
Quien observe el desarrollo humano, de la infancia a la edad adulta, se impresiona con dos aspectos diferentes del crecimiento. Uno es el aspecto biológico, mediante el cual los alimentos y el agua son convertidos en huesos y músculos y el organismo infantil crece y se transforma en organismo del adulto. El cuerpo infantil crece de acuerdo con un proyecto o plan de desenvolvimiento físico que se halla presente en las dos células germinales de que proviene y se desarrolla el niño; y, hablando en términos generales, todo lo que por añadidura necesita el niño para transformarse en adulto son factores tales como una nutrición adecuada, abrigo suficiente y protección contra las enfermedades serias.
El segundo aspecto del crecimiento se refiere a la personalidad social. La mente y la personalidad se desenvuelven, no de acuerdo con un plan ya presenté en las células germinales, sino de acuerdo con la experiencia social del niño a medida que crece. Aun cuando la mente y la personalidad exigen una base física (un cuerpo, un cerebro y un sistema nervioso), la forma que adoptan los rasgos personales y sociales que surgen depende primordialmente de lo que el niño aprende y de las formas de interacción que lo unen con las personas que viven a su alrededor; en resumen, de lo que experimenta en el terreno de la interacción social.
La diferencia esencial entre el desarrollo biológico y el social puede aclararse tal vez si preguntamos: “Cómo se comportaría un niño si nunca hubiese sido influido por otras personas?” No podemos dar una respuesta definitiva a esta pregunta, es claro, puesto que los seres humanos morirían prontamente en su primera infancia si no fuesen cuidados por los demás. Por eso rara vez podemos observar comportamientos que no hayan sido influidos por alguien. Aun así, existen algunas pruebas que conducen a la conclusión de que muy poco del comportamiento que consideramos verdaderamente “humano” se desarrollaría en el caso de un niño que se criara aislado de la sociedad. En los últimos siglos, se sabe, por ejemplo, de un cierto número de casos estudiados en varias partes del mundo. De niños ferinos o salvajes, que se habían perdido o habían sido robados cuando apenas acababan de nacer, y que fueron redescubiertos después de haber, presumiblemente. Vergüenza a causa de su filiación ilegitima, fueron apartados de informaciones disponibles sobre tales niños fueron presentadas por conocemos los efectos de la herencia en tales casos ni tampoco cuáles habían sido las experiencias reales de esos niños antes de ser descubiertos. No obstante, hay acuerdo general en que esos niños, que habían crecido aislados dé la sociedad, carecían de los habituales intereses y sentimientos humanos y la mayoría de ellos (aunque no todos) fracasaron en la tarea de desarrollarse mentalmente más allá del nivel infantil después de haber sido puestos en contacto con otras personas. Existe un caso bien documentado, en el cual, gracias a una dirección cauta y cuidadosa, se pudo superar la falta de una temprana socialización y se pudo lograr que el niño llegase a ser un ser “humano”.
Este caso ha sido publicado por el sociólogo Kingsley Davis: una niña, Isabel, fue descubierta en noviembre de 1938.y.a juzgar por sus apariencias, se estimó que debía tener aproximadamente 6 años y medio de edad. Era una niña ilegítima que había sido mantenida en aislamiento por ese motivo. Su madre era sordomuda y pasaba con su hija Isabel la mayor parte de su tiempo en una pieza oscura. separadas del resto de la familia. Como resultado de ello, Isabel no tuvo oportunidad de aprender a hablar y se comunicaba con su madre por medio de gestos. La primera vez que fue observada por profesionales, su comportamiento fue descrito como el de un animal salvaje. Demostraba gran temor y hostilidad; y en vez de lenguaje, sólo producía un extraño sonido gutural. Al principio fue difícil cerciorarse aun de si podía oír o no, ya que muchas de sus acciones se parecían a las de los niños sordos. Se pensó que era débil mental, y la impresión general fue que era completamente indudable. No obstante, los individuos que estuvieron a cargo de Isabel la retiraron de su hogar y emprendieron un programa de educación. “La comunicación tuvo que hacerse con ayuda de pantomimas y dramatizaciones adecuadas a un niño. Se necesitó una semana de esfuerzo intenso antes de que pu diera hacer su primer intento de vocalización. Gradualmente empezó a responder, y después que las primeras fallas fueron finalmente superadas, ocurrió algo curioso. Atravesó las etapas del aprendizaje características de los años que median entre el 19 y el 69,7dez que el niño normal. Poco más de dos meses después de su prima tarde podía ya identificar palabras y oraciones en una página impresa, escribía bien, era capaz de sumar hasta diez y podía relatar una historia después de haberla oído. Siete meses después de este punto tenía un vocabulario de 1.500 a 2.000 palabras y comenzaba a formular complicadas preguntas. Partiendo de un nivel educativo de entre uno y tres años, había alcanzado un nivel normal al llegar a los ocho años y medio de edad.



