La educación y su relación con el ambiente

Sí esa relación con lo regional se conserva al tratar los fenómenos vitales del ambiente inmediato, entonces esos temas y hechos hallan tanto eco e interés espontáneo en nuestros niños, que causan un efecto de suspenso. Entonces se verifica la “apercepción emocional”. Si esa relación no se conserva el mundo emocional que acompaña a la intuición auténtica, si, pues, a la manera del “saber riguroso que no se preocupa por esa gravitación en el propio yo”, se niega toda relación emocional y significativa, entonces suprimimos precisamente ese “mundo propio” que, solo él, hace completa la intuición. Dice Kühnel: “Intuición es la suma de las percepciones posibles en una cosa, junto con los sentimientos acompañantes”. Y en forma similar se expresa Hildebrand: “El mero saber, el intelecto puro nos da sólo los contornos y la superficie de un objeto, nos lo da sólo como espectáculo exterior; el color, empero, y el aroma y el alma, o sea, la vida toda, la profundidad, nos son dados únicamente por la propia participación, vale decir, por el sentimiento, el corazón”.

Ejemplos: En el estudio del medio ambiente: El trabajo de la madre. Un tratamiento puramente racional no confiere ninguna intuición completa. En el estudio de la naturaleza: El bosque. La plena intuición la logramos únicamente al vivenciar nuestro bosque, al ver, escuchar, oler, en la felicidad y convivencia, pero jamás por la mera trasmisión de conocimientos fragmentarios racionales mediante estampas o dibujos solos. Y esto no vale, por cierto, sólo para los grados inferiores. Según Spranger, la conservación de esa relación emocional y significativa es imprescindible y esencial, ante todo en la escuela primaria: “Para el alma, empero, existe un mundo propio de significaciones que precisamente a mí me dicen algo y que sólo conmigo han crecido. Es inherente a la naturaleza del saber riguroso que no se preocupe por es gravitación en el propio yo. Mi casa natal, mi pieza, mi Goethe son objetos que él no conoce. Desde el punto de vista científico un pertenece a algún sistema de orden como el de Linneo. Si existe o no una relación íntima entre ella y yo no tiene importancia alguna desde este punto de vista. Lo que poseemos en forma de saber metodizado se ha hecho inevitablemente “ajeno al sujeto”. Pero por otro lado existe una animación de las cosas, de mí casa, de mi ambiente en general, que conserva la más intensa participación del sujeto”. Esta es sin duda, una comprobación determinante que nos parece ser orientadora. no sólo en cuanto al problema de la intuición en sí, sino para toda la labor formativa, particularmente en la escuela elemental.

EL MOMENTO DE ACTIVIDAD EN LA INTUICIÓN

  1. a) Mas ninguna intuición genuina, sea externa o interna, afluye espontáneamente. Intuición no es meramente “lo que se presenta a nuestros sentidos. Cuántas cosas excitan diariamente y sin cesar nuestros órganos sensoriales sin que interpretemos, en forma de imágenes claras y distintas, esa abundancia de impresiones, sin que tengan carácter formativo. Una intuición es clara cuando el detalle percibido se destaca nítidamente de los contenidos de conciencia circundantes. Distinta, si lo reconocemos y comprendemos en su estructura y articulación intima. (En este sentido distingue Herbart entre la intuición “cruda” y la “madura”.)

¿Pero cómo logramos tales intuiciones?

Enseñar en forma visualizada no quiere decir que las cosas sean meramente mostradas y denominadas, sino que significa contemplarlas de manera actica, con todos los sentidos tensos, en un estado de viva atención, fijándose en ellas con excitación íntima, lo que equivale a eliminar conscientemente lo impertinente, reconociendo después la estructura íntima y su correlación con el todo. Con otras palabras: intuir significa en primer lugar contemplar detenidamente, observar investigando o aguardando. Intuir, entendiéndolo en este sentido pro-fundo, cuesta tiempo y energía y exige actividad, y lamentablemente nuestra escuela actual, ante el apresuramiento de la época, no siempre tiene deseos ni tiempo de hacerlo.

  1. b) A ello se agrega otro factor importante de la intuición auténtica: la intuición formativa está sujeta a la ley del punto de vista, de la actitud interrogante u observadora, en la cual el alumno confronta con la realidad sus vivencias, sus experiencias. El niño le hace al mundo sus preguntas; en la enseñanza tendremos: que despertar en él aquellas preguntas y actitudes que visualice plenamente el tema didáctico. Con esto tocamos un problema de principio: la vieja ley empírica: “De la cosa al concepto requiere complemento esencial: es cierto que en la cognición humana en general la intuición suele venir antes que el pensamiento, el hecho antes que el reconocimiento, el fenómeno antes que el concepto, pero anterior a ambos escalones está, en la visión genuina y profunda. cl “punto de vista”. “Para lograr reconocimientos hay que ver, porque el reconocer, igual que el conocer, dependen de impresiones exteriores que les sirven de punto de partida. Pero también al revés: sólo por reconocimientos se aprende a ver”, ya lo dijo Herbart. Goethe lo expresa en forma más concisa aún: “¡Lo que sabemos, también lo vemos!”

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