LA LEY FUNDAMENTAL DE LA ENSEÑANZA

  1. a) A pesar de la gran variedad actual de formas didácticas y estilos escolares, podemos tratar ahora de exponer en resumen algunas esenciales características formales de todo enseñar. Distinguimos:

Características exteriores de la enseñanza

  1. Toda enseñanza trasmite el conocimiento de grandes y coherentes campos del saber en lo cultural y lo natural. En esto se distingue, con respecto a la amplitud de la materia, de la enseñanza esporádica y asistemática de la vida. “Llamamos enseñanza la introducción, sistemáticamente coherente y metódicamente construida, a las estructuras significativas de la cultura.”(Kerschensteiner.)
  2. Por eso, toda enseñanza se extiende a través de un tiempo prolongado, siendo por consiguiente generalmente un “enseñar” y “aprender” obligatorios.
  3. Toda enseñanza debe estar basada en un planeamiento claro y premeditado. Planes de estudio, de distribución local de trabajos y materias, y horarios regulan, en lo material, la división exterior de la labor didáctica. Sea ésta cual fuere, de todos modos, en la enseñanza escolar sólo puede tratarse de un aprender adecuado al niño y al grado que tenga en cuenta el nivel evolutivo del niño o de la clase.

Características intrínsecas de la enseñanza

  1. Toda buena enseñanza aspira a despertar y desarrollar las fuerzas y aptitudes individuales predispuestas en el alumno y trata de conquistar su interés y colaboración.
  2. Toda enseñanza fecunda se esfuerza no sólo por ofrecer la materia en forma viva y adecuada al niño, sino además por lograr el afianzamiento y consolidación más duraderos que sea posible del saber y de las habilidades adquiridas, por medio del ejercicio y la repetición, elaboración expresiva y aplicación.
  3. Toda enseñanza eficiente es más que mera trasmisión de material y ejercitación de habilidades. Debe conducir al encuentro formativo con los contenidos didácticos, indicando así al alumno el camino de la autoformación, y finalmente despertar en él la aspiración cultural que ha de surtir efecto a través de toda la vida, más allá de la escuela.
  4. b) Todos estos factores exteriores e interiores en conjunto constituyen la esencia de la buena enseñanza. Ninguno de ellos, ni la materia, ni el tiempo, ni el método, ni la recepción, ni el afianzamiento, etc. debe sobreestimarse ni subestimarse. Una buena enseñanza, eficientemente formativa, depende enteramente de la acertada apreciación de esos distintos factores en la sinfonía del proceso formativo.

Pero en el centro de todas estas reflexiones se halla el niño, el adolescente a quien nuestra enseñanza ha de servir en su doble misión: desenvolvimiento del carácter individual e introducción en los órdenes de la vida religioso, social, moral y económico. Ni el tema didáctico y la materia en sí, ni el programa de estudios y horario, ni la organización escolar en su autonomía pueden ni deben determinar por sí mismos el decurso horario de la enseñanza o educación, sino, en última instancia, el derecho del niño, capaz y deseoso de formarse, a desplegar su carácter individual, y la necesidad de prepararlo para afirmarse en la vida.

  1. c) Resumiendo todos estos factores de una enseñanza formativa, se impone, pues, como idea directriz el principio de la “profundidad del efecto”: cómo y por qué caminos logro, como maestro y educador, los más profundos efectos formativos que sean posibles? quédelo hacer, ¿qué dejar de hacer, ¿qué he de ver y considerar, ¿qué tengo que saber en cuanto a condiciones y posibilidades didácticas, para obtener los mejores éxitos formativos en mis clases? Bien comprendido, este principio puede considerarse, en la realidad escolar, como el de “economía pedagógica”: la labor escolar cotidiana, con sus grandes cantidades de materia didáctica y sus extensos objetivos formales, nos impone, si estamos conscientes de nuestra misión formativa, cada día y cada hora esta difícil tarea de la enseñanza:

de lograr con un mínimo de energía y esfuerzo, aparato y tiempo, un máximo de efecto formativo y éxito pedagógico.

LA ENSENANZA MATERIAL

La respuesta tradicional del vulgo a la pregunta por la tarea primaria de la enseñanza escolar es ésta: allí han de trasmitirse conocimientos y adquirirse un saber claro y seguro, los cuales tanto se necesitan en la lucha por la existencia. Porque las experiencias de la vida cotidiana muestran que el futuro artesano como el empleado, el comerciante como el labrador, no pueden prescindir de un caudal, si bien sencillo, pero sólido, de “conocimientos generales”.En el tan difundido concepto de cultura general (en oposición a una preparación especial, por ejemplo la profesional), se oculta, siempre que pensemos realmente en cultura y no en un vacío saber escolar, la preocupación de adquirir el saber más amplio y extenso que sea posible para poder participar en la riqueza de los fenómenos del mundo y de la vida.

Basándose en el reconocimiento de que el niño y el adolescente son seres ávidos de aprender, se ha visto siempre a la escuela como lugar de trasmisión de saber y conocimientos, y ella ha permanecido fiel a este designio hasta el día de hoy, pese a todas las amenazas internas y malas inteligencias. Podemos decir al respecto con Kerschensteiner: “Seríamos los últimos en no reconocer un caudal de conocimientos generales como un bien muy valioso, pero únicamente aquel caudal que exigen las necesidades de la vida psíquica, espiritual y cívica”.

 

Related Post