
Estamos en una era científica y tecnológica. Cultivar la ciencia es adelantar y no estancarse o retroceder. Es adquirir salud, riqueza, bienestar, tener poder e independencia. El país que no la cultiva es más débil y pobre, tiene más enfermedades, menos bienestar, menor poder e independencia. Casi todos los adelantos derivan de la investigación científica fundamental, que debe ser apoyada por un consejo nacional de investigaciones científicas, formado por investigadores auténticos, que ayudará a los investigadores productivos y a la formación de jóvenes valores.
Las universidades deben ser centro de investigación científica fundamental y en ellas han de formarse los profesionales, técnicos e investigadores que necesite cada país. La enseñanza media, que es deseable se imparta a todos los habitantes, debe dar una instrucción general y proporcionar una cultura científica básica seria, estimulando los talentos juveniles y despertando las vocaciones.
La ciencia desarrolla sus actividades en tres planos: intelectual, técnico y moral. Esclarece a la inteligencia y la acostumbra al juicio crítico y a la iniciativa. Sus descubrimientos sólo deben emplearse para el bien de la humanidad, nunca para oprimir, dañar, destruir y matar; deben beneficiar lo más pronto posible al mayor número de hombres, y extenderse a los pueblos menos adelantados. La ayuda económica a la ciencia es la inversión más retributiva que se conoce. Las naciones ricas lo son porque ayudan a la ciencia y por eso adelantan, prosperan y sobreviven.
Los investigadores y técnicos capaces constituyen el principal capital de una nación moderna. Es importante hallar todos los talentos y ayudarlos a desarrollar su capacidad. Esto lo hacen intensamente las más grandes naciones. La búsqueda de los talentos y la ayuda para que se desarrollen debe realizarse en todos los niveles de la enseñanza, pues ellos constituyen el capital de un país y la esperanza de un futuro mejor. Debe ayudarse a los que sean aptos, cualquiera que sea su posición social o económica, raza o credo. La enseñanza necesita urgentes reformas en todos los órdenes, para actualizar sus orientaciones y métodos; sus recursos docentes y económicos son siempre insuficientes.
Se deben aplicar métodos adecuados para permitir el avance de los jóvenes de talento, con vocaciones reales, y ayudarlos en su carrera ascendente.
La enseñanza secundaria debe impartir conocimientos duraderos, más bien que una instrucción detallada y fugaz. Ha de conceder más importancia que hasta ahora a la cultura científica. Deberá desarrollar la iniciativa de los alumnos, acostumbrarlos a pensar y tener juicio propio. La enseñanza habrá de ser estimulante, despertar el interés, la imaginación, la iniciativa y la acción, inculcar normas morales y de cooperación social.
Los profesores de ciencia deben contar con una eficaz preparación de preferencia universitaria en su materia. La suya deberá ser una dedicación exclusiva, adecuadamente remunerada. Completarán periódicamente su preparación mediante cursos ad hoc. Las cátedras científicas deberán dotarse de laboratorios y aparatos standard de demostración. Los métodos educacionales modernos tienden a suplantar la enseñanza clásica, dogmática y rutinaria que transmite un saber ya adquirido e inmutable, y que más que en la formación intelectual, técnica, moral, sólo se preocupa de pasar exámenes y conseguir un diploma. El adoptarse métodos más modernos permite que la enseñanza sea activa, objetiva y razonada.



