
- a) Primeramente, algunas reflexiones generales:
- El significado y la esencia de toda ejercitación residen en la mecanización alcanzada de las actividades humanas. Lo que en un tiempo requería un esfuerzo consciente, que necesitaba de innumerables impulsos volitivos y decisiones, se va tornando inconsciente y automático a medida que progrese el ejercicio. Muchas veces sólo se precisa un leve estímulo para que la acción deseada se desencadene con absoluta seguridad. Las operaciones aritméticas de toda índole, las habilidades de leer y escribir son ejemplos clásicos. En virtud de ello, fuerzas, conciencia y voluntad quedan libres y a disposición para actividades espirituales superiores. Medítese un momento en todo lo que significa para nuestra existencia espiritual la libre disposición inconsciente de un aparato psicofísico mecanizado. ¡Cuán impotentes seríamos, por ejemplo, en el terreno del habla, si tuviésemos que realizar todos los actos mentales cada vez conscientemente y con un esfuerzo de voluntad!
- Una conservación permanente está garantizada, en el hombre, únicamente si el contenido significativo del acto de aprendizaje primitivo se mantiene a través de continuas repeticiones, es decir, si permanecen la necesidad de aprender, y, sobre todo, la comprensión de la necesidad, el éxito del aprendizaje y la recompensa en la aplicación. A medida que esos factores desaparezcan en el transcurso del tiempo, el repaso se va asemejando a una marcha en vacío de poca utilidad para desembocar en un mero “adiestramiento”.
La capacidad para retener contenidos de conciencia varía según el individuo y la edad. La capacidad del niño no es, como muchas veces se supone, mayor que la del adulto, sino distinta. Generalmente, el alumno supera al adulto en los procesos mnémicos mecánicos, ya por el solo hecho de que la continua memorización le confiere más práctica. No obstante, la memorización mecánica jamás podrá ser el objetivo de nuestra labor de repaso y ejercitación.
- A la retención se opone el olvido. En ambas esferas, tanto la de la fijación del saber cómo la de la ejercitación de habilidades, existe aquel gran proceso, en parte beneficioso y en parte deprimente, resumido bajo el concepto de “olvido”. El poder olvidar cosas indiferentes y faltas de importancia, para dar lugar a nuevos contenidos, es una gran ventaja de la naturaleza humana. Pero lo mismo se da también con respecto a la ejercitación de habilidades. El grado de práctica no permanece constante. Según la “ley del uso”, toda disposición humana se perfecciona con la ejercitación continua, pero también se debilita si no se la emplea. El “olvido”, como pérdida de práctica, es tanto mayor, cuanto menos esmerada haya sido la ejercitación. Un récord buscado sólo para el momento, se pierde con la misma rapidez, en tanto que un acrecentamiento paulatino y una distribución óptima sobre un lapso más largo ofrece una mayor garantía de retención prolongada. “Lo que se aprende rápido, pronto se olvida.”
- b) ¿Cuáles son las condiciones del buen aprender en cuanto al niño que estudia?
- buenos rendimientos de aprendizaje dependen de la frescura física, do un buen estado de salud y de la correspondiente capacidad de concentración. Cuando sobrevienen el cansancio, la distracción, la nerviosidad, el rendimiento decae rápidamente y la recuperación es difícil, por grandes que sean la diligencia y el esfuerzo de voluntad.
Do ello resulta la justa exigencia de intercalar en la enseñanza períodos de relajación entre otros de tensión concentrada. Mientras que el adulto alguno vez, en cumplimiento de su deber y bajo las exigencias del momento, puede prescindir del descanso reparador sin sufrir en seguida un daño en cuerpo y alma, parece ser perjudicial para el desarrollo del niño si después de horas do trabajo concentrado no puede disfrutar de sus recreos. Los rendimientos infantiles se producen como por arte de magia cuando las fuerzas están creciendo, o bien dejan de producirse cuando las fuerzas están decreciendo” (Klatt).
- Un buen aprendizaje es posible únicamente en un ambiente libre de perturbaciones que permite la concentración, el recogimiento íntimo y la atención. Más aún, sólo una atmósfera serena, alegre y emocionalmente agradable estimula el proceso del aprendizaje. Cuando los niños tienen que aprender por miedo, cuando señorean la coerción y la presión, cuando la burla y la ironía envenenan la atmósfera, el éxito del aprendizaje será siempre problemático. En cambio, cuando rigen el estímulo y aliento, la apreciación del niño como compañero de aprendizaje, la desenvoltura y la libertad ínti.ma, entonces aumentan los éxitos del aprendizaje.
- Un buen aprendizaje depende de la disposición y voluntad de aprender. Un aprendizaje consciente requiere atención y concentración. Más vale estudiar breve y concentradamente que durante mucho tiempo sin concentración. El niño es, de por sí, un ser ávido de aprender. Quiere aprender, quiere conquistar el mundo por el saber y dominarlo intelectualmente. Por supuesto sólo quiere adquirir aquellos elementos y fuerzas que, por una necesidad real, un sentimiento de comprensión, se le aparecen como necesario y convenientes. Y esos contenidos quiere adquirirlos en forma activa, no pasiva.
- c) ¿Cuáles son las leyes que permitan llevar a cabo el proceso de aprendizaje en forma racional y económica?
Por tanto, dedicaremos toda nuestra atención, desde el primero hasta cl último momento, a la comprensión del contenido. Lo que debo aprenderse, primeramente, tiene que ser comprendido con toda claridad. Lo que sólo so aprende exterior y mecánicamente no perdura, porque la falta do sentido global no apoya la reproducción ni da ayuda alguna.


