LOS PRINCIPIOS DIDACTICOS

¿Cuáles son los principios más importantes de nuestra labor escolar?

La serie de principios didácticos puede concebirse en forma amplia o limitada. En el primer caso, todos los factores metódicos y psicológicos, exigencias pedagógicas y teórico-formativas y hasta las necesidades de organización y técnico-escolares, pueden elevarse a “principios”. (Ejemplo: requisitos higiénicos, sanitarios, específicos de las materias, ideológicos, sociales, etc.) A ellos se agregan los nuevos conceptos de la reforma escolar que, desde un punto de vista nuevo del acontecer pedagógico, quieren dar en cada caso la preferencia a un determinado principio. (Ejemplo: principio de totalidad, principio de vivencia, principio social y de comunidad, principio de patria, etc.) De ninguna manera ponemos en duda la razón de ser de estos nuevos principios didácticos. A nuestro entender, la continuación de la reforma escolar sólo es posible si esas nuevas ideas entran cada vez más en nuestras escuelas. Expondremos en otro lugar esos novedosos principios pedagógicos.

En este sitio nos limitaremos a cinco principios universalmente reconocidos, sabiendo perfectamente que la nómina es incompleta. Sin embargo, los siguientes principios didácticos involucran al mismo tiempo las principales categorías de apreciación de una buena enseñanza. Difícilmente podrá imaginarse una enseñanza fructífera que, considerada en su totalidad y en el tiempo, pueda pasar por alto uno de los siguientes principios: Cada uno de los principios indicados tiene su raíz histórica y espiritual en otra época del pensamiento pedagógico. Son los resultados de una actitud espiritual determinada por el sentimiento de una época y de la vida o dicho en forma más precisa: cada nuevo principio surgió de un cambio espiritual en cl espacio pedagógico. Do esta manera, simplificando los conceptuosa cada principio pueden conectarse unas formas escolares “anticuadas” como “adversas”, las cuales por su completa diversidad, han provocado, por decirlo así, el principio contrario:

¿EL PRIMER MANDAMIENTO?

Parece comprensible que también dentro de la serie de principios didáctico se establezca un orden de categorías en cuanto a su importancia para nuestra escuela actual, o sea que se destaque el “primer mandamiento” entre todos los mandamientos, por decirlo así. Por plausible que sea semejante proceder, ya que puede apoyarse en el genuino deseo de decirle a la escuela lo que, hoy en día, es lo más importante lo que, por ejemplo, el maestro joven tiene que tener en cuenta especialmente en su labor didáctica cotidiana, también se comprenderá, por otra parte, que semejante orden de categorías puede establecerse únicamente en virtud de amplias y extensas determinaciones pedagógicas, de la interpretación de nuestra <situación espiritual y sus necesidades de formación cultural, pero de ningún manera de acuerdo con puntos de vista exclusivamente didáctico metódicos. 

Si tratamos de establecer desde ya cierto orden valorativo, cabe señalar lo siguiente: entre los principios didácticos citados hay algunos que desde hace mucho entre las condiciones imprescindibles de toda labor educa uva que ya nadie discuto (por ejemplo, el principio de intuición o visualización). mientras que otros, aunque en el fondo igualmente universales, todavía tienen que admira a veces una interpretación particular caprichosa. Así, por ejemplo, d principio de actividad y sobre todo el de realismo. Si precisamente este último es considerado en el presente por muchos como el “primer mandamiento” para la labor escolar y educativa actual y estamos dispuestos a consentir íntimamente con esta primera exigencia de realismo y relación con la vida en nuestra enseñanza entonces resulta de ello, el deber de meditar sobre este principio de realismo en todos sus detalles y consecuencias.

Una condición imprescindible de una genuina labor formativa es, como ya lo subrayamos antes, el establecimiento de la relación entre el niño y la materia didáctica, el encuentro a producir por el método, entre un sujeto descoso, interrogante, ¿interesado y un objeto de formación hecho problemático en el mejor sentido de la palabra.

Dentro de una selección de material, regulada por semejantes reflexiones, que en primer lugar ve al niño en su situación de formación, que pregunta por el realismo y el contenido significativo de los textos objetivados, y que trata de despertar en el alumno esos valores formativos inmanentes, creamos en nuestra enseñanza el lugar para la tan necesaria educación formal. El valor de una ejercitación de las fuerzas bien comprendida es grande e innegable. En una época en que la formación genuina queda a la zaga de la tras-misión de material, más aún, está en peligro de asfixiarse, lo es tanto más cuanto que la mera trasmisión de saber ya se considera como formación. Esto, sin embargo, no quiere decir que la educación formal pueda concebirse como una tarea especial o como el objetivo principal aislado. Sólo si esa ejercitación funcional se lleva a cabo en relación con las cualidades axiológicas de bienes culturales, elegidos y típicos. Surge lo que llamamos formación auténtica por la enseñanza. Entonces cumplimos también con la “universalidad” de los bienes culturales y la “totalidad” de las funciones psíquicas.

Así nuestro problema desemboca finalmente en la pregunta general por el proceso formatico didáctico en sí: cuándo ý en qué condiciones se produce cultura, más allá de la mera trasmisión de material, vale decir, efectos formativos que duren, que se pongan de relieve también en funciones formales, ¿una forma de ser culto que cobre vida y función, un saber listo para ser utilizado y que aspire a ser ampliado, útil y disponible en la vida y en el cual puedan apoyarse también las fuerzas formales? En lo especial, empero, la solución de nuestro problema reside en la cuestión del aprendizaje ejemplar, eso es, en un aprendizaje capaz de ofrecer por medio de contenidos formativos esenciales, con carácter típico de modelos, y que puedan representar, por decirlo así una gran cantidad de casos similares posibilidades para la ejercitación de funciones formales. Sólo en esta dirección, insinuada aquí en forma general y provisoria, puede hallarse la síntesis entre las finalidades, sólo en apariencia tan opuestas de la enseñanza material y la formal.

 

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