
En el mundo del juego, de la actividad corporal, de la representación lingüística y dramática y, no en último lugar, de la organización de actos, se abre para la labor escolar, llevada a cabo basta ahora de una manera puramente racional, un nuevo encuentro del niño con los valores temáticos y contenidos formativos. En adelante, las materias didácticas no sólo serán “tratadas” intelectualmente, sino vivenciadas bajo una influencia artística, elevadas al nivel de lo solemne. por decirlo así, y aprovechadas para la realización práctica de elaboraciones. La poesía no aparece ya meramente en forma didáctica como objeto de estudio específico, sino durante el acto matutino. como elemento de “edificación”, de vivencia; el dibujo no es ya tan sólo el resultado de algunas clases de dibujo, sino que se convierte con adorno para la sala de estar de la escuela, y la obra escénica, por pequeña que sea, trae alegría y relajación al trabajo escolar racional
Es cierto que en esas aspiraciones tendientes a lo artístico aparecen aún otros principios que sólo en parte coinciden con el principio de actividad del alumno del cual estamos hablando. En parte están activándose en ellas las fuerzas y los factores históricos del movimiento de la educación por el arte, del movimiento y de la pedagogía vivencial. Por todas partes se ve a las claras que el problema de despertar y promover la actividad del alumno constituye una cuestión nuclear de la enseñanza moderna.
No parece inútil que, al tratar del principio de actividad, se dice también una palabra de crítica y se tracen los límites de ce principio y por ende del mismo movimiento de escuela activa crítica no puede significar que a las tesis expuestas se opongan otras, promoviéndose así el regreso a la escuela vieja”. Reconocemos plenamente los resultados extra temporales de esa pedagogía activa, pero, desde nuestra concepción actual sentido de una síntesis. Conocemos los valores de la genuina actividad del alumno, del propio hacer y de la creación productiva hoy asignamos a ese hacer y crear el sentido y el valor relativo que le corresponden. Conocemos el derecho propio de la pregunta del alumno y, no obstante, también ésta recibe su valor intrínseco sólo en una nueva visión del proceso formativo. Esto nos parece tanto más necesario, cuanto que, en la discusión sobre la llamada reforma escolar interna”, se sigue insistiendo en aquella ideología aun ampliamente “irrealizada” y esa pedagogía de actividad, todavía dentro de nuestra situación actual, debería ser la única norma valedera para la renovación de la escuela. se puede admitir esto? ¿Podemos ver la solución de los problemas escolares y pedagógicos de hoy únicamente en una realización consecuente y seria de esa pedagogía activa, recuperando, por decirlo así, lo que la situación adversa a partir de 1933 interrumpió prematuramente? No cabe duda que la distancia que nos separa de ese movimiento nos hace ver hoy muchas cosas bajo una nueva luz. Ya no podemos unirnos a esos impetuosos pregoneros de los primeros tiempos, pero también el viejo contraste de “escuela expositiva- escuela activa” que antaño separaba la escuela “vieja” de la “nueva”, ha perdido todo su atractivo de consigna. Ya no sentimos remordimientos cuando en nuestras escuelas hacemos nuevamente “estudiar” en forma sólida, buena y límpida; cuando, en lugar de creaciones ocasionales, exigimos también sólidos rendimientos coherentes; cuando nos aplicamos con renovado esmero a la ejercitación y memorización y cuando sustituimos algunas muy activas clases de elaboración por formas que hacen aparecer más conveniente una verdadera atención y una reflexiva recepción.
El perfeccionamiento de la pedagogía de la actividad
Sin anticiparnos a lo que seguirá, podemos completar y perfeccionar en tres aspectos la pedagogía de la actividad del alumno: En el conjunto de la adquisición de formación cultural, el trabajo no ocupa ya aquella posición de monopolio que antaño se le concedía. No todas las materias didácticas pueden asimilarse por “elaboración propia”. Esto se refiere, ante todo, a todos los temas no racionales. Los contenidos formativos emocionales y artísticos, los elementos afectivos y de edificación del alma deben trasmitirse por otros medios. Lo mismo puede decirse, incluso, respecto de algunos temas racionales. Ciertamente queremos limitar, siempre que sea factible, la exposición, esa hija preferida de la escuela expositiva. Pero no por eso se nos aparece como forma didáctica completamente anticuada”. También la vida popular conoce en algunas situaciones la exposición en forma de narración, relato, descripción, conversación, etc. Aparece cada vez que se trata de dar una “información” de manera coherente.



