
Éste reside sobre todo en el encuentro social de los alumnos entre sí. La conversación es una forma preliminar de convivencia y cooperación. En la labor escolar tradicional, basada casi exclusivamente en sumar y agregar resultados parciales, se pierden a menudo los impulsos más valiosos. En oposición a ella, la conversación instructiva, como la conversación en general, posee una fuerza unificadora social bien sensible; cultiva “una actividad espiritual social sumamente formativa” (Scheibner). Inversamente, la buena conversación es prueba y expresión de la vida en común. Produce la voluntad de ayudar y la camaradería: el alumno aprende a ayudar al inhábil y torpe en el uso del lenguaje, aprende a retenerse y a hablar en el momento oportuno, a respetar la opinión de otro y a tomarlo en serio y, no en última instancia, experimenta en la conversación un aflojamiento de su actitud psíquico espiritual. “Fomentar esa soltura psíquica es la mayor ayuda educativa que se le puede prestar a un ser humano” (Flitner).
Para el maestro, “la conversación instructiva es la llave del corazón de los niños. Nos brinda cien veces la inapreciable ventaja de llegar a conocer el alma infantil, de vislumbrar y adivinar el creer y sentir de los alumnos, sus íntimas emociones y anhelos, sus fantasías y su mundo particular”.
Una forma didáctica de tan altas pretensiones ha de ser cultivada, lo cual importa que deben reconocerse también claramente sus límites, para poderla aplicar en nuestra enseñanza, en todo su valor singular. La conversación instructiva no es la forma didáctica exclusiva para todos los casos y contenidos. Si se concede a la conversación una ilimitada posición de monopolio en la enseñanza, si se trata de “elaborar” por conversaciones todos los temas, sean cuales fueren, entonces existe un doble peligro: no se hace justicia a la plenitud de los hechos materiales. Tal como lo comprobamos anteriormente, existen bastantes contenidos temáticos que no toleran la forma de conversación. Y por otra parte: la misma forma de conversación auténtica se desprestigia con su empleo abusivo.
El gran peligro de la conversación instructiva mal concebida, peligro que lamentablemente muchas veces no se reconoce en todo su alcance, está en que a menudo no hay más que un paso hasta la “charla”, que no compromete a nada, y el vago “parloteo”. El mayor gasto de tiempo que toda conversación requiere, en oposición a las formas didácticas puramente expositivas y de desarrollo, se justifica únicamente por la mayor profundidad de efecto de aquélla. Pero si la conversación llega a ser una marcha en vacío, un dudoso y desorientado adivinar de niños ignorantes, si sirve para satisfacer aspiraciones personales, tales como el afán de figurar y la ambición de unos pocos habladores, o si se pierde en estribillos superficiales o mera cháchara, la pérdida siempre es doble: la conversación se convierte en una educación para la superficialidad y además significa una lamentable pérdida de tiempo valioso. Desde los puntos de vista didáctico y pedagógico, la conversación instructiva constituye una forma plena y final de enseñanza; por eso requiere que la cultivemos de manera esmerada y prudente dentro de nuestra labor escolar.
La enseñanza indirecta
Aparte de las distintas formas de enseñanza directa, expuestas hasta aquí, y que, en el conjunto de nuestra labor escolar, hasta el presente, siempre han ocupado el primer lugar, determinando ampliamente el pensar didáctico metódico, encontramos aquí y allá, sobre todo en las escuelas poco articuladas, formas didácticas que difieren fundamentalmente de las señaladas hasta ahora. Suelen reunirse bajo el concepto de enseñanza indirecta, concepto que, es cierto, no esclarece demasiado en cuanto a la naturaleza y contenido de esas formas didácticas diferentes.
¿QUÉ ES ENSEÑANZA INDIRECTA?
La denominación de “indirecta” significa en primer lugar que el maestro dirige la enseñanza no ya por intervenciones directas, sino precisamente por medidas e indicaciones “indirectas”, por una determinada organización, la provisión de medios de trabajo, y controlando y conduciendo la labor formativa desde cierta distancia. Esto plantea naturalmente una serie de cuestiones: ¿Es posible semejante enseñanza y cómo? ¿No depende toda enseñanza del planeamiento de un maestro que conduce, dirige e interviene? ¿No consiste una parte esencial de la enseñanza en que el maestro proponga metas parciales para el proceso formativo, que planifique y subdivida el proceso cognoscitivo, aparte los obstáculos del camino y conduzca de grado en grado al alumno falto de saber y de práctica? Antes de dedicarnos a estas preguntas, determinaremos más exactamente en cuanto a su contenido la definición que acabamos de dar de las formas didácticas indirectas. Con el fin de poder presentar mejor la abundancia de las formas indirectas posibles, repetiremos primeramente la división dada en otro lugar. Todas las formas indirectas de enseñanza pueden distinguirse conceptualmente
- Según el contenido de la tarea que se ejecutará:
ésta puede ser: a) recreación, elaboración o ejercitación,
- b) creación original, producción;
- Según la forma sociológica del trabajo:
puede ejecutarse a) como trabajo individual,
- b) como trabajo en grupo;
- Según el lugar de la realización del trabajo:
puede hacerse a) en el aula como trabajo silencioso,
- b) como trabajo didáctico en habitación contigua,
- c) como tarea doméstica.
Esta división sistemática de las formas didácticas indirectas ofrece, si la contemplamos más de cerca, un sinnúmero de posibilidades de combinación, contactos y sobre posiciones. Pero en cualquier forma, llámese como quiera, intervienen tres factores: contenido, forma sociológica y lugar de trabajo. La modificación de un factor engendra siempre una nueva forma didáctica, por ende, plantea nuevos problemas didáctico metódicos.
Mencionaremos tan sólo algunas de las posibilidades más conocidas de combinación:
Trabajo individual silencioso imitador o productivo (trabajo creador individual); trabajo de elaboración o de ejercitación y práctica en el grupo; trabajo de grupo, escolar u hogareño; trabajo silencioso de asimilación o trabajo verbal de práctica, con compañero, en habitación contigua; trabajo hogareño productivo o de práctica, etc.



