
Un ejemplo muy vivo de socialización elemental en una comunidad rural es el que ofrece el Dr. Orlando Fals Borda, relativo a la aldea de Saucío, situada en los Andes colombianos, la cual contaba en 1950 con 70 familias. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que las afirmaciones generales formuladas por el Dr. Fals Borda no son aplicables a todos los campesinos, puesto que no hay dos individuos iguales. Las influencias domésticas, los factores genéticos y otras consideraciones de orden cultural se combinan para producir la personalidad única del individuo. Por un proceso de socialización (que los antropólogos denominarían “enculturación’). Hechas las advertencias precedentes, consignaremos que en Saucío 48 familias son normales; 14 están incompletas por muerte; 2 se hallan semis paradas; en 4, el jefe de la familia es soltero. Y en dos las esposas han roto completamente sus relaciones con los respectivos maridos.
El sistema de compadrazgo
En Saucío está muy desarrollado el compadrazgo como sistema de protección y como institución que fortalece y extiende la organización familiar, considerada ésta en sentido amplio. La particularidad del compadrazgo en esta comunidad consiste en que es dual; hay el tipo de padrino cristiano, cuyos deberes comprenden el patrocinio para el bautismo, la presentación de los santos y la confirmación, y el de padrino en sentido chibcha, que se designa para situaciones tales como el corte del cabello, la perforación del lóbulo de las orejas y el primer corte de las uñas. El primero es, con mucho, el más importante, puesto que asume graves obligaciones respecto del ahijado en caso de que se quede huérfano. Pero incluso en vida de los padres puede el padrino adoptar al ahijado y entonces debe tratarlo como a sus propios hijos, quienes lo reciben literalmente como hermano. En una palabra, el padrino de bautismo, principalmente, es responsable de la crianza de su ahijado, si éste no tiene pariente legal que se encargue de ella. De los apadrinamientos que se derivan de la tradición chibcha, el más importante es el de corte de cabello, operación que no se efectúa hasta que el niño sepa hablar, porque, de lo contrario, quedaría perjudicada la habilidad para el correspondiente aprendizaje. En cuanto a la perforación de las orejas, sólo puede ser realizada por madrinas.
La vida adulta, el individuo y los distintos grupos primarios con los que se vincula la persona
La iniciación sexual tiene lugar para el varón en los comienzos de la adolescencia, formándose en seguida lo que se podría llamar “complejo de virilidad”, por causa de ser afrentoso permanecer virgo cuando se tiene potencia genésica. Aunque no hay prostitución institucional, el adolescente no encuentra grandes dificultades, porque le ayudan los ya iniciados, y así logran pronto experiencias sexuales con muchachas de la propia comunidad o de Chocontá. El noviazgo formal se mantiene al principio en secreto; pero las relaciones y entrevistas furtivas terminan cuando la familia de la novia acepta al pretendiente. Entonces, el muchacho entra en casa y la relación continúa, bajo la vigilancia, no demasiado estricta, de los padres y hermanos de la muchacha. Con frecuencia las jóvenes se entregan a sus novios con la esperanza de que éstos se casen con ellas. Existe un período premarital de ajuste sexual llamado “amancebamiento”, pero la gente no ve con buenos ojos que se prolongue y, además, el sacerdote lo condena. Con todo, lo que llaman los sociólogos “complejo de virginidad”, parece perder importancia en Saucío cuando la mujer pasa cierto número de años soltera, pues las madres mismas disminuyen su presión sobre las hijas cuando éstas pasan de los 20 años de edad. Acordada la boda, se comunica al sacerdote para que pronuncie las amonestaciones, y cumpliendo este requisito se celebra el enlace con acopio de comida y bebida, y si las familias de los novios no han agotado sus reservas, hacen un viaje al santuario de Nuestra Señora de Chiquinquirá o a cualquier otro lugar religioso de prestigio. El saucita adolece de un intenso egocentrismo, a causa del cual, y de la austera acción socializadora del ambiente, pierde la vivacidad que tenía en la infancia. Desde que comienza la adolescencia sus actos y expresiones aparecen rodeados de la mayor reserva. En las mujeres esta característica es más pronunciada, si cabe, puesto que de niñas y adolescentes están constantemente vigiladas, y después de casarse viven continuamente en la casa y, como el régimen de la comunidad es acentuadamente patriarcal, quedan bajo la autoridad indiscutible del marido. Cuando crea una familia, el saucita repite con su prole el proceso que él mismo experimentó. Entrega a sus hijos, antes vivaces e inteligentes, la misma personalidad orientada hacia la amenaza, introvertida y egocéntrica, que él adquirió de sus mayores. Por motivo de necesidad mutua, de seguridad y de dependencia, los vínculos de familia se conservan fuertes.



