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Históricamente, y desde el punto de vista de la civilización y la cultura, el hombre es más una obra tecnológica que biológica. Sin técnica el hombre que conocemos no existiría; hubiera sido una formación biológica absolutamente fugaz, dada su debilidad para subsistir sin el auxilio de la tecnología. El hombre es una transformación, una evolución tecnológica y en consecuencia social y cultural del primitivo; su sistema de alimentación, el cuidado de su salud, su higiene, la duración de su vida, el abrigo, la vivienda, la fabricación de temperaturas favorables a su subsistencia, etc. Agregan continuamente elementos técnicos al funcionamiento de su estructura inicialmente biológica. El reemplazo parcial o total de órganos naturales por artificiales es ya un hecho. Desconocemos el límite que esto pueda tener; pero sí parece que el hombre va en camino de vivir más a expensas de la técnica que de la biología. Esto no quiere decir que ha comenzado o que es posible el hombre mecánico, el robot humano, sino que el hombre se adapta cada vez más a una vida en la que predominan condiciones y funciones técnicas. Lo cual es justificable, dada su naturaleza; su propio organismo es un complejo sistema de funciones sincronizadas, cuya alteración afecta parcial o totalmente el sistema. La esencia de la tecnología humana, el cálculo, la previsión y la integración en sistema, es similar en sus fundamentos a la técnica biológica.
Puede decirse, en sustancia, que la principal función del hombre consiste en reemplazar el medio natural por el medio técnico y cultural. La primera integración cultural debió significar para el hombre un gran paso adelante; el porvenir de la técnica quedaba definitivamente asegurado; el pensamiento conceptual que había presidido la creación técnica propiamente dicha pasaba a un fondo común: el patrimonio cultural; la herramienta podía desaparecer en cualquier contingencia adversa, pero emergía en cambio el plan conceptual, obrando a modo de molde creador. La evolución humana no quedaba, así, interrumpida, ni en peligro, pues la cultura fue la depositaria de todos los símbolos y concepciones de sucesivas acumulaciones tecnológicas, comunicándolas, transmitiéndolas de una generación a otra. La cultura se desarrolla y evoluciona gracias a la comunicación, en la cual el lenguaje desempeña un papel decisivo, debido a su alto grado de elaboración técnica. Así como el segundo y definitivo paso del animal al hombre fue el paso tecnológico, el paso definitivo de la técnica a la cultura es el del descubrimiento casual a la invención planeada, base de una revolución tecnológica. La primera revolución tecnológica se produce en na de las praderas salvajes y las transforma en campos conservación de los granos más allá de las necesidades del pueblo agricultor. La técnica del cultivo se expande y la vida social se organiza sobre mejores bases. Nace la vida urbana, que en un futuro no lejano suplantará del todo a la vida rural. La vida rural es ya un anacronismo. Mediante la técnica, las fuentes de alimentación del hombre estarán en la urbe; dejarán de ser un mero producto natural deI campo. Las granjas del futuro próximo serán más bien fábricas. La palabra “establo” será arcaica; el ganado que se utilice gozará de un nivel de comodidades semejante al de los hombres de las ciudades adelantadas.
Los fenicios pueblo comerciante proletarizan y difunden el alfabeto. La era técnica se enriquece con este precioso y poderoso instrumento. Los descubrimientos e inventos se multiplican. La técnica evoluciona. Si en su vida salvaje el hombre llega a inventar instrumentos complicados como el taladro, el cuchillo, la sierra, la cuña, el formón, la azada, el hacha, en su vida civilizada y urbana, la posibilidad de creación es proporcionalmente mucho más compleja y rápida. Articuladas las piezas esenciales de un mecanismo cualquiera sea técnico, social, cultural, político, etc., la evolución de ese mecanismo se acelera. Una vez definida e integrada, la técnica trabaja, podríamos decir, por sí misma. El clima de vida que crea su presencia incita al hombre a descubrir, inventar y crear. Es como si se produjera una fecundación técnico biológica, que hace de las máquinas cosas sorprendentes, y en algunos casos maravillosas criaturas del hombre. El amor del hombre por sus creaciones técnicas es, con frecuencia, más fuerte y permanente que el amor a sus criaturas biológicas. La civilización y la cultura constituyen sistemas sujetos a normas y principios técnicos. Las sociedades modernas no son más técnicas que las de hace 20.000 años por el hecho de que hoy se tienen maquinarias y antes no, sino porque para sostenerse y perdurar han debido darse estructuras técnicas progresivamente complejas.
Una nueva naturaleza se va creando por el influjo de la técnica. Con el comienzo de la era atómica estamos en el umbral de las más grandes transformaciones que haya conocido el hombre. La profunda mutación tecnológica de que la humanidad es testigo sin darse todavía plena cuenta de ello producirá mutaciones sociales y culturales de igual carácter, que harán del hombre del futuro un ser muy distinto del actual. Tales cambios son inevitables. El hombre debe prepararse para afrontarlos y gobernarlos. Sus armas son la ciencia y la tecnología. El hombre debe abandonar su actitud discursiva y contemplativa. Sus diversos sistemas de vida social, cultural, económica, política, etc., necesitan ser renovados, o sustituidos, o reajustados, o sufrir una evolución de acuerdo con el proceso tecnológico, que avanza a pasos de gigante. Nuestras escuelas, nuestra vida social no preparan adecuadamente para ello. Se sigue repitiendo lo que está en los libros, sin estimular el ingenio, la creación, la investigación y el estudio de los problemas. En la mayor parte de los países del mundo la enseñanza científica y técnica vanguardia de la enseñanza y de la educación modernas es una mera re petición de principios, de definiciones y de fórmulas. Llegará el día en que el hombre habrá desarrolla problemas. En la mayor parte de los países del mundo su mentalidad tecnológica, que será el comienzo del estado más avanzado de la civilización y la cultura de todos los tiempos. La mentalidad tecnológica será capaz de reunir en una gran concepción del mundo y de la vida todo lo que tenga algún valor en la evolución del hombre. Entonces se verá que las discriminaciones de hoy y de antaño para evitar que la técnica aparezca como la fuente de toda civilización y cultura, son, en realidad, discriminaciones enderezadas a evitar que los pueblos aprendan a manejar el instrumento técnico que les dará el control económico, social y político, hoy en poder de poderosas castas dominantes. La técnica, que ha liberado al hombre de su servidumbre física frente al ambiente, contribuirá también a liberarlo de su servidumbre económica, social y política.



