
Llego ahora a la contribución de la sociología entendiendo por ella en el momento presente todas las disciplinas sociales al contenido científico de la educación. Afortunadamente, no es necesario insistir hoy ya sobre la importancia de este factor. Igual que la palabra “social”‘ están en el aire las palabras “educación social”. El problema que debe estudiarse se refiere a cómo se interpreta la idea. El tiempo sólo nos permite mencionar dos puntos. El uno se refiere a la posición de los instrumentos sociales. El ejemplo más evidente de tales instrumentos es la destreza en el lenguaje (lectura, ortografía y escritura) y en el número. Pero éstos son sólo dos casos. Las buenas maneras constituyen también un instrumento social, y así también la moral en uno de sus aspectos. Una considerable parte de la geografía y la historia lo son también, así como la ciencia elemental y algunos aspectos de las bellas artes. En realidad, sería difícil trazar una línea de separación en cualquier esquema educativo; considerad, por ejemplo, la necesidad para los estudiantes de medicina y derecho de dominar ciertas destrezas y hechos como instrumentos sociales. La única diferencia entre las materias del programa en cuanto instrumentos sociales parece ser un asunto de grado.
En vista de ‘esté hecho, el hábito corriente de hablar sólo de algunas destrezas como instrumentos sociales sugiere la necesidad de la reflexión. La causa de ser seleccionadas como los instrumentos sociales es evidente cuando observamos que las cosas que se llaman ordinariamente instrumentos sociales son la parte más formal del programa. Estas materias y la destreza en emplearlas son formales porque están separadas del contenido social; son instrumentos sociales para el futuro más que en el momento en que se aprenden. La acentuación sobre su repetición, haciendo su adquisición una función de frecuencia, es una prueba de su quitamiento de las materias y valores directamente social de la división corriente, encontrada en muchas materias de esta división sobre la contribución que la matera socialmente, sino que se les relega a la mecánica de la psicología vuelve accidental el uso social al que se les destina final. Muchas escuelas modernas, por delante de la teoría. Los sociales son los que se adquieren mejor en un contexto a alguna fase de vida próxima.
Cuando no se forma la destreza en y con instrumentos socialmente, es decir, no se genera para fines sociales, éstos se separan de los medios por los cuales debían controlarse. Para citar sólo un caso el género de materia de lectura que ahora abunda más socialmente, como puede percibirse con una mirada a los quioscos de periódicos, es de un carácter socialmente indeseable. Sin embargo, sólo puede venderse a lectores, es decir, a los que están en posesión de los llamados instrumentos sociales. Muchas páginas de exposición no hablarían más elocuentemente de lo que puede ocurrir cuando en nombre de la ciencia la teoría de la educación separa los procesos psicológicos que regulan el mero mecanismo de adquirir una destreza de las condiciones y necesidades sociales que tienen relación con la aplicación de esta destreza.
El otro punto sobre la contribución de la sociología a la ciencia de la educación se refiere a la determinación de valores, de objetivos. El camino más corto para adquirir algo que parezca científico es hacer un estudio estadístico de las prácticas y deseos existentes, en la suposición de que su determinación exacta fijará la materia de estudio que debe enseñarse, sacando así del aire a la redacción del programa y colocándola sobre una base sólida de hechos. Esto significa en hecho y en lógica que el género de educación que da el ambiente social inconscientemente y en conexión con todos sus defectos, perversiones y distorsiones en el género de educación que las escuelas debían dar conscientemente de los clasicistas que confinarían la materia de la instrucción a lo mejor de los productos del pasado, sin tener en cuenta las condiciones sociales presentes y futuras. Es difícil ver la causa para tal proceder, si no es el deseo de demostrar el valor de la ciencia de la educación afirmando que tiene algo inmediato y directo que ofrecer para guiar a las escuelas.
La educación, su naturaleza y su papel.
Las definiciones de la educación.
La palabra educación ha sido empleada a veces para designar el conjunto de las influencias que la naturaleza o los demás hombres pueden ejercer, sea sobre nuestra inteligencia, sea sobre nuestra voluntad. Ella compendia, dice Stuart Mil, “todo lo que hacemos por nosotros mismos y todo lo que los demás hacen por nosotros con el fin de aproximarnos a la perfección de nuestra naturaleza. Pero esta definición comprende hechos totalmente diferentes y que no pueden ser reunidos en un mismo vocablo sin exponerse a confusiones. La acción de las cosas sobre los hombres es muy diferente, por sus procedimientos y por sus resultados, de la que procede de los propios hombres; y la acción de los contemporáneos difiere de la que ejercen los adultos sobre los más jóvenes. Esta última es la única que nos interesa aquí y, en consecuencia, conviene reservar para ella el término “educación”.



