LAS CONDICIONES DE LAS PREGUNTAS GENUINAS DE LOS ALUMNOS

  1. a) Condiciones exteriores

El cerrado “bloque auditivo” de las filas de bancos no es el mejor ambiente para que se produzcan las preguntas infantiles genuinas. Sólo en la posición frente a frente de niño y maestro y alumno y alumno, sólo con el pleno enfrentamiento exterior de toda la persona, se abre el espíritu infantil. La forma de bloque auditivo, en que el alumno ve sólo la nuca del que tiene delante, no es propicia para crear semejantes actitudes. Otra cosa sucede en cuanto al círculo, o el enfrentamiento frontal en el grupo, en el encuentro personal del yo y el tú: Si cada uno puede ver de frente al otro, si puede mirarle los labios, si percibe cuando el otro ha terminado de hablar, entonces también las formas exteriores llegan a ser naturales. El levantar la mano y el ponerse de pie ante cada pregunta, lo cual se ha hecho una regla general, puede suprimirse y con ello otra de esas formas artificiosas escolares que puede impedir el libre desenvolvimiento de la actividad interrogativa del niño.

  1. b) Condiciones interiores

Pero más importantes son las condiciones y premisas interiores. ¿Por qué pregunta el niño cuando se halla en el ambiente acostumbrado del hogar? Porque confía en el padre y en la madre. Esa relación de confianza es una condición imprescindible también para la genuina pregunta infantil en clase. Cuando en una clase existe una marcada distancia entre maestro y alumnos; cuando al hacer una pregunta en forma muy personal, uno se expone a ser reprendido por el maestro o a quedar en ridículo ante los compañeros, las preguntas enmudecen. También debería haber, en la escuela, la posibilidad de hacer una pregunta a solas. No son las peores preguntas las que surgen después de las clases y en los recreos. La existencia de tales “preguntas confidenciales” indica más que un interés meramente objetivo; son un barómetro, en el cual puede leerse claramente el buen espíritu que reina en una clase. En la medida en que crece semejante relación de confianza, desaparecen también las preguntas especiosas. Los “payasos preguntones”se hacen imposibles; los niños se educan imperceptiblemente para la autenticidad de las preguntas y para juzgar las preguntas que se hagan. Por otra parte, las preguntas auténticas son un incentivo y estímulo para la clase, porque se dirigen a todos, no sólo al maestro.

Éste suele responder sólo cuando la contestación por la comunidad de la clase no es posible o cuando fue equivocada. Pero en ese ir y venir, en el enfrentamiento de los que preguntan y los que contestan, se van formando los primeros rudimentos de un movimiento directo de los alumnos. Éste se hace perceptible también exteriormente, cuando un alumno se da vuelta en clase hacia el que pregunta o responde. También para el ordenamiento material de nuestros contenidos formativos, en particular para la solución del problema de la enseñanza globalizada, la pregunta genuina del alumno puede constituir una posición de partida. “Una pregunta genuina de alumno es la expresión de un vacío existente entre lo sabido y lo que aún no se sabe. Y como un vacío siempre absorbe las masas, la pregunta auténtica exige la integración de todo aquel material que es naturalmente absorbido y atraído, pero sólo hasta la saturación, el equilibrio o, lo que en este caso significa lo mismo, hasta tener la solución” Que nos sirva de advertencia esta bella frase de B. Otto: “Cada vez que un niño quiere hacer una pregunta, las puertas de la cognición están abiertas de par en par, y si entonces las cerramos violentamente con manos rudas, el pestillo se cierra tan firmemente que después ningún cerrajero podrá abrirlo por ingeniosas que sean sus ganzúas”

  1. La conversación instructiva

La consideración de la conversación instructiva nos lleva al centro de la didáctica moderna. Lograr verdaderas conversaciones libres, de carácter animado e infantil, también en la escuela y la enseñanza, es un sueño de todo maestro sensible, si bien su realización se ve restringida en muchos aspectos, por las distintas condiciones escolares y la inmadurez infantil.

LUGAR Y MISIÓN PEDAGÓGICA DE LA CONVERSACIÓN EN LA ACTUALIDAD

Es cierto que, en su cualidad de encuentro formativo, la conversación ha sido reconocida y apreciada desde hace tiempo en pedagogía. Pero si hoy, en la vida pública, se acentúa nuevamente, en todas partes, la gran importancia de la conversación, ello puede atribuirse a los fuertes impulsos que vienen de las corrientes espirituales particularmente de las aspiraciones políticas y sociales del presente. El fomento de una cultura de conversación viva siempre ha sido especialmente animado en épocas de una revolución espiritual, de un enfrentamiento íntimo entre las distintas orientaciones. Esto vale en mayor medida en el campo político y especialmente para la forma de la democracia que busca, a través del diálogo público, de la pugna espiritual de las fuerzas políticas, la realización de una voluntad política. Los sistemas dictatoriales, absolutistas, rechazan, tanto en la esfera pública como en la privada, el enfrentamiento por medio de la conversación. “Allí donde se endiosa el mando y se glorifica la obediencia ciega, la conversación tiene que asfixiarse en germen. 

Las formas totalitarias del estado y de la vida eran la muerte de toda cultura de conversación evolucionada, tanto en la antigüedad como en los tiempos modernos; las formas de vida democráticas siempre han sido las más favorables para la conversación”. Pero las formas genuinas de conversación requieren práctica y ejercitación. Son posibles únicamente cuando se cuidan las “reglas del juego democrático” en las formas de encuentro políticas y humanas, cuando existe la garantía de que se toma en cuenta y se respeta la convicción ajena, de que la actitud del otro pueda influir en la propia decisión, en fin, la garantía del contacto serio entre el “yo” y el “tu” y “vosotros”, con el fin de llegar a un “nosotros” responsable. En una escuela de comunidad, de solidaridad social, en una educación para la dignidad de conciudadano, el cultivo de la conversación reviste una importancia trascendental. Lo que un día será significativo en la vida de los ciudadanos, la ejercitación de una buena técnica dialogal, el respeto ante la convicción ajena, el arte de la discusión genuina, de la refutación objetiva, todo esto debe cultivarse esmeradamente ya desde el fondo, es decir, en la escuela.

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