
En completa oposición a la formación material se halla la formal. Suele denominarse así la formación de fuerzas, capacidades y habilidades, la ejercitación y ejercicio de las funciones espirituales y psíquicas (ejercitación de los sentidos, de la capacidad de observación, de la facultad de razonar, de las habilidades del lenguaje, de las funciones de representación, pero también de las energías emocionales y volitivas, etc.). Las funciones se imaginan como “formas”, por decirlo así, en oposición a los contenidos de la formación. Educación formal significa adquirir lo formal “en” los contenidos, lo cual puede hacerse también, si fuere necesario, con pocos contenidos formativos y pocas asignaturas.
Los defensores de la educación formal apoyan su exigencia de una mayor ejercitación de las fuerzas por la escuela y la enseñanza, en el hecho de que el acostumbrado saber escolar puro suele olvidarse muy rápidamente porque los egresados no encuentran en la vida esos contenidos demasiado “escolares” y en esa forma no pueden aplicarlos. Por otra parte, la realidad de la vida presenta al joven muchos problemas cuya solución no aprendió ni podía haber aprendido en la escuela. De este reconocimiento surge la exigencia de llevar al alumno tempranamente, conforme a su crecimiento espiritual, al camino de la autoayuda, eso es, de crear en él, ejercitando primordialmente todas sus fuerzas, aquel aparato psíquico intelectual con el cual podrá adquirir en la vida, por su propia cuenta, los necesarios contenidos de saber y cultura. La misión más profunda de la educación formal es pues la ejercitación de las funciones en el sentido de la “ayuda para la autoayuda”. Las fuerzas espirituales y psíquicas que desarrollamos en nuestros alumnos no serán olvidadas como el mero saber de materias escolares.
ACENTUACION UNILATERAL DE LA EDUCACIÓN MATERIAL O FORMAL
En la historia de la enseñanza pública alemana no han faltado, hasta el presente, tal como lo muestra también la breve reseña histórica, exageraciones y concepciones erróneas, ya sea hacia el lado material o formal. Lamentablemente no se puede negar que estas palabras son válidas hoy en día igual que antes y que se trata de un problema aún no solucionado, por no decir del ciclo capital de nuestra actual labor educadora. Las continuas quejas de los maestros y las advertencias de padres razonables, preocupados por el bienestar de sus hijos, muestran a las claras que el material en casi todas las asignaturas, ha aumentado en forma amenazadora, determinando con su superabundancia por doquier el espíritu y estilo, ritmo y forma de la labor escolar. Los planes de estudio y de materias han llegado a ser los gobernantes íntimos de In enseñanza. Los maestros observan a menudo “con mirada angustiada el manómetro de la presión del material, cavilando continuamente cómo “terminar” con los programas sin robasar la capacidad de aprehensión de los niños y sin olvidar la asimilación intima. Muchas son las razones por las cuales el peligro del materialismo didáctico, la superabundancia de material, amenaza tan incesantemente, hoy como antes, el espíritu de la vida escolar. Las encontramos tanto fuera como dentro de la escuela.
El motivo principal arraiga en que la conciencia pública, hasta el día de hoy, debido a una evolución histórico cultural que no podemos exponer en este lagar, sigue colaborando saber con cultura y formación. Según el ideal sobre d cual está basada nuestra instrucción pública, el hombre que sabe, es decir, aquí cuyo saber es lo mus vasto y universal posible, es ya de por sí misma a mis cultos y el mejor formado.
El “formalismo didáctico
La concepción y orientación opuesta al materialismo didáctico sobre suma d lado formal queriendo pasar por alto, en mayor o menor grado, las cualidades axiológicas formativas de los contenidos, o tratándolos meramente como contenidos “neutros’ en los cuales el alumno debería ejercitar sus funciones y fuerzas. En comparación con el “materialismo didáctico”, esa actividad constituye el peligro menor. En la historia de Ia escuela alemana sólo se ha dado accidentalmente. Así, por ejemplo, en una orientación unilateral del movimiento do las escuelas activan, ese formalismo fue favorecido grandemente así desde un principio los contenidos materiales Desde esta posición bastan un solo paso para llegar a la opinión con fundamento parcial según esa ejercitación de las fuerzas podría criticarse también en muy pocas materias intercambiables arbitrariamente. En esto sentido puede interpretarse también Ja expresión: “Fortalece y ejercitad el espíritu con pocas y dignas materias. Cumplida está vuestra misión si habéis enseñado a aprender.”
¿Qué se pude decir al respecto? En primer lugar, el concepto de educación formal requiere una aplicación complementaria. Se trata de ejercitar todas las fuerzas psíquicas la percepción y la representación, la memoria y la fantasía, la capacidad de razonamiento y de juicio, pero también la vida emocional. Más según los últimos aportes de la psicología, esas funciones no so dan aislados en la vida psíquica; por el contrario, siempre están entretejidas en la totalidad de la ejecución de la acción yal larga difícilmente pueden ejercitarse en forma separada. “Si estudiamos más detenidamente el carácter de la educación formal, veremos que no se trata de acrecentar la capacidad de rendimiento de funciones aisladas, sino do todo mm grupo de funciones el cual se automatiza, por decirlo así, en su cooperación mutua y en su desarrollo psíquico y físico. En la educación formal se trata esencialmente de hábitos complicados y no do habilidades de funciones aisladas.”


