La enseñanza “de interrupción”

Esta forma de la enseñanza prosecutiva se halla en estrecha relación con un procedimiento que llamaremos “de interrupción”. Es una combinación de la enseñanza directa e indirecta, vale decir, que la enseñanza normal con toda la clase se interrumpe conscientemente, siguiendo una intención didáctica de la cual aún hablaremos, en un punto decisivo, dejándose la continuación al trabajo individual. Un problema o una tarea deben resolverse. Todo esto podría hacerse también por medio de una conversación con toda la clase. En su lugar, el maestro interrumpe la enseñanza directa para intercalar unos minutos de trabajo en silencio. Papel y lápiz están a mano. Cada uno busca la solución trabajando silenciosamente por sí mismo. (Se entiende que también pueden designarse parejas o grupos para que traten de encontrar la solución juntos). Por cierto, que no todos los alumnos encontrarán la solución de primer intento, y es perfectamente posible que una u otra vez el trabajo no llegue a resultado alguno.

No obstante, este método tiene un valor didáctico innegable. Por una parte, tales “interrupciones” de la conversación general constituyen un agradable aflojamiento de la enseñanza normal. Repetimos que la bondad de la enseñanza no se mide por el número de palabras habladas, sino por el trabajo hecho por los alumnos. Por otra parte: lo que en la enseñanza normal a menudo se elabora sólo avanzando paso a paso, se puede encargar al alumno, de esta manera, como tarea más amplia. Pues el método de los pequeños pasos de razonamiento o la rápida respuesta cuando se trata de problemas complejos, no siempre son adecuados al carácter de todos los alumnos. No suelen ser los peores alumnos los que prefieren resolver independientemente cuestiones de mayor envergadura recurriendo a la reflexión, eso es, en este caso, al trabajo escrito. Lo mismo les sucede de paso sea dicho a muchos adultos. Y lo que es justo para el adulto, lo es también para el alumno.

Por eso deberíamos aprovechar mucho más, sobre todo en el ciclo superior primario, esta posibilidad de la enseñanza “de interrupción”, ya por el solo hecho de que entonces se dan nuevos incentivos, un renovado interés y una receptividad mucho mayor para la solución final. Los errores cometidos y las soluciones equivocadas agudizan mucho más la receptividad y comprensión de los niños para la solución correcta, que, si el reconocimiento les fuera ofrecido prematuramente, como sucede con el procedimiento tradicional. Estas posibilidades de hacer llegar a los alumnos a ciertos grados de conocimiento por su propio trabajo silencioso e individual, existen en muchas materias. Tocamos aquí el principio fundamental de una didáctica “dinámica” que expondremos en conjunto en otro lugar. Lamentablemente, pocas veces seguimos por este camino, por razones de tiempo, porque se entiende que toda interrupción dificulta el avance rápido. ¿Pero no puede admitirse una pérdida de tiempo en bien de un efecto didáctico más profundo?

La forma de elaboración una novedad didáctica

Con esto nos hemos acercado a una forma nueva de la enseñanza indirecta, que puede considerarse como una novedad didáctica dentro del conjunto de nuestra enseñanza: El trabajo individual productivo puede servir también a la elaboración de nuevos temas y conocimientos. Según la concepción tradicional, la tarea de elaboración incumbe exclusivamente a la enseñanza directa. El trabajo individual sólo ha de servir, según esa opinión, para la reproducción, ejercitación, repaso, práctica, profundización o, tal vez, para la preparación de la enseñanza directa general. De acuerdo con la concepción nueva, también el trabajo individual puede convertirse, en ciertos casos y bajo determinadas condiciones, en núcleo central de la enseñanza. (Se entiende que lo mismo vale con respecto a la enseñanza en grupo. Es esto lo que ambas formas nuevas tienen en común, sólo que difieren en cuanto a la forma sociológica, tratándose en el último caso de una labor mancomunada). 

De modo que actualmente el trabajo individual ya no viene a la zaga de la enseñanza directa, ni le antecede, sino que se transforma, el mismo, en parte importante del proceso formativo didáctico. A consecuencia de ello se plantea el problema fundamental y decisivo de convertir al alumno mismo en “portador” de ese proceso de aprendizaje. Aprender en este sentido no significa ya un “estudio posterior”, después de haberse tratado el tema, sino un “estudio para sí mismo”, adquiriéndose conocimientos y habilidades en forma independiente. En esto reside la novedad didáctica: en ciertas situaciones y formas, y con cierta dirección, creemos al alumno capaz de adquirir formación de un modo independiente. Numerosos maestros niegan, una y otra vez, esa posibilidad de una “formación por adquisición propia” por medio del trabajo individual productivo o de la elaboración en grupo; la niegan, según dicen, aun después de haber hecho ensayos propios que habrían demostrado que no se puede transformar niños en “estudiantes investigadores”.Pero es innegable que tales caminos son transitables y que se avanza por ellos en muchas clases dirigidas de acuerdo con los cánones modernos, lográndose éxitos, aunque no en todas las materias, pero sí en algunas. Quien pone en duda la posibilidad en sí, mejores que no busque en el método las causas de su fracaso, sino más bien en la realización deficiente de las condiciones previas, por ejemplo, la falta de una genuina situación interrogativa, un material de trabajo defectuoso, o bien en la falta de una adecuada actitud laboral de su clase. Por supuesto, no todos los temas se prestan a ello en la misma forma. Los temas vivenciales, los contenidos que se dirigen a la emotividad y, naturalmente, las materias demasiado difíciles quedarán reservados, desde luego, a la enseñanza directa. Cuando el maestro quiere influir en la actitud íntima y el corazón de sus niños, elegirá siempre las formas directas. Todos los temas racionales, en cambio, se prestan mejor a un trabajo autodidáctico, individual y silencioso, siempre que sean adecuados para la capacidad infantil y estén cumplidas las condiciones técnicas de trabajo.

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