El concepto de educabilidad

Su significado general interesa a todos los frenas técnicos, incluso a los más graves capaces solamente de una modesta mejoría está incluido el concepto más limitado de “recuperabilidad” que con respecto al primero asume un interés social más preciso, y que inspira los criterios selectivos de los establecimientos médico de esta expresión es desde hace tiempo de científico y soporta criterios de valoración sub unívocos de referencia; por lo común se está generalmente de acuerdo en considerar la recuperabilidad como la capacidad de alcanzar una adaptación social y un rendimiento de trabajo factible de permitir una vida individuaI completamente autónoma, dentro de límites variables de aptitud. Los instrumentos de la asistencia médico-pedagógica son en lo esencial de naturaleza pedagógica; desde las primeras contribuciones al estudio de los anormales surgió claramente que el niño anormal, en cuanto partícipe de un desarrollo psicológico alterado, necesitaba una pedagogía especial e individualizada en el más alto grado.

Los fundamentos de la misma, a la que Paul Boncour (1873) ha definido felizmente como “pedagogía ortofrénica”, son educación progresiva de la atención, educación de las actividades sensoriales y de la actividad motora, educación moral y social, corrección de defectos del lenguaje, simplificación de los programas escolares con empleo de material didáctico especial, en una atmósfera de continua aplicación mental y práctica (escuela, juego, trabajo manual, dibujo, canto coral, etcétera).

En el ámbito de las exigencias pedagógicas se destaca la pedagogía del trabajo. Aun prescindiendo de su significado como preparación para una actividad útil, el trabajo constituye un importante medio educativo, pues ofrece al niño anormal la posibilidad de participar en una organización de esfuerzos y en una coordinación progresiva de aplicaciones mentales, que, por el hecho de partir de intereses colectivos y prácticos, le ponen voluntariamente en una continuidad volitiva que no se logra con otro medio. Por otra parte, es también claro que la tarea de integración en la vida social no sería satisfactoria sin una adecuada instrucción para el trabajo.

En efecto, sería peligrosamente incompleto un resultado de recuperación intelectiva y moral si el individuo recuperado no poseyera los instrumentos para una construcción de la propia vida social y, por el contrario, todavía resultase necesitado de la asistencia pública; se debe pensar además que el joven que sale del internado médico pedagógico no encuentra siempre un ambiente familiar y social favorable para ayudarle a ingresar en la vida de los individuos normales. En caso de que resulte improductivo desde un punto de vista económico, no faltarán factores negativos para arrojarlo de nuevo fuera de la sociedad (desinterés y hostilidad de los demás, inercia, envilecimiento, miseria, etc.). Su capacidad de adaptarse a un trabajo provechoso le ofrece, por el contrario, la prueba de la normalización obtenida y de la propia utilidad social.

En el problema de la incorporación a la vida social de los anormales recuperados interfieren otros problemas, capaces, incluso, de provocar dificultades en relación con situaciones ambientales más o menos favorables. Entre éstos se encuentra el del exceso de mano de obra que pesa sobre algunos países, y que por reflejo vuelve difícil la absorción de estos individuos en una actividad productiva, y en mayor grado en la más idónea con respecto a las capacidades poseídas. Además, está el problema de una correcta asistencia moral que sirva de ayuda y de guía en las dificultades de diverso tipo que comportan la experiencia social y el comienzo de una vida autónoma. Corresponde a los servicios de asistencia social la tarea de afrontar estos problemas que en cada caso ofrecen aspectos particulares y que individualmente exigen soluciones específicas.

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