Formación del Educador

Estudiantes en aula informática participando durante una clase

Entre los caracteres que perfilan la personalidad del educador, unos dependen de la propia vocación y no es posible adquirirlos, como el amor por el niño y la capacidad docente; otros, en cambio, pueden adquirirse, como la cultura general y la preparación profesional o pedagógica.

La cultura general debe ser amplia, para que le ayude a comprender todos los problemas humanos. Además, tendrá que ser similar en cada comunidad, con objeto de lograr una armoniosa colaboración entre los docentes y, conjuntamente, poder formar hombres para la vida. El amor al niño lo llevará a poseer conocimientos fisiológicos y psicológicos que deberán fundamentarse, justamente, en esta sólida preparación general. 

Fruto de esta cultura ha de ser el sentido crítico, tan necesario al educador. La cultura profesional está íntimamente ligada a la anterior y debe proporcionarse, sin excepción, a todos los educadores. 

La misma será de larga duración y, de ser posible, se realizará en establecimientos especializados donde se impregne de la esencia pedagógica. Tiene como base principal el conocimiento del niño y la iniciación en todos los métodos probados en la enseñanza. Se han de agregar, además, los conocimientos de moral y derecho profesional, y se coronará la formación con el aprendizaje práctico.

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