La Inducción al razonamiento

La inducción es una forma de razonamiento por la cual se infiere, de la repetición de ciertas relaciones entre objetos particulares, la existencia de una relación general entre los mismos. En el razonamiento inductivo, pues, la mente procede de lo particular a lo universal, y asciende desde premisas que expresan una regularidad en la manifestación de algunos fenómenos concretos, a una conclusión en la que se piensa esa regularidad como una ley general. A diferencia de la deducción, el razonamiento inductivo no parte de juicios universales que generalmente suponen una inducción previa, sino de juicios particulares sobre percepciones de hechos de experiencia individuales y concretos. Por ejemplo, para llegar a enunciar la ley de dilatación de los metales, se debió partir de la observación de ciertos casos concretos que pueden expresarse en una enumeración de la cual se extrajo una conclusión general:

El aluminio expuesto al calor se dilata.

El hierro expuesto al calor se dilata.

El oro expuesto al calor se dilata.

El platino expuesto al calor se dilata.

Todos los metales expuestos al calor se dilatan. 

Pero la inducción, que ya se ha dicho está fuera del campo de la lógica formal, no termina en la enunciación de una conclusión, sino que piensa esa conclusión como un juicio universal que pue-de aplicarse a todos los fenómenos similares, toda vez que se produzcan o que se hayan producido, aun cuando no se experimente en ellos la verdad de la conclusión; por eso, más allá de las normas formales con que la lógica garantiza la corrección de todo proceso inductivo, éste se extiende al campo de la metodología al enunciar conclusiones con pretensión de universal validez. Así como en el silogismo es fundamental la función del término medio, en la inducción lo es la enumeración. Según sea que la enumeración abarque todos y cada uno de los hechos de los que la conclusión expresa una relación general, o sólo una parte de ellos, se estará frente a una inducción completa o incompleta. 

La inducción completa, la menos común de ambas, consiste en predicar de una clase lo que ya se ha predicado de cada uno de los términos que la componen, de suerte que la conclusión, en cierta manera, repite lo que ya se ha enunciado en varios juicios particulares. Por ello Stuart Mill, que negaba el valor lógico y metodológico de la inducción completa, la llamaba “tautológica”, puesto que, en su concepto, la conclusión repetía el predicado ya enunciado para cada uno de los elementos del sujeto.

La inducción incompleta, también llamada amplificante o baconiana, constituye el método fundamental para la labor de las ciencias experimentales y de las que se fundan en la estadística. En ella la enumeración abarca sólo un cierto número de casos observados en cada fenómeno, realización, se concluye en un juicio que afirma la relación observada como válida para todos los casos posibles. La inducción incompleta resulta científicamente válida, toda vez que hay razón suficiente para pensar que lo que ocurre en unos casos debe ocurrir en todos. El fundamento de ello está en que se supone que en todo lo que acontece se dan relaciones constantes y necesarias, que pueden expresarse en forma de leyes. Es decir, que se atribuye a los fenómenos naturales un comportamiento siempre constante que se puede descubrir con la mera observación de algunos fenómenos similares. Dejando de lado el problema filosófico que este fundamento ha suscitado a partir de la Edad Moderna, la cuestión lógica que plantea la inducción incompleta es la de establecer ciertas normas formales que garanticen las conclusiones correctas de estos procesos. Para lograr ese objetivo, Francis Bacon de Verulam (1561-1626) empleó el método “de las coincidencias”, según el cual formuló sus tres famosas tablas:

  1. La tabla de presencia, donde se registran las circunstancias vigentes cuando ocurre el hecho.
  2. La tabla de desviación o de ausencia, en la que se anotan las circunstancias que faltan cuando el hecho no ocurre.
  3. La tabla de grados, en la que se consignan las circunstancias que varían al variar el hecho. Con la aplicación de las reglas que surgen del empleo de estas tablas, Bacon entendió que la inducción incompleta, llamada en su honor “baconiana”, que procede por generalización de las propiedades de los hechos de experiencia, habría de constituir el fundamento de la nueva “filosofía experimental”. Dos siglos más tarde, el reconocido médico francés Claude Bernard decía en su Introducción al estudio de la medicina experimental, marcando asi los principios fundamentales de la doctrina baconiana: “El método experimental considerado en sí mismo no es otra cosa que un razonamiento con cuya ayuda sometemos metódicamente nuestras ideas a la experiencia de los hechos… El hombre de ciencia no se limita a ver: piensa y quiere conocer la significación de los fenómenos, cuya existencia se le ha revelado por la observación. Para esto, él razona, compara los hechos, los interroga y por la respuesta que recibe controla los unos con los otros. Este género de control en medio de los razonamientos realizados ante los hechos, es lo que constituye, propiamente hablando, la experiencia.”

 

Related Post