LAS MATERIAS DIDÁCTICAS

Luego de haber expuesto los principios y las formas didácticas, ventilaremos ahora el difícil problema de las materias didácticas. Al discutir el problema de la formación material y formal, ya señalamos cuán difícil y también decisiva es la cuestión de los contenidos temáticos apropiados para una labor formativa animada y eficaz en la escuela. Así, no ha de causar extrañeza que precisamente frente a este problema las opiniones y actitudes sean muy divergentes y que, a pesar de todas las tentativas de solución, cabe hablar todavía del problema temático no resuelto, sobre todo en la escuela primaria. Basta una mirada superficial para ver cuánto ha sido desatendido, hasta ahora, el problema temático en la didáctica y cómo todos los esfuerzos didácticos de las últimas décadas estaban dirigidos, casi exclusiva y unilateralmente, a la elaboración y estructuración de formas genuinas y adecuadas al niño, mientras que se enfocaba muy poco la faz objetiva del proceso formativo, la cuestión de los contenidos de la enseñanza. La historia de la llamada “reforma escolar interna”, de los últimos decenios, muestra a las claras esa sobreestimación unilateral de los métodos y formas didácticas. Es cierto que esos desvelos nos han proporcionado una gran cantidad de formas nuevas, vivas y adecuadas al niño. Parece que nos incumbe ahora resolver también el problema de los temas formaticos apropiados.

“El ciclo superior de la escuela primaria es en alto grado el de la gran anticipación… y por ende de la precocidad y de la exagerada seriedad afectada… Naturalmente buscábamos salidas para ese estado de cosas, pero sólo las encontramos adaptando el método didáctico a las necesidades del niño…En las cosas conservamos la anticipación, defecto que tratamos de encubrir con el método. La característica de lo natural, empero, deberían mostrarla en primer lugar los contenidos.” 

Estudiemos, pues, la cuestión de los contenidos, distinguiendo dos grandes círculos de problemas:

  1. la cuestión de una eficaz elección y limitación de los temas,
  2. la cuestión de un ordenamiento realista de los temas.

La elección de los temas didácticos

  1. EL PROBLEMA NO RESUELTO DE LOS CONTENIDOS
  2. a) Como ya lo señalamos en otro lugar, nuestra labor formativa padece en todas las escuelas de una peligrosa sobreabundancia temática. De una manera pedagógicamente arriesgada, alumnos y maestros tienen que correr de tema en tema, sin tomar en consideración, en todos los casos, la capacidad de aprehensión de los niños, ni el grado de asimilación interior, y sin que las fuerzas formales del niño puedan aplicarse en debida forma. Nuestras clases siguen siendo dominadas, ahora como antes, por el espíritu del “materialismo didáctico”, eso es, de “aquella opinión superficial que simplemente considera el tema aprendido como una fuerza espiritual, elevando así la mera cantidad de material estudiado en medida de la formación”. Ya mencionamos brevemente los motivos escolares y extraescolares que han llevado a esa “manía de agotar el tema”.

Esas quejas no son nuevas, por cierto. El inconveniente de la sobrealimentación temática ha sido señalado antes, una y otra vez, de parte competente, pero sin que se haya prestado oídos a esas voces exhortadoras Kerschensteiner, por ejemplo, criticó, ya hace años, la “ceba temática” de la vieja escuela expositiva, quejándose de que “a la hidra de los contenidos le renacen dos cabezas nuevas por cada una que se le corte”. No sólo la escuela primaria está afectada. El mal se encuentra hoy en todas las escuelas. Ni la universidad está libre de él. Según las palabras de Ortega y Gasset, “…es un bosque tropical de enseñanzas. No hay más remedio que resolverse ahora contra esa inmensidad y usar del principio de economía, por lo pronto, como un hacha. Primero, poda inexorable.” (Misión de la universidad).

  1. b) Valor para dejar lagunas

¿No sería posible subsanar esta calamidad, precisamente por una “poda inexorable”, una vuelta decisiva sobre nuestros pasos, puesto que hasta ahora todas las pequeñas reformas resultaron inútiles? “Tener el valor de dejar lagunas.” “No querer agotar el tema.” Éstas son las divisas que se oyen de parte de los maestros. ¿Qué hay de acertado en ello y qué de equivocado? En primer lugar, ese consejo necesita un complemento para salvarse en seguida de las malas inteligencias demasiado groseras: Es necesario el valor de dejar lagunas, como consecuencia del valor para la profundización; más vale tratar menos, pero con todo esmero. “El rendimiento no es posible sin profundización, y ésta no lo es sin autolimitación”, leemos en varios nuevos programas de enseñanza.

  1. c) Sin embargo, se plantea inmediatamente esta pregunta: ¿Qué es importante y qué no lo es? ¿Conforme a qué principios puede y debe elegirse, puesto que ello no puede dejarse al criterio subjetivo de cada maestro?
  2. d) Existe el peligro de que el valor de dejar lagunas conduzca meramente hacia lo “sencillo” y “elemental”. Durante decenios, precisamente la escuela primaria veía en esto su salvación, y siempre se ha considerado. como “escuela elemental”.

 

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