La evolución humana

La primera manifestación típicamente humana del hombre fue su singular descubrimiento del ambiente; la segunda, su control; y la tercera, su transformación. Estos tres momentos caracterizan las tres grandes etapas de su proceso de evolución, que da como primer fruto una nueva criatura: el hombre ambiente. La evolución biológica del primate al hombre se completa, así, con la evolución humano ambiental. Al descubrir al ambiente como su singular campo de acción, la vida se le presentó mucho más variada y compleja que a su antecesor, debido a que sus percepciones fueron, desde el comienzo, más abundantes, ricas y frecuentes, y en múltiples combinaciones, gracias a la posesión de un mejor registro y órgano de control: su excepcional cerebro. Contribuyó, además, a esa variación y complejidad, la diversidad de posiciones que podía adoptar; en par te, físicas, por su postura erecta y por la mejor estructura de alguna de sus articulaciones principales, que ampliaron considerablemente sus puntos de relación con el mundo; y en parte síquicas, por su capacidad de desarrollar distintas actitudes, de acuerdo con distintas condiciones de ambiente.

El hecho de distinguir cada vez mejor y con minucia las situaciones que se le iban presentando, desarrolló en forma extraordinaria su inteligencia; pudo así agregar al sistema de dos fases de actitud, predominante en los animales acercarse o alejarse, tomar o dejar, huir o avanzar otra fase nueva, debido a la aparición de un nuevo ingrediente: el cálculo, que transforma desde sus fundamentos la teoría y la práctica del comportamiento humano, diferenciándolo para siempre del comportamiento animal. Entre el acercarse o alejarse, el tomar o dejar, el huir o avanzar del animal, aparecen en el hombre variantes que pueden, por ejemplo, dar como resultado que se acerque, pero hasta tal par te; que tome una cosa, pero hasta tal momento; que avance simulando huir, etc. El sistema de fases múltiples y variables es el sistema típico de su conducta. Los animales que consideramos astutos demuestran una sorprendente capacidad para desarrollar tácticas, aunque jamás podrían competir con las del hombre. El cálculo en el animal si lo hay termina en una habilidad; el del hombre termina en otro cálculo; e indefinidamente en muchos otros. Para el hombre, la habilidad es accesoria, aunque sí necesaria. E hombre es, por naturaleza, un creador de situaciones. Por algo inventó la matemática. Es el ser de lo imprevisto. Se podría predecir y hasta apostar lo que hará un animal en una situación dada; pero sería riesgoso res pecto del hombre, pues su conducta está siempre en vive consultando constantemente su instinto, como hombre, por el contrario, vive consultando constante el debe estar alerta para responder a cada nueva situación, aprendiendo, inventando y previendo.

El hombre vive calculando. Cuando encuentra una solución, la registra y la archiva; y se lanza a la búsqueda de otra. La inteligencia del hombre no se detiene nunca en los resultados: explora y organiza para crear y mantener fuentes inagotables de resultados, es decir problemas. Es el único ser de la naturaleza que vive y progresa planteándoselos. Su pensamiento conceptual le permite el doble juego de plantear problemas y de formular nuevos pensamientos, pues éstos aparecen con cada nueva situación problemática. Pero esta maravillosa capacidad suya se hubiera hipertrofiado si, simultáneamente, no hubiera podido ejecutar el tercer momento de su proceso de evolución, a que aludimos al principio: el de la transformación del ambiente. Esta transformación la realiza mediante la técnica. El paso definitivo y crítico del animal al hombre es, por consiguiente, el paso tecnológico. La adquisición de técnicas mediante las cuales modificará su ambiente, es la primera manifestación humana del hombre. Su dominio técnico sobre el ambiente proporciona las bases para el desarrollo de civilizaciones y culturas. Estas son, desde su origen, fruto de sucesivas acumulaciones tecnológicas. La primera evolución en el hombre es biológica; la segunda, ambiental; la tercera, tecnológica.

La técnica es el medio de que el hombre se ha valido para evolucionar: la domesticación del fuego. de los animales y las plantas; la fabricación de utensilios: la invención de la rueda, del arado, del telar, del arco y de la flecha; el labrado de la piedra; la fundición de los metales; la producción de energía, que culmina con la desintegración del átomo; el lenguaje y la escritura. Constituyen algunos de los grandes momentos del hombre en su camino desde su más primitiva vida selvática hasta las más altas cumbres de la civilización y la cultura. Sus avances tecnológicos constituyen mutaciones básicas, a partir de cada una de las cuales el hombre va emergiendo hacia instancias superiores de su evolución. ¿Si se preguntara “aquí es la técnica?”‘ sería imposible dar una sola respuesta. ¿Sería como preguntar “qué es el hombre?”. Sin embargo, es preciso entenderse; y así como el hombre se explica por su conducta. La técnica se explica por su modo de participar en el desarrollo de la vida; y dado que esta participación varía de acuerdo a cada circunstancia y frente a cada necesidad, del mismo modo que el hombre, hay que tratar de aislar conceptualmente lo que con más frecuencia se manifiesta en toda operación técnica. Algo que así se manifiesta es el cálculo y la previsión de un hecho o resultado, desde su concepción y reflexión hasta el momento en que se ejecuta. Si en la ejecución de algo no hay cálculo ni previsión, no hay técnica en el sentido pleno de la palabra; hay simplemente conocimiento, aprendizaje, hábito, adiestramiento, oficio. Si se aprende a tocar un botón de timbre y éste suena, hay sólo aprendizaje; pero, si para hacerlo sonar, o bien para que suene de un modo especial es necesario calcular, prever y actuar de cierta manera, entonces hay técnica.

 

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