
Desde hace mucho, el principio de “realismo” (aproximación a la vida) se considera como un mandamiento importante y es para muchos maestros, con cierta razón, el precepto más noble de la didáctica moderna. “;Non scholae, sed vitae discamos!” “No para la escuela. ¡Sino para la vida aprendemos!”, este lema se podía leer sobre los portales de muchas escuelas alemanas, aunque frecuentemente tan sólo como un adorno exterior, mientras que, en el interior, el desarrollo uniforme del día escolar obedecía a otras leyes. qué quiere decir este principio? Tal como ya lo hemos expuesto en otro lugar la escuela y la vida no son idénticas ni deben serlo. La escuela no puede ser, ya de por sí, la vida. ¿Pues, den qué quedarían, con semejante abandono a la corriente de la vida, la necesaria tranquilidad del trabajo sujeto a sus propias leyes, la armonía del planeamiento didáctico, la promoción sistemática del crecimiento infantil? La escuela, como la vida, tiene también sus propias leyes El “estar abierto” a las exigencias de la vida no puede significar. Pues que el cumplimiento de las mismas, ya por sí solo, llegue a ser el principio didáctico por antonomasia, por cautivantes que suenen semejantes postulados de algunos reformadores. Tiene toda la razón Humboldt cuando afirma: “A quien queremos introducir en la vida, primero tenemos que introducirle en la escuela”. Por eso, nuestro principio no se refiere a la vida en la escuela, en sí, sino que se refiere al realismo en sentido de “cercanía” respecto de la vida y “relación “con la vida dentro de nuestra enseñanza.
¿QUÉ ES ENSEÑANZA REALISTA?
Por convincente que parezca, a primera vista, el principio de realismo en la enseñanza, miradas más detenidamente son muy diversas y heterogéneas las concepciones concernientes a esa “vida “con la cual hemos de “relacionarnos”, “cerca” de la cual debemos quedar.
“Es viejísima la sentencia de que la escuela debe educar para la vida. Está elegida tan prudentemente que nadie hará ninguna objeción porque por vida cada cual puede entender lo que quiera”.
- a) qué comprendemos por la “vida” a la cual la escuela debe servir? Cabe señalar dos orientaciones:
- Una comprende la formación realista en el sentido del pragmatismo y se refiere primordialmente a la consideración de todas las exigencias económicas y prácticas: la escuela y la enseñanza tienen que hacer al alumno, en primer lugar, “apto para la vida”, para que pueda defenderse en la dura lucha de la vida económica y profesional, para que siempre “flote en la superficie” de esa corriente, por decirlo así. En esta exigencia, sostenida hoy ampliamente por la pedagogía norteamericana y que, sin duda, vive también en las cabezas de muchos padres de orientación meramente económica y práctica, se halla la limitación exclusiva a lo económicamente istil explotable y aprovechable. Toda formación que vaya más allá se rechaza como un “lujo” innecesario que, en nuestra época de violenta lucha por la existencia, no podemos ya permitirnos, ni como pueblos, ni como individuos.
- La otra orientación que corresponde más al pensamiento pedagógico alemán busca, en cambio, una formación de todas las fases y de todas las energías del ser joven. El ideal del hombre plenamente apto para la vida incluye entonces también su preparación para otros valores, no económicos: para lo humanitario, lo universal, para la totalidad de las fuerzas, en fin, la formación íntegramente armoniosa que no puede prescindir de lo ético, social y artístico, porque tampoco el hombre actual puede existir sin esos valores.
- b) La posición actual
qué actitud adoptaremos, hoy en día, dentro del ámbito de la escuela primaria?
Seguramente no volveremos a caer en el error de la escuela de una época pasada, en la cual hasta en la escuela primaria, lugar de formación del hombre preeminentemente práctico, se despreciaba el cultivo de lo útil en sí.
En una retrospección histórica, señala cómo, durante mucho tiempo, la pedagogía del siglo xix se defendía contra la imputación de considerar lo prácticamente útil en las llamadas escuelas de formación general: “El horror utilitario se originaba en la reforma escolar de Humboldt, es decir, en el idealismo alemán. Ese movimiento quería fomentar ante todo la dignidad ética del hombre y liberar a la clase burguesa de la mezquindad del espíritu mercantil…Pero de esto no se sigue de manera alguna que todo lo útil debería proscribirse de la vida. Sería una idea insensata. Goethe, Fichte, Pestalozzi, Schleiermacher no tenían reparos en conceder a los bienes de conservación de la vida y de la manutención exterior de la misma el lugar que les corresponde. La máxima del anciano Goethe: “De lo útil a través de la verdad a lo hermoso” ha de tomarse absolutamente en serio… Pestalozzi, en sus comienzos, quería ser conscientemente el pedagogo de la era industria que se iba acercando”.


