FORMAS CORRECTAS DE EJERCITACIÓN

  1. a) La ejercitación placentera: Se trata, pues, de llevar a la enseñanza todo lo que sea posible de ese placer en la ejercitación, de esa alegría en el hacer y obrar. Aquí yacen, más aún que en lo puramente metódico, los verdaderos manantiales y energías de la ejercitación viva. Lo decisivo es la fuerza de los motivos genuinos, que se originan en el estrato pulsional biológico (necesidad de moverse, impulso lúdicro, deseo de figurar, afán de saber) o en el de los objetivos y planes espirituales. Si logramos, en nuestros ejercicios escolares, despertar y conservar el placer en la actividad, entonces todo está ganado. Incluso las formas de ejercitación meramente mecánicas pueden entonces llegar a ser sorprendentemente placenteras para nuestros alumnos. El maestro perspicaz tratará, pues, de ejercitar las habilidades deseadas en forma cada vez distinta de ejercicios placenteros. cuán variada puede ser, por ejemplo, la ejercitación de la lectura! (Lectura individual, en voz alta, en voz baja, distribuyendo los papeles, en grupos, como concurso, en función de lector ante la clase, de “inspector”, de ayudante escolar, de juez, etc.). 

¡Y cuán interminables y tediosas pueden ser las horas en que la clase tiene que leer una y otra vez trozos archiconocidos! El alumno no supo articular una palabra… Vacilante tomó su cuaderno de música y se lo presentó al hombre. Con un dedo entonó las primeras notas de una melodía, dirigiendo una mirada interrogante al muchacho; éste asintió con la cabeza y en seguida tocó alegremente la melodía. ¡Otra vez!  dijo el maestro. Knecht repitió la melodía y el anciano le acompañó con una segunda voz. A dos voces sonó entonces la vieja canción en la pequeña sala. iOtra vezl Knecht obedeció, y el maestro tocó una segunda y tercera voz. jOtra vezl Y el maestro acompañó con tres voces. iQué linda canción! dijo el maestro en voz baja. ¡Ahora tócala en registro de contralto! Knecht así lo hizo, el maestro le había indicado la primera nota y le acompañó con las otras tres voces. Y siempre de nuevo dijo el viejo: Otra vez Y cada vez son más alegre. Knecht toco la melodía en registro de tenor, acompañado siempre de dos o tres voces. Muchas veces tocaron la canción, ya no tenían que ponerse de acuerdo, y con cada repetición la canción era más rica en adornos y arabescos. La pequeña habitación escueta, iluminada por la temprana luz de la mañana, resonó festivamente…”. ¿Qué nos muestra este ejemplo poético? La música significa para el alumno una actividad sumamente placentera. El estímulo del maestro, la integración del ejercicio en un hacer común bien motivado, la alegría que le causa el reconocimiento del maestro, entusiasman al muchacho. El continuo “otra vez” muestra cuán incesantemente se exige la repetición: “Es suficiente ahora? Knecht movió la cabeza en señal de negación y comenzó de nuevo …”.

  1. b) Otros incentivos: la emulación

Pero no siempre la alegría del hacer, por sí sola, podrá ser el único motivo del ejercicio escolar. Muchos ejercicios son sentidos por el alumno como un deber y una imposición, y no como satisfacción de una inclinación. Cálculos mentales, escritura, ejercicios idiomáticos y estilísticos, etc., sólo en casos excepcionales los haría el niño espontáneamente. Aquí está, en su lugar didáctico el motivo de rendimiento. La tendencia a la actividad y al juego, el deseo de figurar y la emulación pueden aprovecharse, dentro de estrechos límites, para la ejercitación y la fijación. Entonces no es la cosa en sí la que induce al alumno a ejercitarse, sino el juego con la cosa, la performance demostrable en comparación con otros, el juego mental de competencia dentro de la clase, sexos y grupos. El alumno sano quiere medir sus fuerzas con otros; los niños quieren mostrar quién sabe leer’ mejor, calcular y razonar más rápido y quieren recibir el reconocimiento exterior. Si nos tomamos la pequeña molestia de quitar, por ejemplo, al ejercicio de lectura, por medio de la verificación a modo de competencia, su sabor muchas veces amargo, entonces podemos aumentar inmensamente el placer de los niños.

Así, los “concursos de lectura” (ejercicios de lectura segura, fluida, pero también expresiva, con la clase en función de “arbitro”) son las clases más solicitadas aún en el octavo año escolar, siempre que el orden exterior de distribución de asientos indique la hazaña realizada. Lo mismo puede decirse en cuanto a las clases de aritmética: Cuán variados pueden ser los concursos en este material (El calculador más rápido, más seguro, más ingenioso, el método más sencillo, el mayor número de métodos posibles, además los “cálculos en cadena”, “cálculos de relevo”, individuales y en grupo, competencias entre las filas, los sexos, las edades y hasta entre maestro y alumno.) |Qué plétora de posibilidades: alumnos contra alumnos, alumnos contra el maestro, el alumno como ayudante y maestro. Por supuesto que la competencia y el despertamiento de la ambición por las formas de ejercicios tienen sus límites bien notorios. Porque no es la cosa en sí, la habilidad como tal, la que confiere sus atractivos al juego, sino el rendimiento demostrado por medio de la cosa. Por consiguiente, si se acentúa en exceso el carácter de competencia en el ejercicio, entonces se crea una ambición malsana y sobre todo un egoísmo de grupo, peligroso para la convivencia, que tiende a excluir a los compañeros débiles. El maestro ha de estar alerta para contrarrestar a tiempo los peligros reconocidos.

 

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