Sobre el Concepto de la Nada

La “nada” es un concepto negativo que se forma en función del “ser” propiamente conocido y después negado. Es un “ser de razón” que nace en la mente en virtud de la negación de la totalidad del “ser”. En este concepto se distinguen dos aspectos: (a) la nada positiva, si la negación se refiere a la totalidad de los existentes; y (b)la nada negativa, si la negación se refiere a los existentes y a los posibles. La “nada” como idea es algo: ha sido gestada en la mente, está en ella, es pensable, aunque no imaginable. Si bien es verdad que la nada absoluta y universal del “ser” no se dio nunca, por lo cual es completamente impensable -en esto coinciden Henri Bergson y Santo Tomás, sin embargo, la nada absoluta del mundo, de todo el “ser” finito no es en modo alguno una seudo idea; no es más que una forma de la idea de la pequeñez, de la limitación o contingencia de todo lo finito y limitado.

En la moderna literatura existencialista, Jean Paul Sartre hace de la nada “la estructura de lo real”. Sostiene la presencia perpetua de la nada en el hombre y fuera del hombre, y dice: “lanada cohabita con el “ser”, está en el seno mismo del “ser”; está en su corazón como un gusano”, con lo cual no hace más que repetir en sustancia la teoría que Martin Heidegger desarrolla en su libro El ser y el tiempo. Sartre tiene razón cuando observa que, para que la negación sea posible, es preciso que el “no-ser” posea cierta objetividad o positividad. Pero este “no ser” objetivo que habita en el “ser” finito es la indeterminación objetiva del “ser”, que resulta de su finitud. El “ser” es lo que es, pero también lo que puede ser; lo que ya “es” ser”; la negación o privación que la acompaña es el “ser ausente” (“ser del no ser” y “no ser e ser”). Sólo que, al revés de lo que piensa Sartre. “esa nada de seres que es la potencia dice R. So livet en su Metafísica- no se actualiza sino en por el juicio”. La “nada” no es, por tanto. Cosa compacta y sólida que coexiste con el “ser” está sólo en la mente que formula el juicio negativo; es, repetimos, un “ser de razón”. Lo que en la realidad de un “ser” coexiste es la perfección propia de su naturaleza de “ser”, con su limitación también propia de su naturaleza. La “nada” se explica a la vez por el objeto y por el sujeto; por el objeto, en el cual está a título de “ausencia de ser”; y por el sujeto, único que puede actualizar ese “no ser” en forma de “ser de razón”.

Perspectivas

Dado que el objeto de la metafísica es el “ser” real, extramental y objetivo, pueden distinguirse en ella dos aspectos: es ontología si atiende a la inteligibilidad intrínseca, y es teología natural si atiende a la inteligibilidad extrínseca. Como ontología, considera al ser en sí mismo, esto es, como principio de existencia o como “ser” en cuanto tal; por eso la inteligibilidad intrínseca corresponde a un aspecto estático del “ser”. Como teología natural, en cambio, considera al ser desde el punto de vista de su causa, esto es, como principio de operación o como “ser” causado; por eso la inteligibilidad extrínseca corresponde a un aspecto dinámico del “ser”. Pero el metafísico no puede quedar satisfecho de su labor sin averiguar cuál es el valor ontológico de la razón. Y al preguntarse si la inteligencia es realmente capaz de llegar al ser, construye un saber crítico del conocimiento. Nace así la crítica como aspecto especial del saber filosófico, más bien que como una disciplina particular. En de la inteligencia como obrera del saber metafísico. Esta verificación coincidirá con la constitución contemplándose a sí misma en su trabajo de sus procedimientos, de su valor y de sus límites.

Cuando se dice como Heráclito de Efeso que todo adviene a la vida por la lucha y la necesidad, sólo se afirma que el conflicto es propio de la vida y que ésta es una serie infinita de situaciones problemáticas. “El conocimiento dice John Dewey, resulta de la interacción del organismo humano con el ambiente. La mente es esencialmente una función.” De la mera e inicial interacción con el ambiente. El hombre llega a un total e indiscutido predominio sobre todas las demás formas de vida de la naturaleza. En un creciente proceso de evolución. El segundo paso del hombre, después del control y dominio del ambiente es la transformación de éste. Fruto de una mutación, y una evolución, el hombre traslada y extiende su proceso biológico al campo social, cultural, económico, técnico y político, y produce las grandes mutaciones que configuran la permanente evolución del mundo que habitamos. Anula, así, la falacia de que está sujeto a un destino, recreándose y creando nuevos seres y nuevos mundos.

 

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