La Educación en la Antigüedad

La Educación Griega

En los tiempos antiguos Grecia estaba constituida por un conjunto de ciudades, cada una de las cuales formaba un Estado independiente, con su gobierno y sus leyes. De estas ciudades, muy probablemente formadas por simple agrupación de tribus, se destacaron Esparta y Atenas, que durante siglos lucharon por imponerse sobre las otras ciudades a fin de reunirlas bajo un mismo gobierno. 

Esparta había sido conquistada por los dorios, que llegaron del Asia y se adueñaron de aquellas tierras esclavizando a sus habitantes. Como constituían una minoría, para mantener sometida a la masa esclavizada y propensa a la rebelión, necesitaron dar al Estado una rígida organización de tipo militar.

Esto determinó el rigor educativo característico de Esparta: sólo tenían derecho a la vida los niños que nacían físicamente sanos; a los siete años pasaban los pequeños a poder del Estado, que se encargaba de su educación en común sometiéndolos a una disciplina cada vez más intensa: continuos ejercicios físicos y permanente adiestramiento y preparación para el ataque y la defensa. De ahí que el ideal de la educación espartana fuera hacer del hombre un soldado al servicio del Estado. 

La Educación Romana

El pueblo romano, dotado de un gran sentido práctico, sobresalió en la política y el derecho. En política, los romanos llegaron a la creación de un estado mundial perfectamente organizado. Su derecho, derivado de la idea del Imperio, es padre del derecho actual. Estas virtudes que constituyen la esencia de la civilización romana, determinaron que el ideal educativo romano se concentrara en el ciudadano, es decir, el hombre respetuoso de la ley, capaz de cumplirla y hacerla cumplir y de tomar parte activa en la vida del Estado.

La familia fue en Roma el centro de la educación. En su seno, bajo la vigilancia directa del padre, se iniciaba la educación del niño. Más tarde se completaba en la ciudad, pues el niño acompañaba al padre en todos los actos de la vida ciudadana: en el Foro, en el mercado, en la dirección de la casa, en la labranza, en las ceremonias cívico religiosas, etc. Como término de esta educación, que se desarrollaba espontáneamente en la familia y la ciudad, a los dieciséis años el jovencito cambiaba su toga infantil con franja en colores por la toga viril, e ingresaba en la vida pública.

El cristianismo y la Educación Medieval

El cristianismo dio un nuevo significado a la vida, que ya no fue concebida como un fin en sí misma, sino como un medio para alcanzar la salvación del alma. La existencia debe subordinarse a esta finalidad ultraterrena y, por ello, el hombre ha de renunciar a los bienes de la tierra, “amar al prójimo como a sí mismo”, ayudar a los demás como hermanos y deponer enemistades y odios. Con esto, la vida asumió una nueva forma, pues, frente a los privilegios de clases y de pueblos, que los antiguos conservaban celosamente, el cristianismo proclamó la igualdad de los hombres ante Dios, uniéndolos en una hermandad fundada en su propia naturaleza. Mientras el mensaje cristiano se difundía entre hebreos, griegos y romanos por obra de los apóstoles, elegidos por Jesús entre los más humildes artesanos y pescadores, la Iglesia se fue organizando, y en ella se concentró toda la vida de los creyentes. Por eso pronto surgieron en el seno de la comunidad cristiana nuevas instituciones educativas, destinadas a la preparación de quienes aspiraban a recibir el bautismo para incorporarse al cristianismo. Tal fue el origen de las escuelas de catecúmenos y de catequistas, algunas de las cuales como la célebre escuela de Alejandría-llegaron a convertirse con el tiempo en centros de altos estudios religiosos.

 

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