
Educador es toda persona capaz de ejercer sobre otro ser humano una influencia material y espiritual, consciente y deliberada, que determine: el desenvolvimiento de energías psíquicas; el progreso de la personalidad y la elevación hacia los valores intuidos.
Por tanto, sólo el hombre puede recibir esa influencia educadora, proveniente, a su vez, de otro hombre capacitado para ejercerla. Dicha influencia no se realizará de manera efectiva si no se cumplen ciertas exigencias.
El educador debe ser capaz: (a) de entablar una relación con el educando; (b) de ejercer una influencia, y (c)de transmitir, a través de esa influencia y relación, un contenido dirigido especialmente a la vida espiritual del educando, con el objeto de formarla y transformarla.
Para realizar esta obra, el educador deberá tener, aunque sea en mínimo grado, una esencial vocación pedagógica. En general, esta vocación docente se manifiesta como una inclinación natural a intervenir de manera activa en la formación y perfeccionamiento de sus semejantes, con entusiasmo, optimismo y una fe inquebrantable, que contribuye así al bien de la comunidad.
Entre los elementos esenciales que caracterizan la vocación pedagógica se encuentra el sentir del eros pedagógico, es decir, el amor por el niño, que lo llevará a realizar, con voluntad firme, el bien del educando y el sentido social de su misión educativa.



