
La educación, que es el proceso mediante el cual el hombre llega a ser realmente hombre, tiene dos características esenciales. En primer término, no se cumple durante un período limitado de la vida, sino que se desarrolla durante toda la existencia del ser humano. Sin embargo, la distinción de la educación, Sin embargo, la distinción de la educación intelectual aparece justificada por el hecho de que en la escuela se atiende de manera especial a la formación del mundo de conocimiento del educando, con el objeto de darle una visión de la realidad y permitirle adoptar una posición valorativa frente a ella. Esto es debido a que la enseñanza, que es la forma normal de la educación sistematizada o escolar, consiste esencialmente en la transmisión de conocimientos y habilidades. Frente a esta posición netamente intelectualista, otros consideran que es misión de la enseñanza desarrollar todas las fuerzas del educando, tanto intelectuales como volitivas y afectivas. De ahí surge la distinción clásica que efectuó De ahí surge la distinción clásica que efectuó Friedrich Wilhelm Dörpfeld (1824-1893), al hablar de una educación materialista, que considera esencial proporcionar conocimientos al educando, como opuesta a una educación formalista, que se preocupa por el desarrollo de todas las facultades del sujeto. En nuestra época, ambas posiciones han sido superadas. La transmisión de bienes culturales objeto de la educación intelectual debe armonizarse con el desarrollo de las capacidades del educando, pues el fin de la educación es elevar la individualidad del alumno aI plano de la personalidad.
La Educación Intelectual en la Escuela
En la escuela, la educación intelectual se logra por medio de los contenidos educativos, que están constituidos por el conjunto de conocimientos, habilidades y actividades que son fruto de las experiencias acumuladas por la humanidad. Pero éstas no las toma la educación como algo hecho, sino como algo que el educando debe generar en su propio espíritu. Por eso tales experiencias deben repetirse en cada generación de estudiantes. El problema más importante en lo que se refiere a la educación intelectual, consiste en la selección de los contenidos educativos. Es indudable que en la escuela todo puede enseñarse: tanto el catecismo como la historia, el dibujo y la natación, la dactilografía y el ajedrez. ¿Pero es justo y posible que todos los contenidos sean enseñados? Es evidente que no, pues. por desarrollar su acción durante un número limitado de años y por la extensión de los conocimientos humano hay necesidad de limitarlos. Tradicionalmente, la selección de los contenidos de la educación intelectual se ha efectuad con sometimiento a influencias no pedagógica Así, la Iglesia concedió valor extraordinario la intensificación de los contenidos religiosos, i vida práctica, por el contrario, exigió ciertos con tenidos de tipo profesional o técnico. Pero de estos limitados fines instructivos que no hacían más que completar la acción educativa de la familia se pasó a fines más amplios. Así entraron en la educación la gramática, la geografía, la geometría, la historia, el dibujo, la historia natural, el trabajo manual, los ejercicios físicos, etcétera.
El Interés en la Educación
Dicho interés no es algo nuevo en educación Ya Erasmo sostenía que las enseñanzas interesantes (agradable) libra al educando de la fatiga y del aburrimiento. Lo mismo afirmaron Comenio, Locke y Spencer. Y Herbart, por su parte, formuló toda una doctrina del interés, al sostener que consiste en una disposición especial que se exterioriza como deseo o voluntariosa como deseo o voluntad. Hoy no se cree que esta doctrina de la enseñanza interesante sea suficiente como fundamento de la educación intelectual. El interés, de acuerdo con la psicología contemporánea, no deriva sólo del placer que encierra una materia, pues a menudo puede derivar de la conciencia que tenga el alumno sobre el valor de dicha materia.
En síntesis, no puede aceptarse, como único criterio de selección, el punto de vista del educando. Este criterio debe ser completado con el punto de vista de la sociedad. De acuerdo con él, los contenidos de la educación intelectual deben seleccionarse atendiendo a los fines que se persiguen con la acción educativa sistematizada. En nuestros días se reconoce que la educación intelectual no sólo debe brindar informaciones destinadas al desarrollo y adaptación del sujeto, sino que se destaca que los contenidos educativos deben permitir y favorecer la formación de la conciencia de su personalidad. Por eso, deberán cumplir una triple finalidad educativa:
- Han de servir al educando para conocerse. La historia, la ciencia, el arte, etc., contribuyen a que el educando llegue a ver qué es, pues le muestran distintos aspectos de lo que es el hombre.
- Deben procurarle el conocimiento del mundo físico y humano, mostrándole su estado actual, sus posibilidades y la relación que tienen con él. Esto sirve para que el educando adquiera la medida de su propio valor y pueda utilizar ese mundo en lo que es utilizable.
- Por último, al conocer al mundo en que vive y conocerse a sí mismo, el educando está en condiciones de definir su posición ante la vida, determinar su acción frente al mundo y vivir de acuerdo con fines y valores por él reconocidos.
A pesar de que esto es admitido por la teoría pedagógica, nos encontramos con que no hay ni ha habido una solución uniforme en lo que se refiere a los contenidos de la educación intelectual. Ello se debe a la influencia de distintas exigencias circunstanciales. Hay exigencias de orden teórico, que surgen del concepto que se tenga del hombre y de la vida, y que por ello seleccionan los contenidos educativos de acuerdo con el tipo de hombre que se trata de formar. Por otra parte, están las exigencias de orden práctico, pues los menesteres de un momento dado llevan a impulsar la formación de un tipo de hombre que satisfaga la necesidad de una comunidad determinada. Finalmente, existen exigencias de orden técnico, que gravitan principalmente sobre los aspectos instrumentales del conocimiento. Por ello, esta triple exigencia ha hecho que el contenido de la educación intelectual sea objeto de controversias, pues siempre está condicionado por las circunstancias sociales, políticas y económicas en que un país se desenvuelve. Y aquí aparecen las dificultades más serias, pues surgen factores nuevos (y a veces extra pedagógicos) que influyen poderosamente: la posición del Estado, las influencias políticas del momento, las corrientes de opinión, etcétera.



