OTRAS CONSECUENCIAS DIDÁCTICAS PARA LA MEMORIZACIÓN Y LA EJERCITACIÓN

Para la enseñanza y todo el campo de la ejercitación todavía pueden extraerse otras consecuencias didácticas y metodológicas que comprenden la buena técnica y economía del aprendizaje tanto en la escuela como en la casa, y, además, la buena ejercitación.

  1. a) Sobre la economía del aprendizaje. La buena técnica de estudiar es un terreno lamentablemente poco cultivado en la escuela. El estudio ha de ser “económico”, eso es, ha de conducir a la meta deseada en el tiempo más breve, con los medios más sencillos y el menor esfuerzo. Esto significa que también debe trasmitirse al alumno esa buena técnica de estudiar y ejercitar. Sabemos cuántas horas interminables nuestros hijos luchan a veces en casa, impotentes, y sin mayor éxito, con temas y ejercicios, porque desconocen las reglas de la economía del estudio. Los padres, a menudo igualmente impotentes, se lamentan de ello. La escuela tiene el inexcusable deber de enseñar a los niños tempranamente un método de estudio adecuado y económico y de no dejar abandonada la manera de aprender y ejercitarse simplemente al trabajo en casa y por ende a un sinnúmero de contingencias.

Pertenecen a ello, por ejemplo, ciertas indicaciones y reglas de aprendizaje que deberíamos enseñar a los alumnos.

Señalamos algunas normas, según Engelmayer:

El buen repaso:

  1. No aprender todo a la vez y, forzosamente, en el último momento.
  2. Aprende a repartir tus tareas y a terminarlas a tiempo.
  3. Estudiar un tema cuidadosamente dos veces por día durante tres días surte mejor efecto que repetirlo ocho veces el último día. Economizarás fuerzas, estudiarás con mayor seguridad y evitarás el pánico de último momento.
  4. Cuando una vez supiste recitarlo de memoria, no dejes de repasar.
  5. Estudiar a media voz es estudiar mejor.

La buena elaboración mental:

  1. Estudia con reflexión, ordenando primeramente cada tema según su estructura y eliminando todas las vaguedades.
  2. Prepara un tema antes de acostarte, duerme con él y memorízalo al despertarte.
  3. Estudia con tranquilidad y concentración. Quien aprende rápido, rápido olvida.
  4. Busca un rincón tranquilo donde puedas estudiar en forma “total”. Necesitas la mitad del tiempo, te esfuerzas menos y retienes mejor.
  5. Si te sientes cansado o no estás del todo bien, cierra el libro, acuéstate y levántate una hora antes a la mañana siguiente. Verás cuán rápidamente terminarás, cómo se te ocurren sin dificultad las mejores ideas y cuánta alegría te producirá el trabajo.
  6. No te habitúes a estudiar en horas inadecuadas. Estudiar por la mañana y por la tarde es mejor que de noche.
  7. Termina siempre cada trabajo. Las tareas intercaladas perturban el desarrollo del aprendizaje.

Junto con este asesoramiento referido a la economía del buen estudiar y practicar es importante que esa técnica se ejercite concretamente. No basta indicarla; también en este caso, todo depende de que se despierten en el alumno los modos de trabajo y conducta. Horas de estudio y práctica en común, alegres pero concentradas, aplicando la buena técnica, distribuyendo convenientemente los temas, intercalando recreos y descansos, etc., todo esto puede ser muy valioso para el aprendizaje de los niños, servir de ejemplo, y quitar al estudio tradicional el carácter de carga que, sin estas indicaciones, siempre tiene para el niño desamparado en este terreno.

  1. b) Ningún aprendizaje carente de significación

Otras consecuencias importantes pueden darse para el aprendizaje escolar: Por importante que sea para la ejercitación de las habilidades el proceso de mecanización (porque constituye una condición imprescindible para la estructuración de la vida espiritual superior), en cuanto a los procesos de fijación de contenidos puede ser peligrosa, porque toda mecanización en la esfera espiritual representa al mismo tiempo un vaciamiento de significación. Lamentablemente no puede desconocerse que la memorización escolar en forma de repeticiones sucumbe muchas veces a este peligro. Citamos los siguientes ejemplos según Kroh: 

En aritmética se produce con frecuencia, a pesar de la comprensión cuidadosamente preparada de los problemas, y debido al efecto de la acumulación de ejercicios que le siguen, un creciente desprendimiento de esas “ligaduras significativas”, los ejercicios conducen a la mecanización y a la rutina. Cuando se presentan nuevos problemas que no caben en el esquema adquirido, el alumno tiene que fracasar. Ejemplos: problemas de fracciones, de regla de tres, etc.

La enseñanza de la historia corre el mismo peligro. Lo que de una labor didáctico histórica, comprensiva y esmerada, suele retenerse a medida que transcurre el tiempo, siendo fijado por medio de repasos cada vez más escasos, son, por lo general, hechos carentes de sentido, desprendidos de sus correlaciones originales, reduciéndose muchas veces a la indicación de meros nombres y fechas como contenidos aislados, que se han independizado en la conciencia del alumno. Si esos fragmentos se combinan con la conciencia de que no representan nada más que un saber “escolar”, entonces no debe sorprendernos el hecho de que esos recuerdos vacíos de significación se confundan y se olviden una vez que no se necesiten más en la vida.

Otro tanto puede decirse de las clases de religión. También en este caso, las repeticiones ulteriores se limitan a menudo a una reproducción puramente mecánica de temas memorizados, lo cual puede llegar al extremo, según enseña la experiencia, de que la misma se desarrolla sin inconvenientes únicamente si el alumno deja de pensar en el contenido de lo que está recitando. Estos ejemplos muestran a las claras cómo las relaciones significativas, penosamente establecidas en la enseñanza, se destruyen inconscientemente a través de las repeticiones. Hay que contrarrestar este peligro en la ejercitación escolar con todos los medios de que se disponga. M. Weise dice muy atinadamente: “Lo que el hombre ha practicado trata de permanecer en el estado en que lo practicó. La habilidad ejercitada hasta convertirse en hábito tiende a consolidar su configuración motriz. Si no influyen grandes fuerzas contrarias, será cada vez menos capaz de adaptarse a nuevas situaciones vitales. El hombre se petrifica, primeramente, en las formas específicas del saber, y al final en sus comportamientos generales… Ningún sector de la vida espiritual humana se libra del todo de ese proceso de mecanización progresiva. La expresión emotiva de la oración puede degenerar en un acto mecánico igual a las faenas siempre repetidas de la rutina diaria. El pedagogo se ve ante la ardua tarea de conjurar la influencia perniciosa del estudio repetido, sin renunciar a los efectos benéficos de una mecanización bien medida.”

 

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