La enseñanza intuitiva es la gran escuela de la visión

Nuestra era técnica, “folletinista”, se destaca por una plétora de imágenes que, en diarios, revistas, carteles, prospectos, propaganda etc., se vierte sin cesar diariamente sobre nuestros hijos. La consecuencia de este tremendo exceso de oferta es que redunda en menos cabo de una visión clara y detenida, como todos lo experimentamos en nosotros mismos. Vemos y vemos, pero ya no percibimos nada. Nada nos llega. Esta manera de contemplar, que parece rivalizar con la precipitación de nuestra vida moderna, perjudica naturalmente la verdadera observación y contemplación de la naturaleza. Las numerosas y justificadas quejas de los maestros con respecto a los alumnos nerviosos y faltos de concentración tienen su origen, en parte, en esa continua, y lamentablemente aún creciente, inundación de excitaciones de la vida moderna.

Ante tal situación, se impone a la escuela actual la misión especial de instar nuevamente a la verdadera visión, a una detenida y reflexiva contemplación, sobre todo de los procesos reales, naturales, a la detenida observación de plantas y animales, del tiempo y los fenómenos meteorológicos con sus consecuencias, y a ejercitar y entrenar tempranamente, en la enseñanza, esa capacidad de observación. Incluso la misma labor didáctica está hoy en día amenazada por el peligro de un exceso de material ilustrativo e intuitivo de toda clase. No debe caer, por ello, en el error de la visión ligera y superficial. Lamentablemente “tenemos que decir lisa y llanamente que, a pesar de la superabundancia de material ilustrativo de toda índole que hoy se nos ofrece, la metódica de la presentación e interpretación de las imágenes en las clases deja mucho que desear. En numerosos casos, la contemplación de láminas y estampas se verifica en forma técnicamente torpe, sin plan, mal orientada, y su valor formativo es, por ende, bastante pobre”. Ciertamente, la escuela moderna no debería limitar la ejercitación de los sentidos al campo del fenómeno estático. El arte más difícil se halla en la aprehensión rápida y, sin embargo, exacta de movimientos y procesos dinámicos, así como en la hábil captación de relaciones complejas, en la limitación a lo esencial, tareas, todas ellas, que sobre todo en su aplicación a la observación de la naturaleza en el ciclo superior deberían verificarse una y otra vez con especial dedicación.

La intuición exterior ha de ser percepción sensorial plena

La “regla áurea de la intuición” de Comenio dice: ¡Percibir con todos los sentidos! El hombre moderno, ante todo el civilizado, ajeno a la naturaleza, corre peligro de convertirse en “hombre visual. El ejercicio de los demás sentidos (oído, olfato, tacto) se restringe cada vez más. También a este respecto se imponen nuevas tareas a la escuela: es necesaria una ejercitación decidida de los sentidos, de todos los sentidos. No sólo la vista debe entrenarse en clase, sino también agudizarse el oído, hacerse uso del tacto, del olfato y del gusto.

La visión “interior” ha de despertar representaciones claras y distintas

Muchas cosas y hechos didácticos no nos son dados en una forma exteriormente perceptible. En ese caso, la enseñanza tiene el deber do despertar en los alumnos representaciones claras y distintas, por modio do la exposición, descripción, explicación, pero también de dibujos y bosquejos ilustrativos. Dos grupos de representaciones son posibles:

  1. Representaciones recordativas.
  2. Representaciones imaginativas.

Particularmente la enseñanza de la geografía y la historia, como descripción de hechos espacial e históricamente “lejanos”, depende esencialmente de la capacidad de imaginación de nuestros alumnos. Exige de ellos que reconstruyan plásticamente en su fantasía las descripciones geográficas y situaciones históricas y que conserven claramente esas representaciones, durante la elaboración ulterior, tanto en los detalles como en su totalidad. Para provocar imágenes vivas, la enseñanza tiene que recurrir a todos los medios, la palabra plástica, el lenguaje pintoresco, la descripción clara y fascinante, capaz de despertar las representaciones. Hay que describir de tal suerte “que el alumno crea ver” (Herbart).

Sólo en lo conceptual pueden separarse la intuición exterior y la representación en la enseñanza; en realidad, en el proceso formativo concreto, en todo acto de aprehensión, las dos se confunden. Porque con cada percepción se despiertan también representaciones y sentimientos, como, al revés, difícilmente puede haber una representación que no se componga por lo menos de elementos de cosas percibidas. Cuanto más rico sea el mundo de percepción de nuestros hijos, tanto más rica será también su vida imaginativa.

Toda visión se basa en lo regional. No hay visión que no fuese al mismo tiempo regional. Esto vale tanto respecto de la visión directa que es, ella misma, un recorte del ambiente regional o está, por lo menos, íntimamente vinculada con él, como para el mundo imaginativo que siempre está constituido de elementos regionales. “Sin la afluencia de intuiciones regionales no se comprende ni un poema de Goethe ni la primera oración de la cartilla, y la estructura objetiva y significativa de nuestra civilización se hace visible a cada cual únicamente en el recorte de la vida regional que le corresponde.”

 

Related Post