ESCUELAS PARA ADULTOS

Durante el siglo xix se desarrolló una extraordinaria acción educacional que tuvo por meta la difusión de la escuela primaria. Como con democráticos, sintiese la necesidad de dotar al pueblo de aquel mínimo de conocimientos que se conscientemente los derechos y deberes impuestos por el reconocimiento de su soberanía La difusión de la escuela primaria no resolvió el problema. En muchos países por razones de distancia, dispersión de la población, carencia de recursos, etcétera- no alcanzó a todos los niños, quienes, en consecuencia, pasaron a aumentar la masa de analfabetos. Por otra parte, muchos adultos -que ya habían rebasado los límites de la obligatoriedad escolar quedaron excluidos de sus beneficios. Debido a ello, en la centuria pasada, recibieron nuevo impulso las denominadas escuelas nocturnas o de adultos, cuya creación se remonta a las últimas décadas del siglo XVIII.

Nacidas con el limitado propósito de enseñar a leer a los adultos, pronto se comprendió que para constituir un foco de atracción debían brindar algo más que la enseñanza de la lectura, la escritura y los rudimentos de la aritmética. De ahí que se les fueran incorporando una serie de contenidos de carácter práctico cuya adquisición resultara interesante, por su utilidad inmediata, para los que las frecuentaran. Por eso estas escuelas han sobrepasado su limitada finalidad originaria y en la actualidad se han diversificado, llegando a constituir el núcleo más importante de la llamada educación postescolar.

Misión concreta de este ciclo de la educación sistematizada es completar la formación cultural o la preparación técnica de los adultos que, por diversas razones, no pudieron efectuar o perfeccionar su enseñanza elemental y no tuvieron oportunidad de continuar estudios en los estable-cimientos técnico-profesionales del ciclo medio.

Estas escuelas de perfeccionamiento abarcan tres orientaciones fundamentales, según las actividades que desarrollan: enseñanza comercial para oficinistas (taquigrafía, dactilografía, práctica de escritorio, contabilidad, idiomas, etc.) enseñanza técnico-industrial (encuadernación, carpintería, electrotécnica, radiotelefonía, química industrial, etc.), y labores manuales femeninas (bordado, corte y confección, lencería, economía, juguetería, industrias del hogar, etcétera).

De la índole de los contenidos que comprenden y la actitud de los alumnos que las frecuentan, surgen los problemas capitales que plantean las escuelas nocturnas. Las enseñanzas no siempre responden a los requerimientos de los alumnos ya que, por razones de orden económico, deben limitarse, y reducirse prácticamente a aquellas que los profesores pueden brindar. Los alumnos, por otra parte, no siempre disponen de tiempo para estudiar y, como concurren a la escuela después de cumplida su jornada de trabajo, en ellos es sensible la influencia de la fatiga.

De ahí que estas escuelas requieran personal docente especializado que, por sobre todas las cosas, comprenda realmente la situación de los alumnos y utilice adecuados recursos didácticos que hagan de ellos elementos activos, que estudien en clase. No deben considerar a tales alum-nos como entes pasivos que se limitan a recibir conocimientos no asimilados y a menudo ni si-quiera comprendidos.

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