ESCUELA PARA PADRES

Alguien dijo, sintetizando literariamente un concepto intuido por todos, que “el educador debe ser educado”, o expresado, en otros términos: que todos aquellos que de una manera u otra tienen parte en el quehacer educativo, deben recibir una preparación adecuada a los adelantos de la pedagogía, la psicología y demás ciencias del hombre, para poder ejercer su misión con mayores probabilidades de éxito. La escuela, con todas las instituciones que le son afines, cumple con esos requisitos en los países culturalmente desarrollados, pero a menudo se subestima un factor importantísimo en el camino de la formación ya sea cultural, moral y psíquica de cualquier niño: los padres. En efecto, las horas que el pequeño pasa en las aulas no pueden competir en número con las que transcurren en el hogar; además, cuando el niño ingresa en la escuela, ya lleva varios años de formación en el seno familiar. El resultado es que muchísimas veces, y siempre con las mejores intenciones, la familia, por desconocimiento de preceptos básicos de pedagogía, de psicología y de higiene mental, actúa deformando y con la creencia de que cumple bien con su deber de educar a los hijos. Esta situación, comprendida por todos los maestros, ha terminado por encontrar su solución en una iniciativa que, nacida en Francia hacia 1925, ha terminado por extenderse en Europa y América: la escuela para padres.

Naturalmente, ésta no significa la existencia de una institución clásica, con sus clases, promociones y horarios, sino que representa una actividad de extensión cultural desarrollada por especialistas a través de conferencias, charlas, mesas redondas, etc., donde se escucha el planteo teórico de los problemas, se discuten las aplicaciones prácticas y se llega a soluciones que interesan por igual a todos los asistentes. Por lo común se procede de la siguiente manera: un problema general, o particular, planteado por alguno de los presentes, es desarrollado y resuelto en una sola reunión, de manera que todos reciben la enseñanza oportuna. A fin de expresar ideas claras y correctas el lenguaje ha de ser también claro y correcto, y a este principio deben ajustarse los profesores de las escuelas para padres. Además, hay que tener en cuenta, el nivel mental de los oyentes y, por lo tanto, una misma clase debe ser repetida para diversos tipos de padres: intelectuales, clase media, obreros, etc. De esta manera se logran los verdaderos fines de tal divulgación de conocimientos: que todos puedan llegar a una exacta comprensión de los problemas educativos y a ser verdaderos colaboradores de la escuela. Con ellos se evita el divorcio tan común entre hogar y escuela, que redunda en perjuicio del niño. Estas escuelas para padres propiciadas en muchos lugares por la universidad, cuyos profesores se brindan tesoneramente a contribuir con sus conocimientos, en forma práctica y accesible a todos se ocupan, por ejemplo, de temas como los siguientes: “El niño que debe hacer los deberes en la casa”, “La joven esposa que teme el embarazo”, “El padre que delega toda la responsabilidad de la educación en la madre”, “La tragedia del hijo único, cuando los padres dramatizan la situación”, aparte de otros referentes a problemas médicos y sociales. En Italia, donde las escuelas para padres han adquirido grandísimo desarrollo, se han realizado verdaderas estadísticas con referencia a los temas que más interesan a los padres de cada región, lo cual permite comprender sus necesidades culturales y al mismo tiempo centrar en ellas el grueso de la enseñanza. 

ESCUELAS PARA ADULTOS

Durante el siglo xix se desarrolló una extra ordinaria acción educacional que tuvo por la difusión de la escuela primaria. Como consecuencia del advenimiento de los regímenes de socráticos, sintiese la necesidad de dotar al pueblo de aquel mínimo de conocimientos que se consideró indispensable para que pudiera cumplir conscientemente los derechos y deberes impuestos por el reconocimiento de su soberanía La difusión de la escuela primaria no resolvió el problema. Por otra parte, muchos adultos que ya habían rebasado los límites de la obligatoriedad escolar quedaron excluidos de sus beneficios. Debido a ello, en la centuria pasada, recibieron nuevo impulso las denominadas escuelas nocturnas o de adultos, cuya creación se remonta a las últimas décadas del siglo XVIII. Estas escuelas de perfeccionamiento abarcares orientaciones fundamentales, según las actividades que desarrollan: enseñanza comercial para oficinistas (taquigrafía, dactilografía, práctica de escritorio, contabilidad, idiomas, etc.) enseñanza técnico industrial (encuadernación, carpintería, electrotécnica, radiotelefonía, química industrial, etc.), y labores manuales femeninas(bordado, corte y confección, lencería, economía, juguetería, industrias del hogar, etcétera).De la índole de los contenidos que comprenden y la actitud de los alumnos que las frecuentan, surgen los problemas capitales que plantean las escuelas nocturnas. Las enseñanzas no siempre responden a los requerimientos de los alumnos ya que, por razones de orden económico, deben limitarse, y reducirse prácticamente a aquellas que los profesores pueden brindar. Los alumnos, por otra parte, no siempre disponen de tiempo para estudiar y, como concurren a la escuela después de cumplida su jornada de trabajo, en ellos es sensible la influencia de la fatiga. De ahí que estas escuelas requieran personal docente especializado que, por sobre todas las cosas, comprenda realmente la situación de los alumnos y utilice adecuados recursos didácticos que hagan de ellos elementos activos, que estudien en clase. No deben considerar a tales alumnos como entes pasivos que se limitan a recibir conocimientos no asimilados y a menudo ni siquiera comprendidos.

Related Post