Definición de la educación

Para definir la educación, debemos, pues, considerar los sistemas educativos que existen o han existido, compararlos, separar entre sus caracteres los que le son comunes. La reunión de dichos caracteres constituirá la definición que estamos buscando. Ya hemos determinado, de paso, dos elementos. Para que haya educación, es necesario que estén en presencia una generación de adultos y una generación de jóvenes, Nos queda por definir la naturaleza de dicha acción. La de educación no presente un doble aspecto: es, a la vez, uno y múltiple. En efecto, en un sentido, se puede decir que hay en “esa” sociedad. ¿Está formada por castas? La no es la de los plebeyos; la del brahmán no es la de la sudra. ¿Aún hoy, uno vemos variar la educación con las clases sociales, e incluso con los habitáis? Se dirá que esta organización no es moralmente justificable, que sólo se puede ver en ella una supervivencia destinada a desaparecer. Se puede defender la tesis fácilmente. 

Es evidente que la educación de nuestros hijos no debería depender del azar que los hace nacer aquí o allá, de tales padres y no de tales otros. Pero aun cuando la conciencia moral de nuestro tiempo hubiera recibido en cuanto a este punto la satisfacción que espera, la educación no se volvería por ello más uniforme. Incluso en el caso en que la carrera de cada niño no estuviera más, en gran parte, predeterminada por una ciega herencia. En efecto; cada profesión constituye un medio sui generis que reclama aptitudes particulares y conocimientos especiales, en el que reinan ciertas ideas, ciertas prácticas, ciertas maneras de ver las cosas; y como el niño debe ser preparado en vista de la función que será llamado a cumplir, la educación, a partir de cierta edad, no puede seguir siendo la misma para todos los sujetos a los que se aplica. Por eso vemos que, en todos los países civilizados tiende cada vez más a diversificarse y a especializarse; y esta especialización se vuelve cada vez más precoz. La heterogeneidad que así se produce no se basa, como aquella cuya existencia comprobábamos hace un momento, sobre injustas desigualdades; pero no es menor. Para encontrar una educación absolutamente homogénea e igualitaria, habría que remontarse hasta las sociedades prehistóricas en el seno de las cuales no existe ninguna diferenciación. Pero sea cual sea la importancia de esas educaciones especiales, ellas no son toda la educación. Hasta se puede decir que ellas no se bastan a sí mismas; donde sea que se las observe, no divergen unas de las otras sino a partir de cierto punto antes del cual se confunden. Todas descansan sobre una base común.

No hay ningún pueblo en el que no exista cierto número de ideas, de sentimientos y de prácticas que la educación debe inculcar a todos los niños indistintamente, a cualquier categoría social que pertenezcan. Incluso allí donde la sociedad está dividida en castas cerradas las unas a las otras, hay siempre una religión común a todos, y, en consecuencia, los principios de la cultura religiosa. Si cada casta, cada familia tiene sus dioses especiales, hay divinidades generales que son reconocidas por todo el mundo y que todos los niños aprenden a adorar. Y como esas divinidades encarnan y personifican ciertos sentimientos, ciertas maneras de concebir el mundo y la vida, nadie puede ser iniciado en su culto sin contraer, al mismo tiempo, toda clase de hábitos mentales que sobrepasan la esfera de la vida puramente religiosa. De la misma manera, en la Edad Media, siervos, villanos, burgueses y nobles recibían igualmente una misma educación cristiana. ¡Si así sucede en sociedades en que la diversidad intelectual y moral alcanza ese grado de contraste, con cuánta mayor razón pasa lo mismo en pueblos más avanzados en que las clases, aun estando diferenciadas, están separadas sin embargo por un abismo menos profundo! Allí donde esos elementos comunes a toda educación no se expresan bajo la forma de símbolos religiosos, no dejan, pese a todo, de existir. En el curso de toda nuestra historia, se ha constituido todo un conjunto de ideas sobre la naturaleza humana, sobre la importancia respectiva de nuestras diferentes facultades, sobre el derecho y sobre el deber, sobre la sociedad, sobre el individuo, sobre el progreso, sobre la ciencia, sobre el arte, etc., que están en la base misma de nuestro espíritu nacional; toda educación, tanto la del rico como la del pobre, tanto la que conduce a las carreras liberales como la que prepara para las tareas industriales, tiene por objeto fijarlas en las conciencias.

 

Related Post