¿QUÉ DEBE “CONSOLIDARSE” EN LA ESCUELA?

  1. a) Las múltiples quejas, arriba citadas, acerca de la carencia de rendimientos escolares, ponen de relieve cuán diversas pueden ser las opiniones referentes a los “contenidos” de la materia de enseñanza que deben asegurarse: ¿Se trata de afianzar más los bienes del saber material, tal vez en forma de la “cultura general”, o nos preocuparemos más bien por una ejercitación insistente de las fuerzas y habilidades formales? De esta decisión principista sobre las verdaderas tareas y fines de la formación elemental depende en gran parte que los reproches mencionados se justifiquen o no. Una actitud anticuada a nuestro entender que mide el éxito o el fracaso únicamente según el caudal de saber demostrable y controlable, siempre podrá criticar la labor escolar moderna y los resultados de su enseñanza. Mas en otro lugar señalamos que la auténtica formación se compone de una faz formal y otro material. Si comprendemos por ello el enriquecimiento de valores de un ser joven y no sólo la mera adquisición de un caudal de saber, entonces salta a la vista que más de una exigencia de asegurar un saber “huero” carece de vigor. Nadie puede pedir en serio que un saber carente de significación, en su variedad aislada, su abundancia material, sus anticipaciones infantiles y su falta de relación con las vivencias del alumno, se conserve aun cuando ese material no guarde conexión alguna con la vida posterior del joven. Las distintas investigaciones del saber de los egresados 89 muestran a las claras que el grado de olvido es tanto mayor cuanto menos las materias examinadas estén relacionadas con la vida y profesión de los egresados. Muchas de las cosas que se aprenden en la escuela se pierden sencillamente porque más tarde, en la vida, el alumno no las encuentra ni puede poner en práctica las fuerzas formales previamente ejercitadas. Un detenido examen entre gente presuntamente culta acerca de los conocimientos alguna vez adquiridos, pero que nunca tenían importancia en su vida ulterior, no daría resultados muy distintos. La exigencia de una mayor ejercitación y memorización del saber material se justifica, pues, sólo con la condición de que ese material provenga, más que hasta ahora, del ámbito natural de la vida de nuestros niños.
  2. b) En la práctica se ha impuesto, desde hace mucho, una doble tarea en cuanto a la consolidación general del rendimiento. Si adoptamos aquí esta distinción, lo hacemos con la reserva expuesta anteriormente al considerar el desarrollo material y formal. Podemos pasar por alto aquí la cuestión de si ambas faces, desde un punto de vista psicológico, pueden remontarse a ciertas estructuras básicas del alma humana. Sea como fuere, en la práctica el “estudiar” y el “ejercitar” se presentan como fenómenos independientes; en una clase el acento puede ponerse sea sobre la consolidación del saber adquirido, sea sobre la ejercitación de las habilidades.

LAS LEYES PSICOLÓGICAS DE LA MEMORIZACIÓN Y LA EJERCITACIÓN

La mnemotecnia brinda valiosas indicaciones sobre una fecunda memorización de contenidos de saber y conocimientos; en cambio, el campo y la técnica de la buena ejercitación están menos estudiados. La pregunta que en este sentido nos interesa, es ésta: No existen leyes especiales de memorización que nos permitan llevar a cabo en forma económica el proceso del aprendizaje, por una parte, y por la otra asegurar, de una manera duradera, ¿los resultados del estudio? ¿Qué podemos hacer nosotros los maestros en clase para hacer que la memorización sea más fecunda y eficiente?

Nuestros esfuerzos en favor de una conservación y repetición acertada y duradera no se refieren por igual a todos los materiales didácticos. Puesto que en esos casos la participación y el interés íntimos son tan persistentes, a nadie se le ocurrirá una ejercitación aparte de esas vivencias y experiencias. ¿Pero qué sucede con la gran mayoría de los conocimientos y experiencias didácticas? Para ellos es imprescindible el repaso, la ejercitación, el afianzamiento. 

Aprender inteligentemente significa, además: articular, estructurar, ordenar, “organizar”. Los detalles aislados, carentes de interrelación significativa, son los quo más rápidamente so olvidan. Para contrarrestarlo creamos órdenes interiores, establecemos correlaciones y hacemos comparaciones. Aprender inteligentemente significa articular y agrupar, destacar y clasificar, distinguir entre lo importante y lo quo no lo es.

El método global de aprendizaje, con el cual se aprende el tema en su totalidad, por decirlo así, es superior al aprendizaje parcializado porque las relaciones asociativas ayudan en la reproducción, mientras que, al aprender por partes (p. ej. aprender de memoria una poesía), se establecen asociaciones Falsas en el niño que frenan el proceso. El aprendizaje global no excluye, por cierto, que después ciertas partes difíciles so entresaquen y se ejerciten por separado. Para terminar, empero, se repasa otra vez en forma global. Esta regla general no puede extenderse sin más a unidades mayores de estudio. En esos casos conviene un método combinado globalizador y parcializado. La psicología más reciente atribuye, más que en otros tiempos, el proceso del olvido que tiene lugar mientras tanto, a las “inhibiciones retroactivas” que provienen de los contenidos nuevos recibidos. Para no acrecentarlos en forma innecesaria, es preciso no colocar en sucesión inmediata materias similares o análogas (inglés después de francés, una poesía directamente después de otra, etc.). 

 

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