
La conversación didáctica como en la instructiva, los “motores” propiamente dichos del curso de las ideas son las dos formas y recursos didácticos: la pregunta del maestro y el estímulo. Sin éstos tampoco puede darse una conversación instructiva. Por supuesto que ambas formas adquieren, en la conversación instructiva, otro sentido y función. Son formas por las cuales se realiza otro movimiento de ideas.La conversación didáctica es pues instrucción. Pertenece a la naturaleza de la instrucción el que un hombre dirigente, sabedor y experimentado instruya a los faltos de saber y de práctica para elevarlos, si es posible, a la altura de su propio conocimiento. Se trata de planeamiento y programa, de métodos y sistemas. La bondad de la instrucción se mide por el éxito demostrable. Otra cosa sucede con la conversación. Según nuestra determinación, se caracteriza por el hecho de que sólo conoce interlocutores “con igualdad de derechos” quienes, si es posible sobre un mismo nivel y por caminos no predeterminados, se esfuerzan por encontrar juntos resultados no claramente prefijados. c) ¿Puede resolverse esta contradicción o sería mejor admitir honestamente que conversaciones instructivas, en el sentido propio del término, no son posibles y que continuamente somos víctimas de una ilusión hermosa, pero ilusión al fin? ¿Pero, por otra parte, la práctica escolar no nos enseña una y otra vez que, por lo menos de tiempo entiempo, quizá tan sólo en forma episódica, se dan conversaciones genuinas también en la escuela y que, si bien no constituyen la norma en nuestra enseñanza, son posibles ocasionalmente? ¿Cuáles son las características de esas conversaciones instructivas? Creemos deber señalar dos factores:
El tema de conversación
La conversación didáctica está indicada cuando, en un campo estrechamente limitado, se elaboran y desarrollan resultados, en virtud de leyes temáticas y con consecuencia lógica, es decir, cuando la instrucción permite ciertos avances y desarrollos en una búsqueda rigurosamente determinada por el tema. Los temas matemáticos y físicos, así como los de ciencias naturales e historia, son el campo didáctico propio de esta forma de enseñanza. Pero si interviene, en cambio, el mundo de la experiencia infantil, las propias observaciones y experiencias, la posibilidad de valorar y opinar frente a problemas y hechos, vivencias y experiencias, cuando se trata de ordenar, clasificar y articular esos hechos, cuando desempeñan su papel los puntos de vista subjetivos, nos hallamos en el campo pedagógico de la conversación libre. Iniciar una conversación libre acerca de operaciones aritméticas o reglas gramaticales es una insensatez. No es así en las esferas de la valoración humana, de la moral y la costumbre, de la conducta estética y social. Se elabora el contenido de un trozo de lectura, se intercambian observaciones y experiencias propias, se discute sobre el comportamiento social de un compañero, se comentan y evalúan acontecimientos de la vida de clase, se estudia el contenido y valor de un cuadro: en todos estos casos, la conversación libre está en su lugar. Las experiencias personales y ambientales, el saber y la valoración infantiles, dan al alumno el derecho de intervenir honestamente en la conversación y “abren”, en cierto sentido, la situación, es decir, permiten un intercambio de ideas y una búsqueda sobre “el mismo nivel”. El maestro no está exclusivamente en posesión de la verdad; a su experiencia y saber, aunque más maduros y extensos, se oponen las experiencias infantiles que son diferentes. Precisamente porque el alumno valora y juzga muchas veces de otra manera que nosotros, los adultos, la enseñanza, que al final está destinada a él, debe dar cabida también a sus valoraciones.
La forma sociológica
También en sus formas interior y exterior la conversación instructiva se distingue de la enseñanza tradicional. En la conversación didáctica, la ilación de pensamientos depende en primer lugar del maestro, pese a la limitada cooperación de los alumnos. Por eso, todas las expresiones se dirigen a él y es él quien las trasmite a los niños. Él las recoge, las pone en discusión, da el impulso necesario, etc. Las miradas convergen en él como “motor propiamente dicho de lo que sucede, guía en el sendero de las ideas, director e inspirador /del pensamiento o trabajo manual de su clase” (Odenbach). Otra cosa sucede en la conversación instructiva: las ideas saltan directamente de un niño a otro, de la pregunta a la respuesta. Cuando los alumnos se vuelven, también exteriormente, hacia el compañero, le dirigen la palabra, le contestan, le ruegan, le desafían, sin dar el rodeo a través del maestro, tenemos los primeros rudimentos de la conversación. ¿No deberíamos estimularlos mucho más de lo que hacemos? Ciertamente, en la escuela tradicional, tales conversaciones no serán muy frecuentes. Irán en aumento, en cambio, en aquellas clases que consideren los sucesos de la convivencia como un campo esencial de sus comentarios didácticos. La esfera social de la convivencia y solidaridad engendra una sobreabundancia de cuestiones sociales, éticas, estéticas, económicas y religiosas, que pueden convertirse en objeto de verdaderas conversaciones entre alumno y alumno, maestro y clase. Es ésta una fuente poco aprovechada de auténticas situaciones conversacionales: los sucesos dentro de la comunidad de la clase, la valoración de trasgresiones y su castigo, la apreciación de rendimientos especiales, crítica de obras lingüísticas y artísticas y los problemas del correcto modo de vivir, requieren siempre la forma de conversación, en la cual participa el niño en la búsqueda común, primeramente opinando y valorando, y después, probablemente, admitiendo la opinión superior de la comunidad. Lo mismo puede decirse con respecto a todos los temas de la llamada enseñanza ocasional, siempre que se originen en la esfera de las vivencias infantiles.



