
Uno de los grandes cambios que han de ocurrir y que tendrá hondas repercusiones sociales, económicas v políticas, es la transformación de la clase obrera, de mera ejecutora y de servidora de la máquina, en clase técnica creadora y directora. El obrero técnico del futuro será, de hecho, un universitario. La concepción, diseño, fabricación y prueba de máquinas electrónicas requiere la colaboración de técnicos de ejecución, además de ingenieros de concepción y dirección. Esos técnicos e ingenieros saldrán en gran parte de lo que ahora constituye la clase obrera, transformando el poder intelectual de ésta, con todas las consecuencias económicas, sociales y políticas que esto ha de acarrear. La fisonomía de lo que hoy constituye el proletariado cambiará mucho antes del fin del siglo. El obrero tendrá más tiempo que ahora para estudiar, descansar y emplear bien su tiempo libre. La clase obrera habrá vencido con su preparación técnica y científica una de las más formidables vallas que le han impedido poner en función su in menso y saludable contenido económico, social y político.
El acceso de las clases populares a todos los grados de enseñanza, de la primaria a la superior, marca el advenimiento de una nueva era en el sistema escolar público. En la segunda mitad del siglo xix, en los países que se caracterizaron por alcanzar altos niveles de progreso económico y social, el acceso de la clase media a dichos grados de la enseñanza significó un cambio en la dirección política de los estados modernos. Aunque las clases económica y socialmente “superiores” o sea la aristocracia y la gran burguesía estuvieron directa o indirectamente presentes en el ejercicio del poder político, la clase media proporcionó buena parte del elenco gobernante y administrativo de las naciones; muchos de sus componentes fueron maestros, profesores y miembros de las profesiones liberales, y tuvieron acceso a todos los grados y niveles de enseñanza, aunque nunca en igual proporción que las clases adineradas, que podían pagarse todos sus estudios.
En cuanto a los individuos de las clases asalariadas más pobres obreros y campesinos como no se les exigía el empleo de su inteligencia sino actividad física, la escuela no se consideró indispensable para ellos. Todavía se les ve asistir a la escuela primaria, a la secundaria y a la universidad en mucha menor proporción que los hijos de las clases media, pequeña burguesía y burguesía, y forman el grueso de los analfabetos en cada país y de los empleados de más baja calificación. Pero esta situación ha venido sufriendo cambios cada vez que se han producido cambios de nivel económico y social. En Francia, los hijos de obreros de la industria (el 30 % de la población activa) están representados por sólo el 3,5 % de los estudiantes universitarios (1,9 % en 1950), y los hijos de obreros agrícolas representan sólo el 0,8 % del total. En los Estados Unidos, en cambio, se calcula que la proporción de estudiantes universitarios hijos de obreros, aumentará del 3 % actual al 24 % en el futuro inmediato. El saber del hombre, en su conjunto, es vasto; pero lo será mucho más, todavía. El hombre medio del mañana será, quizás, como el genio de nuestros días. El nuevo mundo técnico necesita de la inteligencia de toda su población, pues el hombre está abocado a la tarea de empezar a montar el primer Universo Técnico.
Con el primer satélite lanzado el 4 de octubre de 1957sabilidad de llevar adelante, sin límites, la maravillosa proeza de la creación de ese Universo. Como resumen, diríamos: Que el hombre pertenece a una civilización tecnológica. Que esta civilización tecnológica ha llegado a etapas superiores de su desarrollo con la desintegración del átomo y con la técnica electrónica. Que el hecho de que en los últimos cien años la técnica haya evolucionado y se haya extendido rápidamente, en contraste con la lentitud y limitación de su desarrollo durante los centenares de miles de años que siguieron a las mutaciones biológicas que dieron origen al hombre creador de la técnica no significa que la civilización tecnológica sea un accidente en su línea evolutiva. Que la civilización tecnológica formará nuevos tipos de hombres y de sus sociedades y nuevas formas de vida y de cultura.
Que nuevas mutaciones técnicas influirán grande mente en la estructura y funcionamiento de la vida, a cuyas nuevas condiciones el hombre debe aprender a adaptarse. Que hay que preparar a todo el mundo para que sepa vivir en la nueva era tecnológica, fomentando el desarrollo de una nueva actitud científico técnica y proporcionándole una enseñanza adecuada de este carácter. Que habrá que basar los planes, programas y métodos de enseñanza obligatoria y común en esos principios y objetivos, si se quiere que la escuela funcione bien, y de acuerdo con las nuevas condiciones de vida planteadas. Que así como hasta la desintegración del átomo y la fabricación de las máquinas electrónicas había que esperar que el progreso social, económico y político impulsara el desarrollo tecnológico, hoy es éste el que está impulsando a aquél. Que como consecuencia del creciente desarrollo tecnológico se está produciendo una popularización universal del saber, y como consecuencia de esto, a su vez, una de las más grandes revoluciones de todos los tiempos. Que estamos en el umbral de esa gran revolución, que es preciso llevar adelante, para bien del hombre, hasta sus últimas consecuencias.


