LA EDUCACIÓN ESPECIAL

Los establecimientos médico pedagógicos son instituciones destinadas a recibir con fines de cura, de educación y de instrucción, y con vistas a una recuperación completa o parcial para la vida en sociedad, a niños psíquicamente anormales (frenasténicos). Para evitar una promiscuidad entre anormales de tipo y de nivel muy diverso, que resultaría dañosa, se tiende por lo general a especializar los establecimientos en relación con la mayor o menor gravedad de los casos que deben atender, por lo cual resulta necesario distinguirlos en dos categorías: una destinada a individuos que permiten presumir un aprendizaje escolar satisfactorio, aparte de una buena adaptación a la vida social y de trabajo, y la otra destinada, por el contrario, a casos más graves y capaces únicamente de un limitado aprendizaje teórico y práctico. 

Por lo demás, no es oportuno incluir en la misma denominación (como a veces se intenta)las instituciones destinadas a niños de inteligencia normal, pero que necesitan corrección sobre el plano del comportamiento social (irregulares en la conducta, desviados morales, delincuentes precoces); entre éstos y los internados médico pedagógicos subsiste una clara diferencia de supuestos teóricos y de finalidades funcionales, aunque también resulta evidente la analogía y la convergencia de intereses pedagógicos y sociales. 

El Problema de la Educación de Niños Anormales

La asistencia médico pedagógica a los anormales psíquicos, aparte de cualquier consideración dictada por sentimientos de caridad y de solidaridad humana, se dirige a individuos disarmónicos que perturban el equilibrio social y que, si se les abandonara, estarían destinados a la incapacidad de trabajo, al vicio, a la antisocialdad. Las vicisitudes a través de las cuales se afirmó y desarrolló progresivamente este problema pertenecen a la historia reciente, y recordarlas significa evocar un período de gran progreso científico que ha llevado a colaborar al médico, al pedagogo, al psicólogo, y que ha planteado a la sociedad una tarea antes totalmente ignorada. 

En efecto, durante largos siglos los niños anormales psíquicos fueron considerados fatalmente excluidos de la convivencia civil y no despertaron ningún interés educativo; así, mientras ya en épocas lejanas los niños disminuidos en las facultades sensoriales (ciegos y sordomudos) pudieron disfrutar de medidas en su favor, por el contrario, los niños disminuidos en su inteligencia quedaron por muchísimo tiempo en completo abandono y casi tenidos por indignos de pertenecer a la sociedad humana. Linneo (1707-1778), el gran naturalista sueco, consideraba los pocos casos conocidos en su tiempo como un subgrupo del Genus homo, clasificándolos con la etiqueta de Homo sapiens ferus. 

El problema fue afrontado científicamente mucho más tarde, y encontró su ocasión favorable en un acontecimiento que, verificado en Francia en 1800, debía interesar vivamente a la opinión pública de aquel tiempo: el descubrimiento, en la floresta de Aveyron, de un muchacho de unos catorce años, en estado salvaje y privado de cualquier tipo de relación humana. Acerca de la interpretación científica del extraordinario individuo surgió una polémica entre Pinel e Itard, destacados médicos de la época; uno lo consideraba un idiota incurable, el otro un salvaje ineducado. Los resultados obtenidos con una intensa obra educativa realizada por el propio Itard, que partiendo de bases inexactas descubrió posibilidades hasta entonces ignoradas para la cura de las deficiencias mentales, fueron el estímulo que indujo a Según a dedicarse a la educación de niños deficientes.

Gracias a estos iniciadores se despertó el interés científico y social por los niños anormales; la educación se hizo posible, con una metodología particular, y la recuperación también lo fue, merced a una adecuada asistencia. A partir de entonces todos los países civilizados han comprendido la importancia del problema, contribuyendo con iniciativas asistenciales, con estudios y experiencias, a la afirmación de una idea médico pedagógica. Haciendo caso omiso de Francia a la que pertenece la prioridad, y que ya en el año 1909 disciplinaba toda la compleja materia asistencial con leyes apropiadas es interesante recordar la fecha de creación de los primeros institutos en Europa: Inglaterra, en 1848; Suiza, en 1841; Alemania, en 1863; Bélgica, en 1887; Holanda, en 1891; Noruega, en 1874; Dinamarca, en 1865; Italia, en 1889; Rusia, en 1854, etc. 

En América, los Estados Unidos, que ya antes de la obra de Según había iniciado experimentos esporádicos, vieron surgir importantes instituciones por iniciativa del propio Según, quien se había trasladado a dicho país en 1848. Instituciones de relieve surgieron sucesivamente en Canadá, México, Brasil, Argentina, Uruguay, etc. Entre los Estados sudamericanos, la Argentina ha pulsado el problema de manera particularmente activa, dando testimonio de ello con portantes iniciativas científicas y prácticas. 

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