
La esfera del intelecto abarca toda la comprensión teórica de los fenómenos de la Naturaleza y el dominio técnico de los mismos mediante el instrumento de la causalidad. A esto pertenece, además de la matemática pura, como base metodológica general, todo el conocimiento del mundo corpóreo: Física, Química, Historia natural, Biología general, Antropología física, con las correspondientes ramas de la técnica: Matemática aplicada, Técnica físico química, Técnica biológica (cultivo de las plantas y animales), Técnica antropológica (cuidado del cuerpo humano); pero también lo que bajo el nombre de Psicología se conoce generalmente con el nombre de Ciencia natural: toda la esfera de los fenómenos de la conciencia, en tanto se consideran exclusivamente con respecto a su aparición en el tiempo, consiguientemente sometidos a las leyes de la causalidad, y por tanto también la teoría de la formación de las representaciones generales, la formación del lenguaje y de la vida social (Economía política, Derecho, Estadística, así como la Historia en mera reflexión causal); también la meramente psicológica en Ética y Estética, y una esfera que corresponde a ésta, la cual se designa como la de la Técnica psicológica; a ésta pertenece toda la dirección del espíritu, en tanto que es meramente cosa del conocimiento causal y se halla determinada mediante esto; por tanto, la mera técnica de la educación, del derecho y de la estadística, y todo lo que de esto depende, toda organización meramente exterior, surge quizá también de la idea moral, y de igual modo la mera técnica de la formación artística.
Si el intelecto, con sus métodos característicos, abarca. Según esto, la totalidad de los fenómenos, encuentra, sin embargo, sus límites en que, si bien es verdad que todo es dado en el tiempo, también es verdad que sólo se atiene a mantener su dominio en el tiempo dado. Pero a la conciencia condicionada temporalmente se halla subordinada la conciencia no condicionada temporalmente, la cual hace posible una conciencia temporal en general. El conocimiento natural es una creación de las propias fuentes del espíritu, las cuales no se agotan en esta creación única, sino que hacen producir otras. Lo supuesto dado de los hechos se halla en conexión con las puras determinaciones del pensar: determinación del número, del tamaño, de la cualidad, del tiempo y del orden; determinaciones de relación como las de substancia y propiedad, causa y efecto; determinaciones de modalidad, como, ante todo, las de factibilidad, a diferencia de la mera posibilidad y de la necesidad legal, mediante la unión de todas las cuales se funda la expresión del hecho. Lo «dado》 antes del concepto es sólo una x, la cual hay que determinarla mediante la a, b, esto es, mediante los conceptos de nuestro entendimiento. Lo que esta x significa sólo se puede explicar en función (por decirlo así), en la ecuación del conocimiento y sobre los factores conocidos en el mismo; tal es nuestro concepto. El ser dado significa solamente la determinación plena del pensar; ésta es exigida por eI pensar y sólo se cumple mediante el pensar; no se consigue ciertamente nunca llegar a una conclusión; por tanto, el hecho permanece siempre un problema; lo dado no es más que el problema eterno de la ciencia.
Esta comprensión el resultado de la Lógica como ciencia pura del modo de proceder del entendimiento científico designa el punto más alto, el cual sólo alcanza el intelecto; pero precisamente por esto designa también sus límites. Da a toda la esfera de su conocimiento la unidad interior metódica, y posibilita su organización central; determina al mismo tiempo el camino de la formación del entendimiento conforme a leyes, tal como adquiere una expresión clara en la idea de Pestalozzi de la educación elemental. Por esto la formación del entendimiento debe elevarse a este punto; esta elevación significa su liberación propia, la conciencia de su autonomía, el dominio sobre sí mismo y la naturaleza. Los limites no tienen aquí el sentido estrecho de confines; sus límites son sus propias leyes; pero al hablar de límites se entiende sólo los del entendimiento, no los de toda la esfera de la conciencia. La conciencia está atada, por un lado, a la naturaleza; pero, por otro, es más que ella. No alcanza nunca el ser cerrado total, sino que parece siempre un ser condicionado; lo incondicionado permanece, por su parte, como una exigencia incumplida. Pero como último punto de vista de todo juicio, como «idea», pertenece, sin embargo, a la conciencia, y al elevar en los límites del ser el deber, se convierte en patrón de un tipo completamente distinto del conocer, esto es, lo práctico, que desarrolla su fuerza y significación positiva como moral. Así muestra la reflexión crítica del conocimiento teorético, designando los límites exteriores al mismo tiempo que designa el terreno práctico.



