Agentes y métodos de socialización

 

La socialización del individuo es realizada por diversos agentes de la sociedad. Los grupos sociales en que el niño se transforma en adulto socializado velan por ella, y aman, recompensan, castigan y educan. Los principales agentes de la socialización en la vida del niño son: la familia, el grupo de los compañeros, la escuela, la iglesia, las organizaciones juveniles, las diversas instituciones políticas y económicas de la comunidad y los medios de divulgación colectiva, tales como la radio y la televisión. En el proceso de socialización no existen solamente variados agentes que actúan sobre el niño, sino que hay también varios métodos de educación social, diversas maneras de aprender y de educar. La primera es el método general del premio y del castigo. El niño que es reprendido por no usar correctamente su cubierto al comer está siendo socializado por medio del castigo; cuando es elogiado por estar comiendo con el tenedor, está siendo socializado mediante el premio. Los premios y castigos se hacen más sutiles y más indirectos a medida que el niño va creciendo, pero continúan siendo de varios tipos. El premio puede tener la forma de cosas materiales, como, por ejemplo, cuando se da al niño un pedazo de dulce, a otro una bicicleta, o a un adulto un salario elevado; también puede tomar la forma de aprobación social, como cuando el niño es besado por su madre, el adolescente elogiado por un amigo, o cuando el patrón demuestra confianza en su empleado; muchas veces toma la forma de elevación de status y de prestigio para el individuo, como en el caso del niño a quien se dice que ya está “bastante crecido” para atravesar solo una calle o en el del adolescente que encuentra trabajo y siente que se transforma en adulto.

De la misma manera, hay castigos de varios tipos. Hay castigos corporales, como cuando el padre da palmadas al niño por estar portándose mal, o cuando un compañero expulsa a otro que ha invadido sus dominios. Las restricciones físicas o sociales son formas poderosas de castigo: el padre que encierra a su hijo en un cuarto; el profesor que retiene al niño en el colegio después de terminadas las clases; los muchachos que impiden a un compañero sentarse con ellos a la mesa del comedor; un adulto que no es convidado a una fiesta. Los castigos a veces consisten en quitar a una persona alguna cosa que ella estima: el juguete que es arrebatado de las manos del niño, el padre que amenaza con dejar de amar o de aprobar al hijo, el adulto que es multado por desobedecer las señales del tránsito. Aun cuando ciertas formas de premio y castigo se consideran indeseables, el método general es eficaz y, a lo menos en sus aspectos más útiles, obra continuamente en la vida diaria para ajustar la conducta de los individuos jóvenes o viejos y para enseñarles a comportarse en la forma que requieren las expectativas sociales.

Una segunda forma de educación social toma el aspecto de enseñanza, como cuando se proporcionan al individuo algunas informaciones o se le enseña “lo que” debe hacer o “cómo” debe hacerlo. Éste es un método de narración o explicación y, aun cuando sea observado con más frecuencia en las salas de clase, se presenta también en otras situaciones sociales. Los predicadores religiosos, los profesores, los padres, los compañeros, los jefes, así como los anunciadores de televisión, todos usan siempre el método didáctico. Así, el padre enseña al hijo a clavar un clavo diciendo: toma el martillo con la mano derecha y el clavo con la izquierda; profesor dice: la letra “I” es más alta que la letra “e” y deben escribirla de tal manera que no se confunda con ella robar; y la Una tercera forma de educación social, muchas veces relacionada íntimamente con la segunda, es la imitación. En sus primeros años de vida, el niño aprende de un modo natural que la vida resulta más compensadora y más interesante si y experimentadas a quienes ama y respeta: los padres o los heredero y experiencia y a las cuales le unen íntimos lazos emocionales. Este hábito se forma y se repite tantas veces que se torna inconsciente; funciona sin el conocimiento del niño. La imitación se relaciona íntimamente con el proceso de identificación, por medio del cual el niño trata de ser como las personas que ama o admira. Imita, consciente e inconscientemente, su conducta; adopta las mismas actitudes, valores e ideales. Comúnmente, la identificación comienza con los miembros de la familia, donde los padres son tomados como modelos. Con el tiempo, el niño escoge otros modelos para su comportamiento: profesores, sacerdotes, jefes, un niño mayor; más tarde imita a personas que se hallan fuera de su ambiente inmediato, imaginarias o reales, del pasado o del presente, tales como los ídolos del cine, las figuras históricas. En general, son tomadas como modelo las personas que el niño o el adolescente admira o que tienen prestigio ante sus ojos. Gran parte de lo que el niño aprende se logra mediante la imitación inconsciente y la identificación. Es probable que los padres, profesores o demás adultos hagan todavía menos uso de estos procesos en el planeamiento de las experiencias sociales de los niños y adolescentes, de lo que podrían. En muchas situaciones de aprendicito, podría muy bien utilizarse la tendencia del niño a imitar o a identificarse con las personas admiradas que encuentra a situación inconsciente y de identificación ocurren con tanta frecuencia presentarse como en cualquier otro lugar.

 

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