Educación accesible para todos: una meta posible19

Un niño con gorro dibuja en un cuaderno mientras su padre lo acompaña y supervisa.

El acceso a la educación cuenta con grandes barreras en todas partes del mundo, sin embargo, el camino se va abriendo con nuevas, y tradicionales, herramientas. 

La educación es una de las herramientas  que contribuye para sostener y construir sociedades más justas, una meta ideal para vivir en sociedad. Pero el desafío radica en asegurar su acceso, siendo que millones de personas en el mundo pueden alcanzar a tenerla.

Desigualdades  económicas, geográficas, culturales y de género son barreras para que muchas niñas, niños, jóvenes y adultos accedan al derecho básico a la educación. A pesar de estos obstáculos, se imponen iniciativas  que demuestran que una educación accesible para todos no solo es una meta de nunca alcanzar, sino también una posibilidad.

La educación para todos, un derecho a garantizar 

De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), más de 244 millones de niños y jóvenes en edad escolar no asisten a la escuela. 

La mayoría de ellos vive en contextos de pobreza, zonas rurales o regiones afectadas por conflictos armados. A esto se suman las barreras estructurales que enfrentan las personas con discapacidad, las comunidades indígenas o migrantes, y las mujeres en determinadas culturas. Estos grupos suelen estar  excluidos de los sistemas educativos, denominados, formales.

Pero a nivel mundial se trabaja a día a día para transformar esta situación. En América Latina, por ejemplo, son los programas de becas los que permiten que miles de niños permanezcan en la escuela, achicando el número de quienes abandonan la escuela por motivos económicos. 

En la misma línea, organizaciones internacionales, gobiernos y fundaciones hacer una labor de de gran alcance para difundir oportunidades educativas y fortalecer la permanencia escolar.

Uno de los ejemplos más destacado es el que se desarrolla en las escuelas rurales. En zonas alejadas de los centros urbanos, donde antes la educación era un privilegio distante, hoy existen proyectos que llevan  aulas, docentes y materiales a las comunidades más remotas.

La Red de Escuelas Rurales de Colombia, impulsada por Fundación Escuela Nueva, es otro ejemplo. Se propone un modelo pedagógico adaptado a las condiciones de vida del entorno rural, fomenta el aprendizaje colaborativo y otorga protagonismo al estudiante. Con esta experiencia, se demostró que es posible mejorar los aprendizajes y aumentar la retención escolar  en sectores de vulnerabilidad.

Otra herramienta de cambio en la educación son los programas de becas siendo que en lugares donde la pobreza obliga a jóvenes a dejar sus estudios para trabajar, las becas representan más que un alivio económico, siendo  una herramienta de transformación personal y social.

Organizaciones como la Fundación Ford, la Fundación Carlos Slim o el Programa de Becas Chevening del Reino Unido son casos paradigmáticos ya que dan lugar a que estudiantes accedan a niveles educativos superiores.

Más allá de la ayuda económica, estos programas  también cuentan con tutorías, redes de acompañamiento y oportunidades de movilidad internacional, ampliando el panorama de quienes quedarían fuera del sistema educativo sin estas herramientas.

Una educación sostenida, la clave para el desarrollo profesional

Lejos de una concepción social, es importante remarcar que la accesibilidad educativa no termina en la infancia o en la universidad, sino que el aprendizaje a lo largo de la vida es esencial para responder a los cambios tecnológicos, laborales y sociales de nuestro tiempo. 

Por este motivo, también se deben impulsar programas de formación y capacitación profesional en sectores específicos, como la salud, la agricultura, la industria tecnológica o el cuidado ambiental.

Un buen ejemplo son los diversos programas del mundo donde jóvenes combinan estudios con prácticas laborales en empresas, ya que tienen resultados prometedores siendo que los egresados no solo adquieren habilidades concretas, sino que también mejoran su empleabilidad y estabilidad económica.

También, plataformas online están en un camino de democratizar el acceso a cursos de alta calidad en online, permitiendo que personas de todas las edades, y desde cualquier lugar del mundo, puedan seguir aprendiendo. Muchas de estas plataformas ofrecen contenido gratuito o precios accesibles, reduciendo las barreras económicas hacia el conocimiento.

Poe ello, lograr una educación verdaderamente accesible para todos no es tarea de un solo actor sino que necesita de una articulación entre políticas públicas, inversión sostenida, innovación pedagógica, voluntad política y participación comunitaria.

Pero, sobre todo, necesita un cambio de pensamiento social que consiste en dejar de ver la educación como un gasto y empezar a tenerla en cuenta como la mejor inversión posible.

Invertir en educación significa reducir la pobreza, mejorar la salud pública, promover la igualdad de género, estimular la innovación y construir sociedades más pacíficas. Los bienes invertidos en educación tiene asegurado un retorno. 

Además, no se trata solo de abrir las puertas de las escuelas, sino de garantizar que dentro de ellas haya calidad, inclusión y permanencia.

Cuando una persona accede a la educación, no solo cambia su vida, cambia la de su familia y la de su rol social. Por eso, cada historia de superación escolar, cada escuela que se abre en una zona marginada, cada beca entregada, cada curso completado, es un paso hacia un mundo más justo.

 

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