
El hombre vive en un mundo de objetos. Ya se trate de las cosas materiales que juntamente con el resto de los seres vivos forman el mundo de la realidad empírica, como de los entes ideales o imaginarios que el mismo hombre crea, entendemos por objetos todo el conglomerado de lo que puede ser captado por la conciencia de un sujeto. En este amplio sentido, un hombre, un niño, una casa, una ciudad, el cielo, San Martin, la Revolución Francesa o una ecuación, son idénticamente objetos en tanto todos ellos pueden presentarse alguna vez a la conciencia. Una de las formas que la conciencia humana adopta frente a los objetos es la de referirse a ellos para conocerlos, para saber lo que son y cómo son y, en definitiva, para elaborar sobre sus datos nuevos objetos intelectuales que configuran el mundo de la cultura.
En este amplio campo de la referencia a objetos, que constituye lo que tradicionalmente se ha llamado en psicología la vida intelectual, la conciencia puede realizar esa referencia de distintas maneras. Por un lado, mediante ciertos actos psíquicos, los objetos singulares pueden ser aprehendidos o representados. Estos actos psíquicos por los cuales la mente apunta hacia los objetos, sólo tienen por finalidad el tomar nota de algo sin aventurarse a enjuiciarlo. Por eso la aprehensión es una operación enteramente neutral y representativa. Pero los objetos pueden ser también pensados, es decir, que la conciencia puede hacer referencia a ellos mediante un proceso mental de abstracción y generalización que se funda en una conciencia de las relaciones que se pueden dar en los mismos. Este proceso del pensar permite considerar los objetos como estructuras ideales. En efecto, al tener la representación de un objeto cualquiera, una silla, por ejemplo, el hombre no se limita a tomar conciencia de los datos sensibles que posee; también descubre que esa silla está más cerca de él que otros objetos; que es más grande que otra silla que observa en los alrededores, y a esta conclusión llega luego de comparar la situación y el tamaño del objeto representado frente a la situación y el tamaño de otros objetos. Esta operación intelectual ha creado la conciencia de que en el objeto se dan ciertas relaciones respecto de otros objetos, relaciones que no forman parte de los datos sensibles que constituyen nuestra imagen de la silla, pero que existen sin duda alguna y que son tan reales como lo es la silla misma.
La aprehensión de estas relaciones permite que la mente realice los procesos psíquicos de abstracción y generalización que son los que, en definitiva, distinguen lo que por un lado es la imagen sensible de un objeto singular, de lo que es el pensamiento de una estructura ideal de los objetos. Resulta, así, que pensamientos son todas aquellas estructuras ideales a las que apunta la mente en el acto de pensar. Estas estructuras son independientes del acto mismo que las piensa, ya que están fuera de la vida psíquica. El acto de pensar transcurre en el tiempo, tiene un comienzo y un fin; los pensamientos a los que cada acto apunta, son, en cambio, siempre idénticos, no varían ni transcurren porque son intemporales. El pensar, como una actividad de la mente, es estudiado por la psicología. El pensamiento, en cambio, es estudiado por la lógica. En el acto de pensar, se piensan pensamientos. Esto es, estructuras, formas, y estas formas se refieren a su vez a objetos, que constituyen contenido de los pensamientos. En todo pensamiento se puede distinguir un contenido, es decir, el objeto a que el pensamiento apunta, y una forma, que es el pensamiento mismo como estructura. La lógica es la ciencia que estudia estas estructuras como tales, es decir, es el “pensar acerca de los pensamientos”. Puede ser definida entonces como la ciencia que estudia la forma de los pensamientos”, la ciencia de la estructura de los pensamientos”, o, simplemente, como la ciencia de los pensamientos”. La lógica se ocupa fundamentalmente de las tres formas que adopta el pensamiento, el concepto, el juicio y el razonamiento, que son, en definitiva, las formas a las que apuntan otros tres actos psíquicos que son las distintas maneras del acto de pensar, el conceptuar, el fuzgar y el razonar. Los pensamientos se expresan a través de un lenguaje; más corrientemente, el lenguaje natural.
En efecto, cuando se dice: El aluminio es un elemento nativo se están expresando pensamientos.
Para ello se utiliza cualquier sistema de signos, ya sean los lingüísticos o los matemáticos, que se han empleado en este caso, como cualesquiera otros. Los símbolos de un código de señales, de un sistema de lógica, de un método de notación química, pueden ser igualmente aptos para la expresión de los pensamientos. Paralelamente, cada uno de estos pensamientos se refiere de alguna manera a otros tantos objetos que son sus “correlatos intencionales”, es decir, aquello a lo cual cada pensamiento apunta.



