
Como último de los principios generales señalamos el de la adecuación al niño y su desarrollo, tan esencial para la didáctica moderna. Sin embargo, como aún veremos, precisamente detrás de este principio se esconde una serie de preocupaciones especiales que suelen resumirse bajo el concepto general de una enseñanza “adecuada al niño”.
- a) En términos generales, este principio de adecuación al niño y su desarrollo significa la consideración de las disposiciones psíquico espirituales, del nivel de desarrollo del alumno, de su psiquismo y de sus peculiaridades individuales y típicas de la edad, en fin, la consideración de la psicología del niño como sujeto de formación. El niño no es ni adulto, ni un adulto en miniatura. Pero tampoco podemos trabajar, hoy en día, con “una imagen fantásticamente simplificada del alumno a quien se le trata, conforme a regla, tal como uno quiera que resulte”, del modo en que la pedagogía tradicional creía poder hacerlo. En oposición a ello, la psicología infantil moderna enseña que “el niño es, en los distintos niveles de edad, un ser sui generis que sólo debe valorarse de acuerdo con puntos de vista propios. Se puede comparar, es cierto, el niño con el adulto, en cuanto a ciertas propiedades, pero nunca puede tomarse el uno como norma para medir al otro”.
- b) El concepto de adecuación al niño y su desarrollo es un concepto psicológico: la psicología general nos revela ciertos aspectos de la estructura del proceso de formación que pueden cobrar también importancia para la didáctica; la psicología evolutiva e infantil muestra los grados del desarrollo infantil en su crecimiento psíquico espiritual; la psicología pedagógica nos hace conocer la psicología de las materias de formación. Mas en todas estas disciplinas interviene el concepto de adecuación al niño. En su conjunto confieren una imagen del niño y sus peculiaridades psíquicas, imagen que luego será la base de las medidas didácticas que se adoptarán. La exposición de los resultados, aun sólo de los más importantes, de la psicología moderna especializada, no puede ser tarea de una didáctica. Pero s aquí nos abstenemos, por eso, de presentar las bases psicológicas de la labor didáctica, ello no significa, de manera alguna, que desconozcamos la importancia y necesidad de un conocimiento cabal de las premisas psíquicas. No podemos imaginar ninguna enseñanza fructífera que no esté basada en un sólido saber psicológico, tal como lo confiere especialmente la psicología infantil y pedagógica. |Cuántas veces nuestra enseñanza es demasiado “elevada”, es decir por encima de las cabezas de nuestros alumnos, y cuántas veces cometemos el error opuesto, aburriendo a los niños por haber subestimado su nivel evolutivo. Por supuesto, a esos conocimientos científicos debe agregarse un saber empírico adquirido en el contacto con los niños. Pero esto depende de la compenetración pedagógica y experiencia práctica del maestro. Quien vive con los niños, experimenta y siente qué y cómo piensan; también experimenta la índole distinta de In vida psíquica infantil. Llega a conocer, con el tiempo, sus inclinaciones y deseos, sus intereses y valoraciones. Ese conocimiento no lo adquiere tanto por preguntas y respuestas, sino más bien por una amorosa observación de las expresiones infantiles. Por la postura y la expresión del rostro, por gestos y ademanes llega a interpretar los signos de un interés atento o fluctuante, de una comprensión lograda o no lograda. Llegar a comprender y leer ese lenguaje para sacar conclusiones didácticas con el fin de determinar el nivel de la enseñanza, es un gran arte didáctico. Generalmente se necesita una prolongada experiencia profesional para adquirirlo.
- c) Dentro del margen de nuestras consideraciones nos interesan pues solamente las consecuencias didácticas que han de derivarse, para la labor formativa de la escuela primaria, del conocimiento de las bases psicológicas. Las reflexiones hechas hasta ahora ya nos revelan que existen dos problemáticas, que naturalmente se tocan en muchas partes y hasta se sobreponen, pero que en la práctica escolar deben separarse porque a menudo pueden conducir a tipos formativos enteramente diversos y hasta a diferentes organizaciones didácticas:
- Debemos enseñar “conforme al nivel”, vale decir, acertar en cada clase el nivel evolutivo correspondiente y actuar conforme a las peculiaridades tipológicas de cada edad, sin que por eso se tenga presente, siempre y por doquier, y en todos sus alcances, las disposiciones y características individuales de cada niño.
- Debemos considerar la individualidad de cada niño, o sea, corresponder, también dentro de la escuela normalmente articulada o de una enseñanza organizada ad hoc, a las peculiaridades, disposiciones, rendimientos, etc., de cada alumno. Esta es, sin duda, una exigencia mucho más extensa, desde el punto de vista didáctico, y que ha de considerarse como fruto del pensamiento didáctico actual. Se nos presenta hoy bajo el concepto de “diferenciación intrínseca” y de “individualización” en la enseñanza.



