
Finalmente se impone la urgente pregunta: ¿aquella gran vida que un día rodeará al egresado de la escuela primaria y para la cual debemos prepararle, des idéntica a la vida actual deI niño? ¿No tiene el niño, en su nivel, una visión del mundo completamente diversa, no se acerca, dentro de su “mundo propio” individual, con otras vivencias a las cosas y hechos, de tal manera que para él los mismos fenómenos actuales de nuestra realidad significan otra cosa, se ven y experimentan con otras correlaciones significativas? ¿Entonces, podemos referirnos a la vida, sin más, y cómo quedar “cerca” de ella? Sin duda, se eleva aquí una exigencia trascendental para nuestra enseñanza elemental, se llama una y otra vez la atención acerca de la necesidad de conservar esos “mundos propios” en el proceso formativo del niño. La enseñanza elemental no debe objetivar unilateralmente, siempre tiene que subjetivar al mismo tiempo.es decir “acercar”27, lo cual significa introducir la materia didáctica en el mundo propio del niño o por lo menos, como ya lo señalamos conservar y revivir una y otra vez aquella relación significativa entre objeto y sujeto tan importante para la labor formativa. La exigencia de una formación realista o referida a la vida no puede significar, pues, que hayamos de buscar aquel punto de referencia en la vida del adulto, en el modo de ver y razonar del hombre maduro, sino únicamente, por lo menos en cuanto a la primera enseñanza, que debemos acercarnos a los fenómenos reales de la gran vida ajustándonos al modo de ver y vivenciar del niño. Es que la formación cultural se logra únicamente si el material de la vida se recibe y asimila en la manera infantil de razonar y vivenciar. En los encuentros con las totalidades y fenómenos de la vida, sí corresponden al modo de pensar y de ver del niño, éste se construye orgánicamente su mundo por medio de su impulso cognoscitivo y lúdicro. Pero ese mundo no crece, así como integrando una suma o adición, sino a la manera de anillos anuales del árbol, por así decirlo. Siempre existe, empero, una “imagen del mundo” completa y global. A ella se “asimilan” los nuevos materiales siempre que sean afines a ese núcleo de crecimiento. Los verdaderos impulsos para esa adquisición de formación cultural yacen en ese mundo circundante de la vida real que una y otra vez activa al niño mismo, o desde el punto de vista didáctico en los encuentros con la realidad provocados por el maestro. Junto con la evolución progresiva del niño, se modifica también la realidad de la vida, aunque permanezca idéntica consigo misma: se perciben y asimilan otras cosas, con tal que se conserve la relación significativa en la enseñanza. No hemos de preocuparnos por adelantar a nuestros alumnos actitudes adultas frente a la vida, lo cual significaría un sobreesfuerzo para ellos, pero en favor de un proceso formativo auténtico, deberíamos hacer todo lo que esté a nuestro alcance con el fin de conservar, para el niño, la relación significativa de las materias didácticas.
La escuela y la vida
Desde un punto de vista negativo, el principio de realismo en la enseñanza puede delimitarse como sigue: se opone a una organización escolar y didáctica que ve en primer lugar los intereses de la escuela, olvidándose de la relación con la vida o, mejor dicho, de la relación del niño reconocedor, vivenciado e investigador con su vida. Se opone, pues, a la excesiva “sujeción a la escuela”, o sea a las instituciones y formas escolares y didácticas ajenas a la vida, hallándose por ende en pugna contra las tendencias, inherentes a toda escuela como institución, de acentuar con exceso el aprendizaje “escolar”, de crear únicamente vivencias significativas “escolares” para el alumno, de acuñar formas típicamente escolares, en fin, “de servir a sí misma y sus penates” Es más que a la causa que constituye su misión. También la escuela se halla, por su misma esencia, en permanente peligro de absolutización: está expuesta a perder su carácter de “miembro”, a olvidarse de su función de servir, dándose sus propios objetivos y normas.
FORMAS DIDÁCTICAS REALISTAS
Aparte de estos aspectos tan extensos, el principio de realismo incluye también las formas metódicas especiales de la enseñanza. También en los procedimientos didácticos y prácticas metódicas tratamos hoy de ser naturales, es decir, que en todo nuestro hacer y dejar de hacer, en eI relatar e informar, describir y exponer, pero también en el preguntar y responder, ejercitar y repasar, etc., no queremos aplicar formas escolares artificiales, sino tomar como modelo y criterio las formas naturales de la vida. La escuela corre siempre el peligro de cultivar sus propias formas artificiales. Pertenecen a ellas el llamado método expositivo interrogativo, el juego escolar de preguntas y respuestas, ciertas formas de ejercitación y presentación que la vida misma apenas conoce. Éstas deben ceder un lugar cada vez más amplio a las formas naturales y realistas, tales como conversaciones verdaderas, formas naturales de adquisición y ejercitación, la familiarización silenciosa con un problema, el acuerdo tácito, la restricción de la palabra en general y, no en última instancia, las buenas formas de orden y moral internos, también en la enseñanza.



