
Siendo la educación un hecho característico de la vida humana, es lógico que la pedagogía esté en íntima relación con las diferentes disciplinas que estudian al hombre y al medio en que éste actúa, pues ellas le brindan una serie de elementos con los cuales puede planear, estudiar y resolver el problema de la educación.
Indudablemente, la primera disciplina con la que se relaciona la pedagogía es la filosofía. Esta, que investiga el sentido, valor y destino del mundo y de la vida, le da a la pedagogía una “idea del hombre”.
Esta idea es previa a toda teorización pedagógica, pues del concepto que se tenga acerca del ser humano dependen los fines y los medios que se establezcan para su educación. De ahí deriva que el valor de toda pedagogía dependa, en definitiva, de la concepción filosófica que le sirve de fundamento. Según las épocas y las distintas corrientes ideológicas predominantes han variado las concepciones filosóficas y, por consiguiente, se han sucedido en el curso de la historia distintas ideas del hombre.
En términos generales, desde los comienzos de la época moderna hasta fines del siglo XIX, predominó en el campo filosófico el ideal del hombre autónomo, de quien se hacía depender toda la realidad. En nuestro siglo, en cambio, se ha abandonado esa concepción parcial del hombre y se aspira a comprenderlo como una totalidad. Por eso, hoy no se concibe al hombre como un individuo aislado sino como un ser cuya existencia se desarrolla en relación con sus semejantes y ligado, en consecuencia, a una determinada situación histórico cultural.
Adoptada una idea del hombre, la pedagogía puede resolver su problema fundamental, que consiste en señalar la finalidad de la educación. Esta finalidad, que constituye una visión de un estado perfecto, es el objetivo al que se procura acercar al hombre mediante la acción educadora. Es claro que ese objetivo puede ser concebido de maneras muy diversas. Las concepciones religiosas, en su mayoría, lo consideran como un estado posterior, ultraterreno, para eI cual el hombre debe prepararse durante el transcurso de su existencia. Otras concepciones, por el contrario, afirman que coincide con la vida terrena y, en consecuencia, lo hacen consistir en la virtud, la moralidad, el saber, etcetera.
Tan íntima es la relación de la pedagogía con la filosofía, que algunos autores han llegado a sostener que la primera es, en última instancia, un producto de la segunda. Wilhelm Dilthey (1833-1911) afirma que la pedagogía, entendida en su más amplio sentido, es “floración y finalidad de toda verdadera filosofía”.
El hombre, que es el sujeto de la educación, posee una doble naturaleza: la que adquiere elevándose al plano espiritual y viviendo en el mundo de la cultura; y la que le es dada con la vida y constituye un complejo biológico. Estas fuerzas biológicas son básicas para el desarrollo de la personalidad, pues constituyen la condición previa para el desenvolvimiento de las características específicamente humanas. Por consiguiente, el aspecto biológico del hombre es el punto de partida de toda acción educativa.
Esto explica la importancia que la biología tiene para la pedagogía, pues le permite conocer la estructura morfológica del ser humano, su capacidad de adaptación biológica y las condiciones específicas de su desarrollo orgánico, ya que, como ser vivo, está dotado de un organismo que se halla regido por determinadas leyes. Estos conocimientos que suministra la biología son fundamentales para la pedagogía, pues le ayudan a determinar los medios más adecuados para que la educación posibilite que la vida se manifieste con el máximo de intensidad.
Es conveniente advertir que, pese a la extraordinaria importancia que lo biológico tiene para el desarrollo de la personalidad, no debe creerse que los principios de la biología suministran a la educación líneas directrices y le pueden indicar hasta los fines a alcanzar con la acción educadora. La biología, en realidad, sólo da a la pedagogía una serie de indicaciones, muy valiosas sin duda, acerca de los mejores caminos a seguir en la educación del hombre.
El ser humano vive natural y necesariamente en sociedad, es decir, es un ser social y, por eso, pertenece a distintas comunidades: la sociedad nacional, la familia, la iglesia, el partido político, etc. Por ello, para conocer al hombre en todos los aspectos, la pedagogía necesita vincularse también con la sociología, disciplina que estudia la realidad social, brindándole el conocimiento de la evolución de las instituciones sociales y la interpretación de las influencias ejercidas por el medio humano en el individuo.
Estos conocimientos sociológicos tienen una consecuencia práctica directa para la pedagogía, pues le sirven para establecer ideales educativos que estén de acuerdo con las necesidades y exigencias de la sociedad en un momento dado.



