
Cada especie tiene un número indicado de cromosomas. El perro tiene 78, el camello 70, el hombre 48 o probablemente 46, de acuerdo con cálculos recientes, el ratón, 40. Cada cromosoma contiene centenares o millares de genes. Se ha estimado que los 46 cromosomas del hombre, como una especie de promedio, tendrían unos 40.000 genes. Los genes determinan todas las características del individuo: el grupo sanguíneo a que pertenece: el color de sus ojos o cabellos; si su vista será normal o defectuosa; si su nariz será roma o puntiaguda; si será alto o bajo, blanco o negro; si con una dieta abundante será grueso o delgado; si será capaz de distinguir bien un sonido de otro, un color de otro, etc. De los 46 cromosomas que recibe la célula inicial del hombre, 23 provienen de la madre y otros 23 del padre. Cada individuo que se forma difiere, siempre y forzosamente, in totum, del padre y de la madre, pues es una nueva combinación de genes provenientes de los dos progenitores. Se parecerá mucho o poco a ambos de acuerdo con la combinación que resulte del nuevo apareamiento de genes. Supongamos que un gene recibido de uno de los progenitores sea capaz de producir cabello enrulado, y otro gene cabello lacio.
¿Qué cabello tendrá el nuevo individuo? En varios casos estudiados se encontró que los hijos de tales padres tenían cabello enrulado; es decir que -a menos en estos casos el gene que produce este tipo de cabello es dominante sobre el gene que lo produce lacio; cuando los dos genes recibidos producen cabello enrulado, lo tendrá enrulado; cuando los dos lo producen lacio, lo tendrá lacio. El gene que predomina se llama dominante y el otro, recesivo. En muchos casos, ningún gene del par es tan dominante sobre el otro como en el caso descripto. Por ejemplo: un ternero cuyos genes materno y paterno producen pelo rojo, lo tendrá de este color; si los genes de ambos producen pelo blanco, lo tendrá blanco; pero si uno de los genes corresponde al rojo y otro al blanco, su color de pelo será una mezcla de los dos: será un ternero rosillo, o, como también se dice, ruano.
Los miembros de una familia tienen más genes idénticos entre ellos que con los de otra familia con la cual no hay ningún parentesco. Del mismo modo, los componentes de una población de aldea cuyos antecesores se han ido casando entre ellos desde remotas generaciones, tienen muchos más genes idénticos que el término medio de los habitantes de una gran ciudad; por eso hay más parecido entre los miembros de una familia que entre los de familias no emparentadas, y entre los componentes de una población de aldea que entre los de una gran ciudad.
Biológicamente es más sana y tiene más posibilidades de desarrollo y evolución la población de una gran ciudad que la de una pequeña aldea. La razón biológica es la siguiente: todo individuo tiene en su genotipo genes que se llaman anormales o defectuosos, que se transmiten de generación en generación. Los genes defectuosos no se manifiestan si su correspondiente en el apareamiento de los cromosomas es normal y dominante, es decir si cubre su defecto; esto es frecuente cuando los progenitores provienen de familias que no tienen ningún antecesor común; pero el defecto se manifestará con mucha probabilidad cuando la unión es entre miembros de familias estrechamente emparentadas, pues los genes defectuosos pueden tener en el par correspondiente otro defectuoso idéntico; debido a lo cual la anormalidad se manifiesta. Por eso es que no se aconseja como norma el matrimonio entre parientes cercanos, y se prohíbe en casi todas partes entre padres e hijos, o entre hermanos, con independencia de las razones morales que sustentan también esta prohibición.
La unión entre progenitores y vástagos, o entre hermanos, puede producir individuos defectuosos, y sin duda los produce en mucha mayor cantidad que entre individuos de familias genéticamente distantes; pero no los produce como castigo divino, sino como consecuencia de una composición genotípica en la cual se encuentran genes defectuosos comunes. En el hombre, en todos los mamíferos y en muchas otras especies, eI sexo está determinado por un par de cromosomas llamados cromosomas sexuales. En la hembra, este par, como todos los otros pares de cromosomas “no sexuales”, está constituido por dos cromosomas, portador cada cual del correspondiente juego de genes. Este par de cromosomas sexuales se designa XX. El macho, en cambio, lleva un solo cromosoma X; y, haciendo juego con éste, en vez del segundo X de la hembra, se encuentra un cromosoma que no contiene sino muy pocos genes, que se llama Y. Cual quiera de los dos X de la hembra al aparearse en el óvulo con el X del macho, producirá una hembra; si se aparea con el Y del macho, será macho. Cada esperma como cada huevo humano lleva 23 cromosomas; un miembro de cada par. Con respecto al par de cromosomas sexuales, la mitad de los espermas llevan el cromosoma X y la mitad el Y, de modo que hay igual probabilidad de que el hijo sea varón o mujer. La razón por la cual en unos casos el cromosoma X de la madre se aparea con el cromosoma X del padre y otras con el Y, no está dilucidada. Es posible que intervenga también una condición ambiental, o factores químicos o eléctricos de las células o su contorno.



