
Un propósito importante de la enseñanza activa consiste en lograr modos de trabajo y conducta convenientes que en el transcurso de]trabajo se van formando orgánicamente en los alumnos y que constituyen la condición previa de rendimientos independientes. Vamos a enumerar algunos de los más importantes:
- El deber de participar en la conversación:
Incesantemente se esfuerza la nueva escuela por atraer al alumno, invitándolo y haciéndole preguntas, a que participe activamente en la conversación, que opine y critique. Sí en la escuela tradicional prevalecía el deber de guardar silencio (¡cállese usted! no Ie he preguntado!) en la nueva vale el precepto: ¡Tienes el deber de hablar! Puedes hablar, más aún, ¡tienes que hablar si estás en desacuerdo o tienes dudas! Ejemplos: Terminada una exposición, los alumnos dicen espontáneamente su opinión. O bien: el repentino silencio del maestro es señal para que los alumnos tomen la palabra. O bien: una respuesta de un alumno provoca directamente otra y otra sin que cada vez intervenga el maestro como lo hacía antes. O bien, un juicio, una apreciación provoca sin más la opinión opuesta de los alumnos.
- El deber de guardar silencio:
Es cierto que el compromiso de hacer libremente uso de la palabra importa también un gran peligro. Del hablar serio al palabreo huero, de la refutación objetiva a la verbosidad irreflexiva hay un solo paso. Lamentablemente no puede negarse que algunas presuntas “escuelas activas” sucumben con demasiada facilidad a ese peligro: apenas se ha pronunciado una idea ante los niños, expuesto un hecho, ya hablan al respecto sin reflexión alguna. Parece inextirpable la opinión de que en toda clase “bien llevada” el flujo de palabras no debe interrumpirse jamás. Frente a esto existe también un deber de guardar silencio, la habituación a la pausa reflexiva: “¡Primero reflexionar, luego hablar!” ¿Por qué no aprovechamos mucho más la posibilidad de intercalar “intervalos creadores” en la enseñanza? por qué no obligamos a nuestros alumnos a reflexionar algunos minutos en silencio ante un problema difícil y a buscar primeramente soluciones en silencio, utilizando el cuaderno de notas, el borrador y el libro? Tales ensayos interrumpen, por cierto, el flujo de palabras, pero no son tiempo perdido; por el contrario, la experiencia enseña que confieren suspenso y excitación a las operaciones siguientes, porque representan, de algún modo, elementos introductorios a las soluciones definitivas.
- El pensamiento crítico adquiere, en la escuela activa, una mayor significación, porque a través de él se manifiesta con particular intensidad el deseo de independencia del alumno. Por cierto, que también aquí el paso desde la crítica positiva a la negativa, e incluso a la sabihondez y argucia, es muy corto. Las graves consecuencias serán la falta de respeto y la petulancia. Pero, precisamente la posibilidad de que se presenten esos peligros no exime a la escuela del deber de cuidar también este aspecto del desarrollo espiritual. No queremos suprimir todo pensamiento crítico, ni dejar proliferar la juvenil tendencia a criticar sin freno, sino que tratamos de dirigir sabia y cuidadosamente las crecientes aptitudes críticas, obligando siempre al alumno a la motivación responsable, a la observación de las formas exteriores de cortesía; queremos educar para la tolerancia auténtica. En especial se trata de orientar tempranamente esa tendencia a la crítica hacia la esfera del propio rendimiento, para sub-sanar las propias fallas, corregir las debilidades personales y reconocer los errores cometidos.
El cultico de la expresión y la influencia de lo artístico en la formación
- Si en la escuela tradicional el centro de gravedad de la labor pedagógica se hallaba netamente del lado de la recepción del material temático, la pedagogía de la actividad acentúa naturalmente la expresión: no debe haber aprehensión temática sin su correspondiente configuración expresiva, sin su reproducción válida por la palabra, la obra, la imagen, el juego. Las posibilidades de reproducción y aplicación son, por supuesto, grandes y temáticamente variadas: se reconoce ahora un vasto campo de nuevas posibilidades creadoras para el niño. Se extiende desde el gesto, el ademán, la mímica, la postura en general, hasta el más variado rendimiento lingüístico, gráfico y artístico. Un mérito muy importante del movimiento de la escuela activa consiste en la elaboración de formas infantiles de expresión y reproducción:
Educación viva del habla por medio de la ejercitación activa del habla:
Creación de vivos y genuinos motivos y situaciones de conversación que obligan a hablar y comunicarse.
Creación de las condiciones exteriores de conversación (Círculo de conversación en lugar del “bloque de atención”).
Cultivo del buen lenguaje por medio de la recitación de poesías, lecturas y narraciones.
Cultivo de la creación y representación dramáticas, desde el sim-ple diálogo durante la clase, a través del juego dirigido, hasta la libre creación.
Cultivo de la expresión viva por medio de la creación de obra
Desde Kerschensteiner se ha reconocido, también para la labor escolar, el gran valor formativo de la propia “obra”. Ciertamente la obra no ha de concebirse tan sólo como resultado de un trabajo meramente manual. Entran en el concepto de creación de obra también los rendimientos espirituales del individuo o del grupo como sedimento y manifestación de un prolongado trabajo serio.



