Este tipo de juicio se denomina juicio definitorio o simplemente definición

En el juicio definitorio hay un sujeto que es “lo definido”, la cópula, y un predicado que es “la definición”.

Esto indica que en el juicio definitorio el predicado repite el sujeto desarrollando las notas que en este último aparecen implícitas y, por otra parte, que siempre los conceptos que forman la definición y el concepto sujeto pueden ser intercambiados, puesto que unos y otros tienen idéntica connotación. Así lo afirmaba Pascal cuando en su ensayo Sobre el arte de persuadir (o sea, el que consiste en la “producción de prácticas metódicas perfectas”) manifestaba que este arte constaba de tres partes esenciales; “la primera decía se cifra en que hay que definir los términos que son empleados en las definiciones; la segunda consiste en proporcionar principios o axiomas evidentes para probar la cosa de que se trata; la tercera en sustituir siempre mentalmente, en la demostración, las definiciones en el lugar de los definidos. La razón de este método es evidente explica a continuación Pascal, puesto que sería inútil proponer lo que se quiere demostrar y emprender esta demostración, si antes no se hubiesen definido claramente todos los términos que no son inteligibles; por otra parte, es preciso que la demostración sea precedida por el establecimiento de principios evidentes y necesarios, ya que, si no se asegura el fundamento, no se puede asegurar el edificio; y, por último, es necesario, al demostrar, sustituir mentalmente las definiciones en el lugar de los definidos, ya que de otra manera se podría abusar de los diferentes sentidos de que es susceptible cada término. Es fácil comprender que, observando este método, es seguro que se llegará al convencimiento, puesto que, estando los términos perfectamente entendidos y libres de equívocos por las definiciones, y siendo acordados los principios, si en la demostración se sustituyen siempre mentalmente las definiciones en el lugar de los definidos, la fuerza inevitable de las consecuencias no puede fallar en sus efectos”. Definición Real y Definición Nominal. A partir de la Edad Media quedó claramente establecido que una cosa es definir palabras y otra definir conceptos. Se distinguía ya en aquel entonces entre las definiciones nominales y las definiciones reales.

Al definir un concepto se intenta desarrollar las notas del objeto que se consideran referidas por el concepto sujeto, puesto que ya se ha dicho que el predicado (y la definición es un predicado) no refiere notas del sujeto, sino del objeto. En cambio, al definir una palabra se enuncia lo que significa según el uso que de ella se hace en una comunidad lingüística. Las palabras cambian de significado o tienen más de uno. Las definiciones de palabras explican esos significados, que a menudo corresponden a más de un concepto, con otras palabras, de significado conocido. Así, los diccionarios, que definen ordenadamente el caudal léxico de una lengua, se valen de definiciones nominales en las que enuncian los valores semánticos de cada vocablo por medio de otros vocablos que también están definidos dentro de la misma obra. De este modo se forma un encadenamiento de palabras y significados que reflejan el uso de los hablantes de una comunidad. Como se ve, las definiciones nominales escapan, en un sentido estricto, del campo de la lógica para ubicarse más exactamente en el de la semántica descriptiva y la lexicografía. A pesar de esta diferencia, es posible que coincidan exactamente el significado de una palabra y la connotación de un término, aunque esto ocurre más a menudo en el lenguaje científico que en el familiar o coloquial. No hay duda de que las definiciones nominales y reales de “hierro”, “sodio”, “velocidad”, “metro”, “pulgada” o “barómetro” habrán de ser totalmente coincidentes. Ello ocurre porque con cada una de esas palabras el idioma expresa un sólo concepto univoco, y prueba este aserto el hecho de que todas ellas tienen correspondencias exactas en todos los lenguajes naturales. Diversos Tipos de Definición. En el ejemplo:

La casa es un edificio para habitar, la definición “edificio para habitar” consta de dos elementos:

  1. edificio, que es el género del concepto “casa”.
  2. para habitar, que es su diferencia específica. Las definiciones así estructuradas, es decir, “por el género próximo y la diferencia específica”, son las de mayor rigor posible. Existe la posibilidad de formar una serie de conceptos subordinados los unos a los otros, tales como los que se vieron en el “Árbol de Porfirio”. Por medio de ellas cualquier concepto que no sea género supremo puede ser definido por el género inmediato de la serie, de modo tal que se le asignen primeramente las notas de éste y a ello se agreguen las notas de la diferencia específica, con lo cual se completa el conjunto de notas que son propias del concepto definido.

Así, la definición por género próximo y diferencia específica resulta la definición real por antonomasia. Al enunciar la serie de conceptos del “Árbol de Porfirio” se han definido de este modo los conceptos cuerpo, cuerpo animado, animal y hombre.

Otros dos tipos de definición consisten en predicar del sujeto los predicables accidentales; lo propio y el accidente. Ya se han caracterizado estos dos tipos de conceptos predicables; sólo resta decir que en la definición por lo propio la o las notas que la constituyen no son esenciales, pero derivan de la esencia, como cuando se dice:

La casa es un conjunto de recintos techados. Por su parte en la definición por accidente las notas no derivan de la esencia, y si esas notas forman una enumeración que pretende ser completa, la definición se transforma, en definitiva, en una descripción del objeto.

Related Post