P. Österreich, Karsen y otros, y algunos pedagogos rusos, tales como Pavlov, Blonski y otros).

En cambio, planteamos la cuestión de los puntos de partida concretos para despertar y promover la actividad del alumno, aceptados en el pasado y en el presente casi unánimemente a pesar de todas las diferencias de circunstancias, condiciones exteriores y opiniones.

Podríamos distinguir entre la escuela activa “plena” y la “restringida”. La primera hace del principio de actividad el fundamento determinante de la labor escolar y pedagógica en sí, la segunda introduce, a menudo en condiciones exteriores dificultadas y conservando el antiguo sistema didáctico, algunas nuevas posibilidades para la colaboración de los alumnos en la enseñanza tradicional, la cual recibe de este modo nuevos impulsos.

  1. a) Valor de limitar el material

La escuela activa plena tiende en primer lugar a limitar el material temático porque la aspiración a la integridad temática, “la manía de integridad” de una época pasada no concuerda con los objetivos de la enseñanza activa. Por eso es necesario el valor de limitar el material, y también el valor de admitir algunas temáticas en favor de la ejercitación de las fuerzas del niño, de una penetración más profunda en materias menos numerosas, pero más vinculadas a la vida, en favor de una unión más íntima del contenido temático con las vivencias del trabajo del niño: placer en la creación de la obra, satisfacción por la obra hecha por uno mismo, la vivencia de la conciencia de crecimiento, la vivencia de las leyes de la materia y del autocontrol en la propia obra.

  1. b) Nuevos métodos

Los viejos pasos formales intelectualistas deben sustituirse por pasos o grados de trabajo naturales, correspondientes al proceso del trabajo humano:

Según Scheibner es preciso que el alumno

  1. se decida a trabajar por su propia y libre iniciativa,
  2. investigue los problemas movidos por el deseo de conocer,

3 establezca los temas por libre elección, supeditada únicamente a la cosa.

  1. reflexione sobre el desarrollo del trabajo,
  2. persiga la meta con el libre desenvolvimiento de su actividad por encima de todos los obstáculos,

6 integre en correlaciones sistemáticas los resultados de su trabajo, y plantee nuevos interrogantes sobre la base del nuevo punto de vista. En estos “grados de trabajo”: establecer el plan de trabajo elegir los medios planificar el desarrollo del trabajo ejecutar las operaciones aprehender, asegurar y valorar (aprovechar) los resultados, tenemos una conformación metódica enteramente nueva de]desarrollo de la enseñanza. Esos grados no sólo se extienden más allá del viejo esquema de lecciones, sino que también son novedosos en cuanto los alumnos participan ahora en el planeamiento del trabajo. Son llamados para buscar caminos y métodos, para elegir y utilizar los medios de trabajo y las fuentes de conocimientos. Ex puesta la tarea y planteado el problema, ahora las preguntas se formulan al comienzo de la clase: ¿Cómo procederemos donde están las fuentes de investigación? ¿Cómo proseguiremos?  qué otras posibilidades habría? Y el trazado en común del camino a seguir confiere al desarrollo ulterior de la enseñanza (si bien conviene fijarlo en el pizarrón) un firme “andamiaje” mental, provoca y conserva la tensión y el interés mucho más que si sólo el maestro determina, como hasta ahora, los pasos didácticos. También la ejecución del trabajo, vale decir, de las distintas operaciones prefijadas, ha de hacerse en la forma más independiente que sea posible. Naturalmente el maestro intervendrá, ayudando, aconsejando y estimulando, pero sólo prestará “ayuda para la autoayuda”. El alumno mismo debe tratar de vencer las dificultades con sus medios de trabajo, por sí solo, debe aprender a bastarse a sí mismo, debe luchar con Ia materia, errar el camino y sufrir derrotas, pues también en esto reside el valor formativo de esos métodos, en que no todas las piedras se le quitan del camino de antemano.

 

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