El hombre y la educación

Cada vez que el estado del medio social incline la conciencia pública hacia el ascetismo, la educación física será rechazada a un segundo plano. Es un poco lo que se produjo en las escuelas de la Edad Media; y dicho ascetismo era necesario, porque la única manera de adaptarse a la rudeza de esos tiempos difíciles consistía en amarla. Del mismo modo, de acuerdo con la corriente de opinión, esa misma educación será interpretada en los sentidos más diferentes. En Esparta, tenía sobre todo por objeto endurecer los miembros contra la fatiga; en Atenas, era un medio para que los cuerpos se hicieran hermosos de ver; en tiempos de la caballería, se le pedía que formara guerreros ágiles y ligeros; en nuestros días, sólo tiene una finalidad higiénica, y se preocupa por sobre todo de contener los peligrosos efectos de una cultura intelectual demasiado intensa. De esta manera, hasta Ias cualidades que parecen, a primera tan espontánea vistamente deseables, no son buscadas por el individuo sino menudo la sociedad le invita a ello, y las busca de la manera que ella le prescribe que planteaba todo cuanto antecede. En tanto que mostrar m los individuos, podría parecer que éstos sufrían, en consumismos están interesados en esa sumisión; porque el nuevo edifica así en cada uno de nosotros, representa aquello que piamente humano. 

El hombre, en efecto, no es un hombre un artículo, demostrar con rigor una proposición tan general y tan importante, y que resume los trabajos de la sociología contemporánea. Y, además, no es imposible recordar sumariamente los hechos más esenciales que la justifican. Para empezar, si hay hoy un hecho históricamente establecido, es que la moral está en estrecha relación con la naturaleza de las sociedades, puesto que, como lo hemos demostrado al pasar, ella cambia cuando las sociedades cambian. Es la sociedad, en efecto, que nos saca fuera de nosotros mismos, que nos obliga a tener en cuenta otros intereses aparte de los nuestros, es ella que nos enseña a dominar nuestras pasiones, nuestros instintos, a darles normas, a privarnos, a incomodarnos, a sacrificarnos, a subordinar nuestros fines personales a fines más altos. Todo el sistema de representación que mantiene en nosotros la idea y el sentimiento de la regla, de la disciplina, tanto interna como externa, lo ha instituido la sociedad en nuestras conciencias. Así hemos adquirido ese poder de resistirnos a nosotros mismos, ese dominio sobre nuestras inclinaciones que es uno de los rasgos distintivos de la fisonomía humana y que está tanto más desarrollado cuando más plenamente somos hombres.

Todas esas ideas fundamentales están perpetuamente en evolución; y eso porque ellas son el resumen, la resultante de todo trabajo científico, lejos de ser, como lo creía Pestalozzi, su punto de partida. Nosotros no nos representamos el hombre, la naturaleza, las causas, el propio espacio, como se los representaba en la Edad Media; la causa está en que nuestros conocimientos y nuestros métodos científicos ya no son los mismos. Ahora bien; la ciencia es una obra colectiva, puesto que supone una vasta cooperación de todos los sabios no sólo de una misma época sino de todas las sucesivas épocas de la historia. Antes que fuera constituida la ciencia, la religión cumplía el mismo papel; pues toda mitología consiste en una representación, ya muy elaborada, del hombre y del universo. La ciencia, por lo demás, ha sido heredera de la religión. Al aprender una lengua, aprendemos todo un sistema de ideas, distinguidas y clasificadas, y heredamos todo el trabajo de donde han salido esas clasificaciones que resumen siglos de experiencias. Hay más: sin el lenguaje no tendríamos, por así decirlo, ideas generales; pues es la palabra la que, al fijarlas, da a los conceptos una consistencia suficiente para que puedan ser cómodamente manejados por el espíritu. 

Es, pues, el lenguaje, lo que nos permite elevarnos más allá de la pura sensación; y no es necesario demostrar que el lenguaje es una cosa social. Vemos por estos pocos ejemplos a qué se reduciría el hombre si retiráramos de él todo lo que recibe de la sociedad; caería en el rango animal. Enseguida, y sobre todo, porque los productos del trabajo de una generación no se pierden para la que sigue. De lo que un animal pudo aprender en el curso de su existencia individual, casi nada puede sobrevivirle. Pero, tanto como la cooperación de que nos ore en y por la sociedad. Pues para que el legado preciso que haya una personalidad moral que dure pasan y que las vincula por sobre las generaciones que unas con las otras: es la sociedad. Así, el antagonismo que demasiado a menudo se ha admitido entre la sociedad hechos nada. Lejos de individuo no corresponde en los que ambos términos se opongan y sólo puedan desarrollarse. EI individuo, al en un sentido inverso, ellos se implican. Ejerce sobre él, especialmente por la vía de la educación, naturalizarlo, sino, por el contrario, agrandarlo y hacer de él un engrandecerse así haciendo un esfuerzo.

 

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